El asentamiento de la playa del Trampolín de Ceuta se multiplica y ya supera las 80 chozas
La playa del Trampolín de Ceuta ha experimentado en apenas seis días un aumento de los asentamientos
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La playa del Trampolín de Ceuta ha experimentado en apenas seis días una transformación que evidencia hasta qué punto se está prolongando la permanencia de los inmigrantes en este enclave de la ciudad autónoma: de las 14 o 15 chozas del pasado domingo se ha pasado a más de 80.
El asentamiento improvisado que comenzó a levantarse como una solución de emergencia ante la falta de espacio en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) presenta ya una imagen muy diferente a la de hace menos de una semana.
La proliferación de construcciones ha sido tal que el arenal se asemeja cada vez más a un poblado improvisado, en el que cada nueva choza supone un paso más hacia la consolidación de una situación que inicialmente se planteó como provisional.
Así son las chozas construidas
Las estructuras están levantadas fundamentalmente con cañas recogidas en el entorno, que sirven para construir los pilares y el armazón de las pequeñas cabañas. Sobre esa estructura se colocan hojas, más cañas, plásticos y cartones para cerrar las paredes y generar un espacio de sombra y protección frente a las condiciones meteorológicas.
No existe un modelo único. El tamaño de las chozas depende del número de personas que las ocupan y pueden encontrarse construcciones con capacidad para cuatro o seis personas junto a otras en las que pueden dormir hasta quince inmigrantes. La variedad de dimensiones refleja también la organización que, poco a poco, se ha ido generando entre quienes permanecen en la playa.
La evolución resulta especialmente llamativa si se compara con la situación descrita el pasado 9 de agosto. Entonces se contabilizaban alrededor de una veintena de chozas en el arenal. Seis días después, las construcciones se han multiplicado hasta superar ampliamente el medio centenar y aproximarse al centenar.
El centro de acogida sigue saturado y bajo mínimos
El fenómeno no responde únicamente a la necesidad de disponer de un lugar donde pasar la noche. La propia configuración de las chozas evidencia que sus ocupantes están adaptando el espacio para una estancia que se prolonga en el tiempo, con lugares donde dormir, guardar sus pertenencias y resguardarse del sol.
La improvisación inicial está dando paso a una distribución cada vez más reconocible del asentamiento. La mayoría de las personas que permanecen actualmente en el Trampolín son de origen subsahariano y marroquí, aunque también hay grupos de ciudadanos yemeníes y, en menor proporción, argelinos. En total, la playa acoge a alrededor de 1.500 inmigrantes, según las estimaciones de la Policía manejadas en los últimos días.
La situación tiene su origen en la presión migratoria registrada en Ceuta y, especialmente, en la entrada masiva del pasado 30 de julio, que elevó de forma extraordinaria el número de personas que permanecen en la ciudad sin posibilidad de ser acogidas en un CETI que se encuentra sobresaturado.
Para atender las necesidades más básicas de quienes permanecen en la playa se han instalado baños, duchas, puntos de agua, iluminación y una zona de sombra. Cruz Roja mantiene además el reparto diario de alimentos y la atención sanitaria, mientras los servicios policiales realizan labores de vigilancia y control en el entorno.
Muchos ciudadanos han asumido las tareas de limpieza
También continúa la iniciativa de un grupo de ciudadanos sudaneses que ha asumido voluntariamente tareas de limpieza en la zona. Alrededor de 150 personas de esta nacionalidad se habían organizado para recoger residuos y contribuir al mantenimiento de un espacio que, aunque nació como una solución temporal, se ha convertido para ellos en un lugar de residencia.
La imagen de las decenas de chozas extendidas sobre la arena es ahora uno de los ejemplos más visibles de cómo la crisis migratoria ha obligado a habilitar espacios que nunca fueron concebidos para acoger a cientos de personas durante días.
Lo que hace menos de una semana era un pequeño conjunto de refugios improvisados amenaza con convertirse en un asentamiento de mayores dimensiones si no se encuentra una solución para aliviar la presión migratoria y facilitar la salida de estas personas de Ceuta.
En apenas seis días, el Trampolín ha pasado así de contar con unas pocas construcciones levantadas con cañas a presentar un paisaje salpicado por decenas de cabañas. Una evolución que convierte la playa en el reflejo más evidente de una emergencia que, lejos de desaparecer, sigue dejando su huella sobre el litoral ceutí.