Diana Jiménez, psicóloga, sobre qué hacer cuando aparecen los celos entre hermanos: "No podemos forzar a que se quieran"
Diana Jiménez, psicóloga y psicoterapeuta, acaba de publicar 'Mamá, ¿por qué tengo celos?', un cuento para explicar los celos entre hermanos
Elisa Molina, maestra de educación infantil y coach familiar: "Las relaciones entre hermanos son el primer laboratorio social que tienen los niños"
En el ideal de los padres, lo mejor sería que sus hijos se quisieran y no se pelearan nunca. Sin embargo, sabemos que eso es bastante complicado, porque en la convivencia siempre surgen fricciones y, entre hermanos, suele haber competitividad y celos. Ya en el relato más antiguo del mundo, en el 'Génesis', vemos un ejemplo que ha perdurado por los siglos y que ha calado en la memoria colectiva de todos. Los hijos de Adán y Eva, los primeros seres humanos que habitaron la Tierra, según la Biblia, muestran esta rivalidad. Son los celos de Caín a Adán los que terminan con la muerte de este último. Pero hay muchos más relatos cercanos e infantiles como 'El Rey León' y casos reales, de rabiosa actualidad, como la relación infructuosa entre el Príncipe William y el Príncipe Harry, o los hermanos de Oasis.
Muchos expertos señalan que la mala o buena relación entre hermanos la determinan la educación de los padres y cómo estos son capaces de dirigir sus conductas. ¿Hay que mediar en las peleas? ¿Es muy complicado conseguir una relación colaborativa entre ellos? ¿Qué hacemos cuando aparecen los celos?
Los celos son una de las emociones más frecuentes —y a la vez más difíciles— en los primeros años de vida. A veces los niños y niñas se enfadan e incluso expresan abiertamente que no quieren tener hermanos, pero hay que saber que los celos no son malos, solo necesitan ser entendidos y acompañados. Eso es lo que intenta explica, con un enfoque educativo y muy visual, la psicóloga y psicoterapeuta de familia, Diana Jiménez, en su tercer cuento 'Mamá, ¿por qué tengo celos?' (Penguin Random House Grupo Editorial, 2026) en el que ayuda a poner palabras a lo que sienten los niños y a reforzar su seguridad emocional. En él permite a pequeños y mayores hablar sobre el amor, los vínculos y el lugar que cada uno ocupa en la familia, gracias también a las ilustraciones de Sara Mateos. Hemos hablado con Diana para intentar entender cómo deben los padres enfocar la aparición de los celos y entender cómo se manifiestan.
Pregunta: ¿Cómo les explicamos a los niños qué son los celos y por qué los sienten?
Respuesta: Primero de todo trasmitir calma y empatia. Los celos son una emoción que aparece cuando sentimos miedo a perder el cariño o la atención de alguien importante para nosotros. Son un indicador de que esa persona nos importa y del miedo que sentimos porque esa persona deje de querernos. Es normal que a los niños les cueste identificarlos porque aún no tienen el vocabulario emocional desarrollado. Lo que sienten es intenso y confuso y muchas veces los adultos no sabemos poner en palabras a eso que les pasa, o aún peor, lo vemos como algo negativo a evitar o negar “no puedes tener celos de tu hermanito, tienes que quererle mucho”. Es clave explicarles que no son malos por sentir celos, que es normal sentirlos, lo que significan y que los celos no les definen, solo les informan de que necesitan seguridad. Todos los sentimos alguna vez, también los adultos. Al hacer esto, normalizamos la emoción, bajamos la culpa y abrimos la puerta a trabajarla.
P: La llegada de un hermano: ¿cómo suelen vivirla los niños?
P: Curiosamente los adultos hacemos todo lo posible para que los celos no aparezcan, somos nosotros los que sin darnos cuenta, complicamos esta emoción normal, pasajera, momentánea, que nos avisa de que nuestro primer hijo necesita ser visto. Por eso, aunque haya ilusión, para muchos niños supone un desconcierto, no saben muy bien qué pasa, sólo que su mundo cambia de golpe. Les decimos eso de “vas a tener un hermanito, le vas a querer mucho, vas a tener con quién jugar…”. Pero la realidad es que cuando el hermano nace, nosotros tenemos menos tiempo para atenderle, le pedimos que espere, que no haga ruido porque despierta al hermano, que no podemos ir al parque porque el hermanito tiene que comer, que tiene que bañarse solo porque él ya es mayor… Y lo que acaba sintiendo es que todo “lo malo” que le pasa es por culpa de ese ser diminuto que ha llegado a casa a complicar todo su mundo. Con lo bien que iba todo siendo tres…
En ese momento, suelen aparecer emociones como miedo a dejar de ser importantes, tristeza o enfado, confusión (“antes era solo para mí y ahora no”) y amor mezclado con rechazo hacia el hermano.También viven cambios reales como menos atención individual, más normas y límites y padres cansados o menos disponibles emocionalmente.
