Dietas

Azahara Nieto, nutricionista: "Ni la dieta détox ni la antiinflamatoria existen como tal, hay mucha información errónea"

Azahara Nieto, nutricionista. Secomecomosevive
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Una dieta tras otra y nada, no se consigue ese ansiado número en la báscula... Pero, ¿realmente existe ese peso ideal o cada uno deberíamos pensar en nuestra salud y en lo que nuestro necesita? Es difícil, porque la publicidad y los patrones sociales son cada vez más estrictos, pero se puede. Azahara Nieto es nutricionista clínica graduada en Nutrición (UCM), máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria (UEM) y está especializada en alimentación vegetariana y vegana (INCS), además es la fundadora de la consulta online 'Se come como se vive' y acaba de publicar un libro muy relacionado con la cultura de las dietas, 'La culpa no engorda' (EDICIONES B, 2025).

Como explica en esta entrevista en exclusiva a la web de Informativos Telecinco, quiere desmontar algunos mitos relacionados con el peso y las dietas, acercándonos a una nutrición que va más allá de contar calorías o de seguir estripctos planes de alimentación, alejada de los estereotipos, la presión estética y el modelo pesocentrista que invisibiliza otras formas de bienestar.

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Pregunta: Cuentas en tu libro 'La culpa engorda' que tú no buscaste ser nutricionista. ¿Qué te empujó a dedicarte a ello? ¿Tuvo tu experiencia propia algo que ver?

Respuesta: Yo ni siquiera sabía que existía la carrera de Nutrición. Empecé estudiando Medicina, pero tampoco era algo especialmente vocacional. Tenía muy buenas notas y pensé que era lo que “tocaba” hacer. Después atravesé una depresión y un cambio vital importante, y fue entonces cuando decidí pasarme a Nutrición. Tenía créditos convalidados de la carrera anterior y quise aprovecharlos. Y esa es, en realidad, toda la historia. No hay nada romántico en mi elección de Nutrición, ni tampoco una motivación personal concreta detrás. Simplemente fue el camino que tomé en ese momento.

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P: ¿Qué papel debe tener una nutricionista o en qué ha derivado la profesión hoy en día? ¿Va más allá de las dietas y entra algo más en la psicología, verdad?

R: Creo que ahora también estamos viendo que los nutricionistas podemos dedicarnos a mucho más que a “hacer dietas”. Hoy en día hay nutrición asociada prácticamente a cada especialidad médica: nutrición pediátrica, hospitalaria, oncológica… en muchísimos ámbitos. En mi caso, como me dedico a la educación nutricional y, especialmente, con trastornos de la conducta alimentaria, es imprescindible mirar un poco más allá. Detrás de estos procesos hay mucho sufrimiento, y eso exige tacto, empatía y una forma de acompañar que vaya más allá de lo puramente técnico.

No soy psicóloga, por supuesto, pero sí creo que es necesario tener determinadas habilidades para trabajar con este tipo de trastornos. No se trata de “hacer psicología”, sino de entender que la psicología y la nutrición pueden convivir perfectamente y complementarse dentro de estos tratamientos.

P: ¿Qué partes de nuestro cuerpo generan más culpa? ¿Por qué engordar genera ese sentimiento de culpa?

R: Es importante entender que nadie nace odiando su cuerpo. Ninguna niña o niño tiene una mala percepción corporal. Esa mirada crítica se aprende, y muchas veces se aprende muy pronto, a través de los adultos que les rodean y, en muchas ocasiones, del propio entorno familiar, cuando se señalan partes del cuerpo que “hay que vigilar” o “cambiar”. Eso acaba convirtiéndose en un talón de Aquiles que acompaña durante toda la vida. Además, sobre las mujeres existe una presión estética brutal. Cada parte de nuestro cuerpo está observada y juzgada al milímetro. En ese contexto, la culpa con la comida juega un papel fundamental. De hecho, en consulta utilizaba mucho la expresión “la culpa engorda” para trabajar precisamente esa culpa: la culpa de comer, de no encajar, de vivir en una cultura de dieta que no nos permite alimentarnos con libertad y que nos empuja constantemente a intentar modificar nuestro cuerpo.

Todo ello bajo la promesa de que, cuando alcancemos ese cuerpo ideal —un cuerpo que en realidad no llega nunca—, entonces podremos estar tranquilas. Pero esa promesa es falsa, porque si se cumpliera no podría sostenerse toda una industria basada en la insatisfacción corporal de las mujeres. Decir que “la culpa engorda” era, en el fondo, una manera de transmitir a mis pacientes que no, que el problema no está en ellas, y que deshacerse de la culpa es una parte fundamental del proceso.

