Ahorro

El pequeño cambio en tus bombillas que puede reducir hasta un 80% el consumo en iluminación

Bombilla incandescente, halógena y LED. Telecinco.es
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Cambiar una bombilla parece una decisión trivial, pero no lo es. Es, de hecho, una de las pocas intervenciones domésticas que tienen retorno económico garantizado, que se hace además visible desde la siguiente factura y sin necesidad de realizar una inversión importante. A pesar de ello, sigue habiendo muchos hogares en España en los que conviven bombillas de distintas generaciones y tecnologías, con diferencias de consumo que pueden llegar al 80% entre una y otra.

El punto de partida para llegar a esta conclusión es importante. Aunque la iluminación no es el gasto más grande de la factura eléctrica de un hogar, su peso no es precisamente anecdótico. Según el IDAE, la iluminación supone el 4,1% del gasto anual en electricidad de una vivienda, lo que equivale a unos 410 kWh. Teniendo en cuenta lo que la iluminación consume en una vivienda, reducir el consumo de luz debería ser una de las preocupaciones recurrentes en todos los hogares. 

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La diferencia entre una bombilla incandescente y una LED

Una bombilla LED de 8 o 10 vatios puede ofrecer la misma luminosidad que una incandescente de 60 vatios, consumiendo hasta un 80% menos de energía. Además, su vida útil puede superar las 15.000 horas. Según datos de la OCU, una bombilla LED consume únicamente entre 3 y 12 vatios para generar una iluminación equivalente a la de una bombilla tradicional de 60 vatios. Esto tiene una implicación directa: con la misma cantidad de luz, se realiza una fracción del consumo energético. 

Por otro lado estarían las bombillas halógenas, que fueron el sustituto más habitual de las incandescentes antes de que llegaran las LED, y que también presentan una diferencia notable. Las bombillas LED consumen en torno a un 80% menos que los modelos halógenos.

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Si traducimos esto al bolsillo, es decir, a los euros de ahorro, es importante primero conocer el número de bombillas y las horas de uso. Por ejemplo, si a lo largo del año, se tienen 10 bombillas encendidas 4 horas al día, el ahorro puede superar los 30 euros anuales por bombilla.

Y si se quiere rizar el rizo, se puede intentar afinar aún más y elegir con cuidado dentro de la propia gama LED. Dentro de las propias LED, elegir una clase A frente a una clase G puede suponer hasta 110 euros de diferencia en una década. Aunque la bombilla más eficiente pueda costar algo más a la hora de pasar por caja, a la larga compensa por su menor consumo. 

En lo que hay que fijarse al comprar bombillas

Desde septiembre de 2021, la escala energética de las bombillas en Europa va de la A, con máxima eficiencia, a la G, con mínima eficiencia. Las antiguas categorías A+, A++ y A+++ desaparecieron porque habían perdido su capacidad discriminatoria: casi todo parecía eficiente. La nueva escala es más exigente. Hace unos años casi ninguna bombilla alcanzaba las clases superiores. Hoy ya existen muchas LED con calificación A, lo que permite ahorrar de forma real y medible. Para maximizar el ahorro, conviene elegir bombillas con buena clasificación energética, ajustar la potencia a cada estancia y aprovechar la luz natural.

El dato que hay que buscar en la etiqueta es el consumo expresado en kWh por cada 1.000 horas de uso. Este número permite comparar cualquier bombilla con cualquier otra de forma objetiva, independientemente de las afirmaciones del packaging.

Además, el ahorro de una bombilla LED no se queda en la factura de la luz, sino que también se nota en la frecuencia con la que hay que reponerla. Las bombillas LED pueden durar hasta 100.000 horas frente a las 8.000 de las halógenas, lo que equivale a más de una década de vida útil. 

En definitiva, una bombilla LED puede ser más cara en el punto de venta, pero puede suponer un coste total por hora de uso muy inferior al de una halógena más barata que hay que reponer con frecuencia. El pequeño cambio, en definitiva, es el que más renta a largo plazo.