Andrea Klimowitz, experta en meditación: "Con el tiempo he entendido que esta práctica no consiste en no pensar”
¿Te ha pasado alguna vez que has intentado meditar pero no puedes porque tu mente se llena de pensamientos intrusivos? Es normal, así lo explica esta experta en meditación
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Puede ser que al echar un vistazo en el Instagram de Andrea Klimowitz nos pensemos que su vida ha sido todo paz y calma, pero no es así. Cuando sus padres se separaron pasó a ser hija única a la mayor de cinco hermanos -llevándose con la más pequeña 17 años de diferencia-. Mientras estudiaba Psicología, estuvo trabajando en McDonald's, donde siempre dice que aprendió más del comportamiento humano que en toda la carrera universitaria. Tras terminarla, se marchó a Berlín en busca de trabajo, allí terminó decidiendo que lo suyo no era el marketing para marcharse de voluntaria a Tanzania. Estando allí, le dieron la peor de las noticias: su padre había fallecido con tan solo 55 años. Decidió entonces perderse por el mundo, y su viaje interior la llevó a Estados Unidos donde montó un catering de paellas. Se llamaba Oso Fino, en honor a su padre. Paralelamente, siguió investigando sobre la conducta humana y no dejaba de practicar yoga y meditación. Creó Quantum para ayudar a otras personas, y más adelante, 'La Llave', un podcast y un libro -que publica este mes de marzo la editorial Vergara- en el que aporta una guía práctica y accesible para iniciarte en la meditación desde cero. A través de diez pasos claros, Andrea Klimowitz —psicóloga y experta en meditación— te acompaña en un viaje hacia el autoconocimiento, la calma mental y una mayor conciencia. Charlamos con ella para aprender más sobre todo aquello que nos impide introducir esta práctica milenaria en nuestras vidas y cuyos beneficios están avalados por la ciencia.
Pregunta: ¿Cuál es el trabajo de una 'coach transpersonal'? ¿Qué acompañamiento ofreces?
Respuesta: El 'coaching transpersonal' trabaja con la persona de forma integral: mente, emociones, creencias profundas y sentido de vida. No se centra sólo en resolver un problema puntual, sino en comprender qué patrones internos están creando determinadas experiencias. En mi trabajo acompaño a las personas a tomar conciencia de cómo funciona su mente —especialmente la mente subconsciente— y cómo influyen sus creencias, su narrativa interna y su sistema nervioso en su bienestar y en sus decisiones. Utilizo herramientas como la meditación, el trabajo con creencias, la regulación emocional o la reflexión guiada para que la persona pueda entenderse mejor y empezar a vivir desde un lugar más consciente.
P: ¿Qué resistencias sueles ver en personas que quieren empezar a meditar pero no lo consiguen?
R: La resistencia más común es creer que meditar significa dejar la mente en blanco. Cuando las personas se sientan y ven que siguen teniendo pensamientos, sienten que lo están haciendo mal y abandonan. Otra resistencia muy habitual es la incomodidad con el silencio. Estamos tan acostumbrados a estímulos constantes que, cuando aparece el silencio, también aparecen pensamientos o emociones que normalmente evitamos. Y por último, la impaciencia. Vivimos en una cultura muy orientada al resultado inmediato, pero la meditación funciona más como un entrenamiento que como una solución instantánea.
P: ¿Qué principales barreras suelen surgir cuando uno empieza a meditar?
R: Los tres obstáculos más frecuentes son la frustración por los pensamientos. En realidad, la mente está haciendo lo que siempre hace: pensar. La práctica consiste precisamente en aprender a observar esos pensamientos sin quedar atrapados en ellos. También suelen tener problemas con la expectativa de relajación inmediata. A veces al empezar a meditar aparece más ruido mental porque por primera vez estamos prestándole atención. Y, por último, la falta de hábito. Sin una pequeña estructura diaria, es fácil que la práctica se quede en algo esporádico. Muchas personas abandonan porque creen que no están “meditando bien”, cuando en realidad lo que están experimentando es completamente normal.
P: ¿Hay fases para implantar la meditación en tu vida? ¿Cuándo se considera que está implantada y normalmente qué periodo de tiempo se necesita?
R: Al principio hay una fase de descubrimiento, donde la persona se familiariza con la práctica y con lo que ocurre en su mente. Después suele aparecer una fase de resistencia: cuesta encontrar el momento, la mente parece más activa y surgen dudas sobre si merece la pena. La tercera fase es cuando la práctica empieza a integrarse en la rutina diaria. La persona ya no medita sólo cuando “tiene tiempo”, sino que entiende que es un espacio necesario para su bienestar mental (¡y que puede hacerlo en cualquier lugar y a cualquier hora!). En general, cuando se practica con cierta regularidad durante unas semanas o meses, la meditación deja de sentirse como una tarea y empieza a convertirse en un hábito natural.
