El motivo de peso por el que no recordamos cuándo se cambia la hora, ni si se atrasa o se adelanta
El psicólogo Ismael Dorado explica por qué muchas personas no recuerdan nunca cuándo hay que cambiar la hora, ni de si se retrasa o se adelanta el reloj
El día en que se cambiará al horario de verano se adelanta con respecto al año pasado
España lleva desde el 13 de abril de 1974 y de forma ininterrumpida cambiando la hora en primavera y en otoño. Así pues, y durante ya más de medio siglo, se tiene que ajustar el reloj dos veces al año. Desde principios de los 80, se hace siempre en el mismo día (los últimos domingos de marzo y de octubre), lo que ha sistematizado el proceso. Este fin de semana tocará, por tanto, nuevo ajuste. A las 2.00 de este domingo 29 de marzo serán las 3.00.
Y, sin embargo, es probable que una buena parte de la ciudadanía no se acordase de que le toca restar o ganar una hora si los medios de comunicación no insistiesen en recordar que ha llegado el momento cada primavera y cada otoño. Quien más y quien menos conoce a alguien que llegó a algún lugar una hora tarde porque se había olvidado por completo del cambio de hora. ¿Por qué si llevamos tantos años haciéndolo lo olvidamos una y otra vez?
“La mejor explicación es que tampoco tiene tanta importancia”, responde a la web de 'Informativos Telecinco' al otro lado del teléfono el psicólogo Ismael Dorado. “Es algo que sucede dos veces al año y, como dice la literatura científica, el efecto negativo (si es que lo hemos tenido) se nos ha pasado en tres días”, apunta.
Por eso, en realidad, nos olvidamos de que va a ocurrir. No es como una fecha para algo dramático o que tendrá un impacto altamente negativo en nuestra vida cotidiana. “No es tan urgente ni tan complicado y no nos importa. Lo vamos a estar comentando durante tres días y luego se nos habrá pasado”, explica Dorado.
El cambio horario que protagoniza tantos debates políticos, que da para tantas conversaciones de café cuando toca y que ha servido para tantos análisis económicos -porque si vale o no la pena en términos de ahorro es otro debate completamente diferente- tiene, en realidad, un impacto relativo en la vida cotidiana. “No deja de estar un poco dentro de la broma, del comentario popular. No tiene tanta importancia”, señala el psicólogo.
Problemas del cambio de hora
Pero, entonces, ¿qué ocurre con toda la gente que asegura que el cambio de hora le descuadra la vida y pagan las consecuencias? Dorado señala que, en líneas generales, “amplificamos un poco más los efectos de lo que luego va a ser en verdad” y confirma que el 'jet lag' pasa una factura mucho más elevada de lo que lo hace el cambio de hora de primavera o el del otoño. “Es verdad que se le achacan un montón de problemas, pero eso ocurre en muy pocas personas”, indica.
Esto no quita que para algunos grupos demográficos sí se haga cuesta arriba cambiar la hora. Para quienes tienen insomnio, presentan problemas de ansiedad o depresión o para quienes llevan mal por las variadas razones los cambios de estructuras (les pasa a niñas y niños, por ejemplo) sí puede suponer un impacto. Pueden ser personas “más receptivas” a ese potencial impacto negativo. “Para la gran mayoría de las personas, es más una anécdota que otra cosa”, puntualiza el experto.
El día a día se regula con los ritmos circadianos, indica Dorado, y los cambios de hora los “alteran un poco”. Pero el tiempo de recuperación no es en este caso muy elevado. Son esos dos a cuatro días que ya ha mencionado el experto y que hacen que el cambio de hora se convierta en una anécdota un tanto olvidable. “Tenemos que tomárnoslo como algo natural. Todo tiene su parte buena y su parte negativa. Lo importante es que tenemos un día más para vivir”, sintetiza el experto.
Racionalizar el tiempo
En todo caso, hablar del tiempo y los horarios podría llevar a abordar cómo se construyen los horarios y cómo, como sociedad, se reparten las horas. Ese es, en realidad, el gran debate de los últimos años, el de si debería o no racionalizarse el reparto del día, especialmente a medida que la sociedad gana estrés y se muestra más ansiosa.
Dorado, que es también secretario de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), recomienda afrontar el día a día de otro modo para conseguir ese uso del tiempo al que se aspira. “Siempre digo que el horario ideal empieza desde el primer minuto, desde que abrimos los ojos”. Ahí podemos ya planificar qué vamos a hacer y, sobre todo, “dedicarnos unos minutos a nosotros”. “Muchas veces nos levantamos ya llamando al estrés, con el tiempo justo. Eso nos ocasiona empezar la mañana con prisas”, lamenta. Con darse tiempo para desayunar con calma, para ver las noticias o escuchar música, ejemplifica, “nuestro día podría cambiar totalmente”.