P: ¿Qué pilares tiene la cultura de la dieta y cómo hay que desmontarlos?

R: La cultura de la dieta engloba todos aquellos comportamientos y actitudes que tienen como objetivo la delgadez, independientemente de cómo se alcance, y que la promueven como ideal. A través de esta cultura se normalizan y se fomentan las dietas restrictivas, se criminalizan los cuerpos gordos y se patologizan, como si el tamaño corporal fuera en sí mismo un problema de salud.

Además, la cultura de la dieta también se reproduce a través de elementos aparentemente cotidianos, como la ropa de talla única, que refuerza la idea de que existe un único modelo de cuerpo válido al que todas las personas deberían adaptarse. También con las fotos de antes y después, que marcan un cuerpo que está “bien” y otro que “debía corregirse”. Creo que una de las cosas más importantes es cambiar el lenguaje. En general, tenemos una forma de hablar de los cuerpos en la que se comenta y se juzga constantemente el aspecto físico, y una manera de relacionarnos con la comida cargada de una categoría moral: alimentos “buenos” o “malos”, en función, muchas veces, de si ayudan o no a adelgazar.

"Ser mujer es, en sí mismo, un factor de riesgo para desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria"

P: Entonces, ¿qué deberíamos dejar de hacer en este sentido?

R: Pues, sobre todo, deberíamos dejar de hablar de calorías como eje central, de vigilar permanentemente lo que comemos, de buscar el ejercicio únicamente con el objetivo de perder peso, y empezar a fomentar hábitos de salud reales, que no estén ligados al castigo ni al control del cuerpo. También es fundamental valorar la diversidad corporal. Dejar de señalar y de patologizar la gordura. Una persona gorda no le debe salud a nadie, ni tiene que justificar su cuerpo. Además, es necesario alejarnos de ese enfoque pesocentrista de la salud, porque lo único que hace es invisibilizar otros indicadores importantes, generar estigma y, en muchos casos, empeorar la salud física y mental de las personas.

P: ¿Qué perspectiva te dio trabajar con personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)?

R: Trabajar con personas con trastornos de la conducta alimentaria me mostró de una forma muy brutal que la comida, en realidad, solo es un medio. La comida casi nunca es el problema; es un lenguaje. Una manera de expresar lo que no se puede decir de otra forma y, en muchos casos, una estrategia de supervivencia frente al trauma y al sufrimiento. Eso fue lo que realmente empezó a interesarme: todo lo que hay detrás. Cómo, a través de la alimentación, las personas pueden transformar su vida, no porque cambien lo que comen, sino porque cambian la relación con su cuerpo y consigo mismas.

Además, este trabajo también reforzó y radicalizó mi posicionamiento feminista y mi decisión de abandonar un enfoque pesocentrista de la salud. Porque ser mujer es, en sí mismo, un factor de riesgo para desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. Y no por una cuestión individual, sino porque estamos expuestas de forma constante a una presión estética brutal: nuestros cuerpos están permanentemente vigilados y se nos enseña a convertirlos en nuestra carta de presentación, en una forma de ser válidas, de ser elegidas.

Todo esto me cambió por completo la perspectiva. Por eso lucho para que las mujeres puedan tener una alimentación que sea suficiente, completa y saludable, pero, sobre todo, libre. Libre de la cultura de la dieta y de normas impuestas que tienen mucho más que ver con cánones estéticos que con salud real.

P: Hablas de las dietas detox y de las antiinflamatorias, Instagram está lleno de propuestas de este tipo. ¿Qué promueven que para ti es erróneo?

R: Al final, tanto la llamada dieta “detox” como la dieta “antiinflamatoria” son otra forma más en la que se cuela y se reproduce la cultura de la dieta. En el caso de la dieta detox, no tiene ningún sentido desde el punto de vista fisiológico. La función de desintoxicación ya la realizan perfectamente órganos como el hígado, los pulmones y también la piel. No necesitamos ninguna dieta especial —que además suele basarse en batidos y ser muy baja en calorías— para “eliminar toxinas”. Si existieran sustancias tóxicas en el organismo, esos órganos ya se encargan de ejercer esa función de drenaje y eliminación.

P: ¿Y la dieta antiinflamatoria?

R: La llamada dieta antiinflamatoria, como tal, tampoco existe. Lo que se ha hecho es tomar algunas características antioxidantes de la dieta mediterránea y llevarlas a versiones cada vez más restrictivas. En muchas de ellas se eliminan el gluten, los lácteos o las legumbres, construyendo pautas que no tienen sentido a nivel nutricional. Los lácteos no son inflamatorios y el gluten, por sí mismo, tampoco lo es en personas que no presentan una patología específica.