"Si lo pensamos, bien acompañados, los celos ayudan a desarrollar empatía, seguridad emocional y habilidades sociales"
P: ¿Cómo se manifiestan los celos? ¿Qué ves en consulta?
R: Las manifestaciones son tan variadas como niños hay en el mundo, pero, generalmente, podemos ver muestras en el comportamiento que nos dan la pista de que algo está pasando. Puede haber retrocesos, deseos de “devolver” al hermano, sentir que no son suficientes… porque si lo fueran, papá y mamá no habrían traído a otro niño. Todo esto desde el prisma de un niño, aún pequeño, que no entiende muy bien qué está pasando. En definitiva puede verse como:
- Retrocesos evolutivos (volver a hacerse pis, pedir chupete o hablar como bebé).
- Más rabietas o conductas desafiantes.
- Llamadas de atención constantes.
- Rechazo al hermano o, al contrario, una sobreprotección excesiva.
- Quejas físicas (dolor de barriga, de cabeza).
- Cambios en el sueño o en el apetito.
P: Entonces, ¿se pueden evitar los celos o son saludables?
R: No se pueden evitar, ni conviene hacerlo. Porque los celos son normales, esperables y una oportunidad de aprendizaje emocional. Lo que sí que podemos es evitar que se cronifiquen, que se conviertan en una rivalidad constante y que se gestionen desde la culpa o el castigo. Si lo pensamos, bien acompañados, los celos ayudan a desarrollar empatía, seguridad emocional y habilidades sociales.
P: ¿Cómo podemos ayudar a transformar los celos? ¿Es posible una relación sana entre hermanos?
R: Sí, es posible, pero no nace sola, se construye. A veces los padres sin darnos cuenta avivamos la llama de la rivalidad entre hermanos. Con la mejor de las intencioens quieren darles a todos lo mismo, por igual, olvidando que cada hijo es único y tiene unas necesidades concretas y esas son las que hay que cubrir.
Algunas claves que pueden ayudarles:
- Validar la emoción antes de corregir la conducta.
- Evitar comparaciones (“tu hermano no hace esto”).
- Crear momentos exclusivos con cada hijo.
- Nombrar lo que sienten cuando ellos no saben hacerlo.
- Fomentar la colaboración, no la competencia.
- Recordar que el amor no se reparte, se multiplica.
Y lo más importante, no podemos obligar o forzar a que los hermanos se quieran, sí a que se respeten, a que puedan convivir y a fomentar que ese cariño vaya surgiendo poco a poco.
P: ¿Los padres deben revisar su propia historia con los hermanos para poder conseguir una buena relación entre sus hijos?
R: A veces esto ocurre sin realmente proponérnoslo. En nuestros hijos solemos ver características de nuestros hermanos, normalmente, las que no nos gustan y las que nos llevan a saltar las alarmas. Muchas veces, sin darnos cuenta repetimos patrones vividos en nuestra infancia, nos posicionamos como “el justo” o “el mediador” y proyectamos heridas no resueltas. Por eso a veces toca en la edad adulta trabajar lo que no se sanó en la infancia y esto se consigue revisando nuestra historia fraterna, identificando favoritismos, comparaciones o roles. Y, sobre todo, aprendiendo a no intervenir desde el pasado, sino desde el presente. Sabiendo que sanar nuestra historia ayuda a no cargar a los hijos con ella.
P: ¿Y si es el pequeño el que tiene celos del mayor?
R: Sí, esto también ocurre, y es más común de lo que parece. Esto se explica con la metáfora del trozo del pastel (idea extraida de Jane Nelsen, autora de la Disciplina Positiva). Cuando un niño llega a una familia tiene a su disposición un pastel entero, y suele llevarse un trozo que coincide con las características que más valoran los padres: responsabilidad, no defraudar… El segundo, hermano siguiente sólo tiene dos opciones, o coge otro trozo de pastel con otras características o compite con las que el hermano se llevó. En este caso, el pequeño puede sentir que nunca llegará a “estar a la altura”, que el mayor tiene más privilegios, que siempre va detrás. Por eso será importante evitar frases como “cuando seas mayor…”, no colocar al mayor como modelo constante, respetar los tiempos y capacidades de cada uno y dar espacio a que el pequeño tenga su propio lugar.