Una experta explica cómo identificar la dislexia en niños: “El riesgo es que el menor empiece a pensar que no es capaz”
Irene Hernández Martínez, docente con formación específica sobre dislexia, da las claves para identificarla en niños
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MadridDurante décadas, los estudiantes con dislexia han soportado un profundo estigma dentro del entorno escolar debido al desconocimiento sobre este tipo de dificultad específica del aprendizaje. En los últimos años, el reconocimiento y la detección del problema en menores ha ayudado mucho para avanzar en sus soluciones, pero aún queda mucho camino por recorrer.
Se estima que el 10% de la población en España sufre dislexia, lo que supone que más de 4,6millones de españoles y 800.000 niños en las aulas tienen la dificultad específica de aprendizaje más común. Pero solo el 33% de los niños con dislexia reciben la atención profesional necesaria por lo que el fracaso escolar suele estar muy relacionado, según datos recogidos por Federación Plataforma Dislexia.
La dislexia es la alteración de la capacidad de leer por la que se confunden o altera el orden de las letras, sílabas o palabras, teniendo un origen neurobiológico.
En 'Informativos Telecinco' hemos contado con la experta Irene Hernández Martínez, docente con formación específica sobre dislexia y enseñanza del inglés, quien nos ha dado las claves para identificar la dislexia en niños de edad escolar.
La experta afirma que se fija “en un patrón persistente” en el niño que, pese a expresarse y entender de forma orla todo con normalidad “cuando tienen que leer o escribir lo hace con mucho esfuerzo, lentitud y con errores que no encajan con su capacidad en general”.
La clave es el desajuste, “lo que puede demostrar hablando vs. lo que consigue por escrito”.
“Muchas veces lo primero que notas no es la dificultad técnica, sino el cansancio. Ese agotamiento desproporcionado por algo que a otros compañeros les sale de forma más automática”, es entonces cuando “conviene mirar con calma, observar al alumno en clase y evaluar bien”.
¿Cuáles son las primeras señales de alerta?
Cuando veo que le cuesta automatizar lo básico como asociar sonidos con letras, leer con fluidez o escribir sin agotarse.
También me fijo en señales como: lectura lenta, con pausas y mucha autocorrección. Ortografía muy costosa (escribe como suena en inglés, sobre todo), sustitución de letras, lee una palabra que nada tiene que ver con la escrita, omite letras, las refleja, dificultad para recordar secuencias (días, meses, instrucciones de varios pasos), la organización de tiempo (las horas), mucha fatiga, frustración o evitación de tareas con texto, y por supuesto, la memoria pobre de trabajo.
En los primeros cursos solemos ver dificultades para automatizar la lectura, para reconocer patrones en las palabras o para recordar secuencias.
"Lo que más me hace prestar atención no es solo el error académico, es la reacción emocional"
Pero, sinceramente, lo que más me hace prestar atención no es solo el error académico, es la reacción emocional. Cuando un niño empieza a decir ‘es que soy malo en esto’ o evita leer en voz alta, ahí hay algo que merece acompañamiento. La clave no es alarmarse, sino observar la persistencia de la dificultad.
¿Qué consecuencias puede tener una dislexia no detectada ni tratada a tiempo?
Lo veo como un efecto dominó. No es solo que baje la nota, es que el niño se pasa años esforzándose el doble para conseguir la mitad, y eso puede terminar en: baja autoestima y desmotivación, ansiedad, bloqueos o evitación, menos lectura y, por tanto, menos vocabulario y menos acceso a contenidos, conflicto familiar por deberes y sensación de fracaso continuo.
En asignaturas como el inglés, por ejemplo, donde la ortografía es irregular y menos transparente que en español, el bloqueo puede ser mayor si no se trabaja con un enfoque y método adecuado como el método DEA. No porque no puedan, sino porque el método no siempre está adaptado a su forma de aprender.
"El riesgo es que el niño empiece a construir una historia sobre sí mismo que no es real. Empieza a pensar que no es capaz"
Cuando no se detecta, el problema no es solo que baje una nota. El riesgo es que el niño empiece a construir una historia sobre sí mismo que no es real. Empieza a pensar que no es capaz, que siempre va por detrás o que el aprendizaje no es un lugar seguro. Y eso pesa mucho más que cualquier examen.