Además, este tipo de dietas suelen ir acompañadas de una gran cantidad de suplementos, lo que acaba generando una mayor obsesión por la comida. Lejos de mejorar la salud, muchas personas terminan mal alimentadas y con una relación cada vez más rígida y problemática con la alimentación.

P: También hablas del real fooding, ¿por qué hay personas que desarrollan una mala relación con la comida con este tipo de alimentación?

R: Sí, el real fooding también puede convertirse en una vía para desarrollar una mala relación con la comida. Aunque surge con una intención que, en principio, podría parecer positiva, su origen no es algo nuevo ni exclusivo de los últimos años. El problema es que aquello que parte de una idea aparentemente saludable puede transformarse fácilmente en una obsesión. Muchas personas empiezan a vigilar de forma constante lo que comen, estableciendo márgenes muy rígidos entre lo que es “bueno” y lo que es “malo”. Además, suele adoptar posiciones muy radicales: esto es correcto, esto no lo es, y si no lo ves así es porque “no has abierto los ojos”. Este planteamiento acaba generando culpa cuando se consumen alimentos que no encajan dentro de lo considerado real food. Y ahí es donde la alimentación empieza a ocupar demasiado espacio mental, cuando en realidad no debería ser así. Comer no debería ser una fuente constante de control, culpa o preocupación, sino una parte más de la vida.

P: ¿Qué puede hacer una persona que va de dieta en dieta? ¿Qué está pasando y por qué se cronifica?

R: A una persona que va de dieta en dieta le propondría que se detuviera a reflexionar. Si sigue haciendo dietas una tras otra y no funciona, quizá sea el momento de plantearse trabajar en otros aspectos. Muchas veces, desde que comenzó, probablemente pese más que al inicio, y si ninguna de esas dietas le ha dado resultado, eso ya es un indicio claro de que algo no está funcionando.

El problema de las dietas es que prometen algo que en realidad no existe: la idea de que, si me esfuerzo lo suficiente, podré alcanzar un “cuerpo ideal” a través de la alimentación y el ejercicio. La realidad es que ese cuerpo no existe. Normalmente, la dinámica es siempre la misma: se hace una dieta, se pierde algo de peso durante un tiempo —a menudo con más ansiedad—, se intenta mantener, pero tras un periodo de restricción se recupera el peso, y entonces se comienza otra dieta. Al final, la dieta da una sensación falsa de control: “si hago dieta, estoy cuidando mi salud; si no, soy descuidada”.

En estos casos, lo que propongo es trabajar desde un marco de alimentación intuitiva, sin dietas ni restricciones. Esto no significa que no se vayan a cuidar, sino que no pasarán hambre, no estarán contando calorías constantemente, y podrán desarrollar una relación sana con la comida. Su alimentación será nutritiva, equilibrada y, sobre todo, dejarán de vivir con culpa u obsesión por comer, porque no estarán pensando en comida todo el tiempo.

P: ¿Qué es tener una buena relación con la comida?

R: Tener una buena relación con la comida significa, en primer lugar, mantener una relación neutra con ella. Entender que la comida es necesaria: nos nutre, nos da energía y nos permite estar bien, y que cuidarnos a través de la alimentación es solo una de las muchas formas de cuidar nuestra salud. Al mismo tiempo, la comida también puede y debe ser una fuente de disfrute. Significa no categorizar los alimentos como “buenos” o “malos”, no sentir culpa por comer ciertos alimentos, no tener alimentos prohibidos y no sentir que hay que compensar lo que se ha comido. También implica que el deporte no se utilice como una herramienta de restricción, sino que sea una parte más del cuidado del cuerpo y del bienestar general.

P: ¿Cómo crees que se da los primeros pasos?

R: En cuanto a los primeros pasos para empezar a construir esta relación saludable con la comida, yo diría que hay que observar cómo hablamos de la comida. Si usamos términos como “bueno”, “malo”, “supercalórico” o “guarradas”, empezar a reemplazarlos por un lenguaje más neutro, nombrando los alimentos por su nombre. Cuestionar los mitos y la información que tenemos. Trabajar con una nutricionista puede ayudar a verificar si lo que creemos sobre alimentación es cierto o es simplemente información errónea o confusa. En la actualidad, hay mucha información disponible, pero también mucha información incorrecta, y esto genera ansiedad y confusión.