Ventanas, persianas y ventilación: el truco sencillo para mantener la casa fresca sin gastar más electricidad
Persianas bajadas, ventanas cerradas y ventilación cruzada, una coreografía diaria que sirve para pasar menos calor al caer la noche
Programar el aire acondicionado: el truco que muchos olvidan y que puede ahorrar hasta 100 euros al verano
Hay una escena que se repite cada verano. Llegar a casa a las cuatro de la tarde, encontrarse el salón convertido en un horno, bajar el termostato del aire acondicionado a diecinueve grados y confiar en que en veinte minutos esté resuelto el problema. Una estrategia tan poco útil como cara.
Existe, sin embargo, una alternativa que no requiere gastar un euro adicional, funciona antes de que llegue el pico térmico y descansa exclusivamente en gestos elementales aprendidos en las casas de nuestros abuelos. Se trata de una coreografía diaria entre persianas bajadas, ventanas cerradas y ventilación cruzada al caer la noche.
La regla de oro
El propio IDAE, dentro de sus recomendaciones oficiales de ahorro energético en hogares, fija el protocolo con claridad meridiana: en verano conviene abrir las ventanas por la noche o a primera hora de la mañana para aprovechar las horas más frescas, mantenerlas cerradas y con las persianas bajadas durante las horas centrales del día, y utilizar un ventilador, preferentemente de techo, antes que recurrir al aire acondicionado.
La sensación térmica que produce el movimiento del aire equivale a un descenso de la temperatura entre tres y cinco grados, y el consumo eléctrico del ventilador es muy bajo. En total, puede llegar a reducirse hasta el 10% del consumo energético total del hogar solo con estos gestos.
Los siete grados que separan el salón del infierno
El simple gesto de bajar una persiana a mediodía puede evitar que el salón gane hasta siete grados de temperatura. Limitar la entrada de luz solar durante el día permite que la temperatura interior disminuya entre cinco y siete grados. El horario indicado para mantener las persianas bajadas entre las 12:00 y las 18:00, especialmente en aquellas fachadas orientadas al sur y al oeste.
Un toldo bien instalado puede reducir hasta seis grados la temperatura de la propia fachada, mientras que las cortinas térmicas bloquean hasta un 30% del calor procedente del exterior y las láminas solares adheridas al cristal reducen la radiación solar hasta en un ochenta por ciento en ventanas orientadas al sur y al oeste. Al fin y al cabo, cerca del 30% de las pérdidas energéticas de un hogar se producen a través de ventanas y cierres mal sellados. Un burlete en el marco puede costar dos euros. La factura de agosto, bastante más.
La importancia de la ventilación cruzada
La segunda mitad del truco es nocturna. Una vez que la temperatura exterior desciende por debajo de la interior, lo que en la mayor parte del territorio español ocurre a partir de las 21:00 o las 22:00, conviene abrir ventanas en fachadas opuestas de la vivienda para generar ventilación cruzada. El aire fresco entra por una y desplaza el caliente por la otra.
La combinación con el ventilador multiplica este efecto sin encender el aire, aunque es importante que, en verano, las aspas giren en sentido antihorario para empujar el aire fresco hacia abajo y generar una sensación de brisa característica. El truco casero más económico y difundido, el de poner hielo delante del ventilador, tiene incluso base física, ya que colocar un recipiente con cubitos o botellas congeladas ante el ventilador crea un principio de refrigeración evaporativa que reduce la temperatura del aire circulante sin necesidad de ningún climatizador portátil.
El color de la persiana también importa
Un detalle poco conocido: las persianas blancas o metalizadas reflejan mucho más la radiación solar que las oscuras. Sustituir una persiana oscura por una clara acompañada de cortinas gruesas o térmicas duplica el efecto de bloqueo térmico. Un toldo colocado en un balcón puede reducir hasta un treinta por ciento la entrada de calor a la vivienda. Y quien viva en un ático, insiste la misma fuente, no debería considerar estas medidas como opcionales: en la última planta el impacto térmico del sol directo sobre la cubierta puede ser determinante.
Fregar el suelo, la técnica de la abuela
Una técnica tan antigua como olvidada, que combina el sentido común mediterráneo con la termodinámica elemental: fregar el suelo con agua fría al atardecer. La evaporación posterior enfría el aire próximo al suelo, y el aire frío, al ser más denso, permanece más tiempo en las zonas bajas de la habitación. La misma lógica sostiene otro truco: colocar una sábana húmeda ante la ventana cuando entra algo de brisa nocturna. El aire que penetra en la vivienda pasa a través del tejido humedecido y se enfría por evaporación antes de dispersarse por la estancia.