P: ¿Cómo se aprende a meditar? ¿Cómo lo hiciste tú?
R: La meditación se aprende practicando con mucho amor y mucha paciencia, pero también es importante entender la teoría para saber qué está ocurriendo en la mente. En mi caso, al principio tenía muchas ideas equivocadas sobre lo que significaba meditar. Pensaba que debía controlar la mente o eliminar los pensamientos. Con el tiempo entendí que la práctica consiste más bien en observar la mente con distancia y cultivar una atención más consciente. Cuando comprendí esto, la meditación dejó de ser una lucha y empezó a convertirse en un espacio de claridad. Cuando estuve en Asia, Vipassana me ayudó mucho a darme cuenta de todos estos procesos. Fue, sin duda, una de las experiencias más duras de mi vida. Son retiros de meditación en silencio, normalmente de diez días, que forman parte de una tradición de meditación con más de 2.000 años de historia, basada en las enseñanzas del Buddha. A lo largo de los siglos se ha transmitido como una práctica para observar la mente y comprender directamente cómo surgen y desaparecen nuestras experiencias internas.
Con el tiempo entendí que la práctica consiste más bien en observar la mente con distancia y cultivar una atención más consciente
P: ¿Cómo son esos retiros?
R: Durante el retiro no hay contacto con el exterior ni interacción con otras personas, ni siquiera contacto visual. Tampoco hay teléfonos, libros, música... ni se puede hacer yoga ni deporte o cualquier otra actividad que distraiga la mente. La razón es muy concreta: eliminar todos los estímulos externos que normalmente usamos para evadirnos. En el día a día, cuando aparece incomodidad mental o emocional, solemos distraernos —mirando el móvil, hablando con alguien, trabajando, haciendo ejercicio o consumiendo—. En Vipassana todo eso desaparece. Durante esos días meditamos 11 horas al día, desde las cuatro de la mañana, observando la respiración y las sensaciones del cuerpo con el objetivo de entrenar la mente para observar lo que ocurre sin reaccionar automáticamente.
Es una experiencia intensa porque, al eliminar distracciones, uno se encuentra de frente con sus propios patrones mentales: pensamientos repetitivos, emociones no resueltas o hábitos de reacción muy automáticos. Pero precisamente por eso puede ser también muy reveladora. Te obliga a ver con mucha claridad cómo funciona tu mente y cómo gran parte de nuestro sufrimiento viene de reaccionar constantemente a lo que sentimos o pensamos. Y, poco a poco, empiezas a descubrir que debajo de todo ese ruido mental hay un lugar de mucha más calma y claridad del que imaginabas.
P: ¿Qué principales beneficios tiene en la vida diaria la meditación?
R: Los beneficios más visibles suelen ser una mayor calma mental y una mejor regulación emocional. La meditación ayuda a observar los pensamientos sin reaccionar automáticamente a ellos, lo que permite responder con más claridad en lugar de actuar desde el impulso. También mejora la concentración, la capacidad de tomar decisiones con perspectiva y la relación con uno mismo. Muchas personas descubren que empiezan a vivir con más presencia y menos ruido mental.
P: Mucha gente cree que no tiene tiempo de meditar, pero realmente no se necesita tanto tiempo. ¿Cómo es una buena rutina de meditación?
R: Una buena rutina de meditación no tiene que ser larga, tiene que ser sostenible. Para muchas personas, empezar con cinco o diez minutos al día es más que suficiente. Lo importante es que sea un momento relativamente fijo: por ejemplo, por la mañana antes de empezar el día o por la noche antes de dormir. Algo muy sencillo puede ser sentarse en silencio, observar la respiración y, cuando la mente se distraiga —que lo hará—, volver suavemente a la respiración. La consistencia es más importante que la duración.
P: ¿En qué te ha ayudado la meditación en tu vida para querer compartirla con los demás?
R: La meditación me ayudó sobre todo a comprender mejor mi propia mente. Muchas veces vivimos reaccionando a pensamientos o emociones sin darnos cuenta de que son procesos automáticos. La práctica me permitió desarrollar más distancia interior y más claridad. Eso cambia muchas cosas: cómo tomas decisiones, cómo gestionas los momentos difíciles o cómo te relacionas contigo mismo. Por eso me parece una herramienta tan valiosa para compartir.
P: ¿Qué problemas o dudas tuviste al principio de iniciarte?
R: Al principio me pasaba lo que le ocurre a muchas personas: pensaba que estaba meditando mal porque tenía demasiados pensamientos. También dudaba si realmente estaba obteniendo algún beneficio o si simplemente estaba perdiendo el tiempo sentada en silencio. Con el tiempo entendí que la meditación no consiste en “no pensar”, sino en cambiar la relación que tenemos con nuestros pensamientos. Cuando esa comprensión llega, la práctica cambia completamente.