¿En qué medida influye la detección precoz?
Para mí influye muchísimo. Cuando detecto pronto, puedo intervenir antes de que el niño se etiquete a sí mismo como “incapaz”. La detección precoz me permite:
- Ajustar la enseñanza y la evaluación con justicia
- Reducir el desgaste emocional
- Trabajar la lectura y la ortografía con estrategias eficaces
- Mantener la motivación y la confianza
En definitiva, darle herramientas y estrategias para que ese niño no sufra porque aprender no tiene que doler y no tienen por qué pasarlo mal en clase, en el colegio o en el instituto. Es otro camino el que tienen que tomar, que los llevará al mismo sitio, pero a su manera.
La detección precoz no es poner una etiqueta es poner una explicación lógica.
¿Se conocen las causas o factores de riesgo?
Sabemos que tiene una base neurobiológica y que muchas veces hay antecedentes familiares. Pero es importante repetir algo que yo veo a diario, no tiene que ver con falta de esfuerzo ni con que en casa no se haya estimulado lo suficiente ni con desinterés.
Lo que sí puede variar es cómo de visible se hace según el entorno. Un buen método puede amortiguar el impacto y un mal método lo amplifica. Eso libera a muchas familias de una culpa que no les corresponde.
¿Existen características comunes en las personas con dislexia?
A nivel lector, sí hay patrones comunes, como dificultades en la automatización, dificultades en precisión y fluidez lectora, ortografía muy costosa y poco automática, más carga cognitiva cuando leen o escriben, cansancio rápido ante tareas con mucho texto o alterada la memoria a corto plazo para la comprensión lectora. Pero me gusta no quedarme solo en la dificultad.
"La dislexia no define la inteligencia ni el potencial de una persona"
También veo niños con una gran capacidad de razonamiento, lógica, creatividad, pensamiento global. La dislexia no define la inteligencia ni el potencial de una persona.
Lo que sí puede marcar la diferencia es cómo se acompaña esa dificultad.
¿La dislexia puede superarse o compensarse?
La dislexia no desaparece, pero sí se puede aprender a gestionarla y compensarla. Con un trabajo estructurado y progresivo, el alumno puede avanzar, automatizar procesos y, sobre todo, recuperar seguridad.
No se trata de hacer más, se trata de hacerlo de otra manera. Cuando el enfoque es el adecuado, el avance llega.
¿Qué diferencias hay entre tener diagnóstico y apoyo, frente a no tenerlo?
La diferencia más grande es la tranquilidad del niño y de las familias.
Con diagnóstico y apoyo, el niño entiende lo que le ocurre y el entorno sabe cómo actuar. Sin diagnóstico, muchas veces se le atribuyen etiquetas injustas: “vago”, “despistado”, “poco trabajador”. Eso es lo que realmente deja huella.
¿Qué recomendaciones ofrecería a los padres?
No conviertan los deberes en una guerra; que valoren el esfuerzo real, no solo el resultado, que pidan adaptaciones sin culpa, no es bajar nivel, es cambiar el camino. Que cuiden el sueño, la rutina y el estado emocional (el cerebro aprende peor con estrés) y que celebren avances pequeños pero constantes.
Mi frase guía: 'Tu hijo no es el problema. El problema es el método cuando no se adapta’.
¿Qué juegos o estrategias pueden ayudar?
Todo lo que trabaje la conciencia de los sonidos de forma lúdica ayuda: juegos de rimas, segmentar palabras, manipular sílabas.
También funcionan muy bien las propuestas multisensoriales donde el niño ve, escuchan y toca lo que está aprendiendo.
En el caso del inglés, es especialmente importante no basarlo solo en memoria visual, sino en comprensión de cómo funciona la lengua. Cuando entienden la lógica interna, disminuye el bloqueo.
"El problema no es que estos niños no puedan aprender. El problema es cuando intentamos que aprendan de una única manera"
Cuando cambiamos el enfoque, cambia la experiencia. Y cuando cambia la experiencia, cambia la historia que ese niño construye sobre sí mismo. Y eso es lo verdaderamente importante.