Su medio queso de Idiazabal, campeón en Ordizia, se vendió por 5.400 euros al restaurante El Vaskito de Donostia
Caos en Ordizia: 1.500 ovejas rodean a vecinos en terrazas y obligan a proteger a un bebé en pleno centro
Vitoria-GasteizHan pasado unas horas desde que el pastor alavés Unai Lekuona Ruiz de Luzuriaga se proclamara ganador de la 53 edición del Concurso de Queso Idiazabal de Ordizia y desde que su medio queso se vendiera por, ni más ni menos, que 5.400 euros al restaurante El Vaskito de Donostia y, en ese breve lapso de tiempo, su vida ya ha vuelto a sus cauces habituales, es decir, a su quesería de Araia (Álava) y a su rebaño de ovejas. Una rutina solo rota por las llamadas de los medios de comunicación y por las felicitaciones de sus vecinos.
Mientras despacha quesos, admite que ganar en Ordizia fue “una sorpresa” y que, fue fruto de una carambola del azar. Sí, porque según admite, “fue un error” el que le llevó a presentar a concurso el queso que finalmente ganó.
“Habíamos elegido uno ahumado, que en Ordizia parece que gustan más, pero no se puede repetir y ese ya habíamos presentado a otro certamen”, cuenta, así que en el último momento, dieron el cambiazo por este “queso de marzo, cremoso, equilibrado y con gusto a cuajo de cordero”. Y llegó el premio.
En este trabajo, no hay horarios ni vacaciones, aunque “esta es la época en la que tenemos menos carga de trabajo”, admite. En solo unas semanas, las 500 ovejas de Unai, que pastan desde julio en la Sierra de Entzia, regresarán a Araia y comenzarán los partos, el ordeño y el proceso de elaboración de los quesos, “arrancamos a mediados de noviembre y estamos haciendo queso hasta finales de junio”.
Solo con sus 500 ovejas
En la tarea le echan una mano “los de casa”, aunque este pastor trabaja “solo”, lo hace porque le gusta, “es muy vocacional” y porque lo lleva en la sangre. Sus antepasados también eran pastores y aunque el oficio se saltó una generación, la de sus padres, él tomó el testigo de sus abuelos y bisabuelos que se ganaban la vida en el campo, con el pastoreo y los quesos.
Mientras que en otras zonas, los pastores no quitan ojo al lobo, en Araia y la zona en la que pasta su rebaño, Unai anda más pendiente de las previsiones meteorológicas. Los calores extremos de este verano y la sequía son para sus animales la principal amenaza. El agua escasea y la comida también. Así, mientras que antes las ovejas se alimentaban de julio a noviembre de pasto y zarzas, exclusivamente, “llevamos un tiempo subiéndoles pienso por la tardes”, porque, según dice, “está todo arrasado”.
La sequía que ha azotado el País Vasco este verano se ha convertido en un quebradero de cabeza para los pastores, de hecho, la denominación de origen Idiazabal teme que la producción este año se desplome y augura que podemos estar ante el peor de los últimos diez años. La sequía y el encarecimiento del forraje ahoga a este sector.
Unai interrumpe la conversación porque un cliente espera, en su quesería ,para hacerse con uno de sus preciados quesos, pero tiene aun tiempo de aclarar que, pese a las vicisitudes, esta es la vida que ha elegido: “Más que un oficio es una manera de vivir, en la que siempre hay que estar detrás de las ovejas”, dice con satisfacción.

