Reglas de urbanidad que debemos conocer y que no siempre se aplican

Muchas reglas básicas de educación se incumplen por prisa, distracción o exceso de confianza
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MadridLa palabra urbanidad puede sonar bastante antigua. Nos puede evocar a manuales escolares de otra época, lecciones de buenos modales, normas de mesa… No obstante, detrás de ese término hay algo mucho más actual de lo que parece: la capacidad de convivir con los demás sin invadir, molestar, incomodar o dar por hecho que nuestro tiempo, nuestro ruido o nuestras prisas están por encima de las de otros.
La urbanidad está definida por la RAE como “cortesanía, comedimiento, atención y buen modo”, o lo que es lo mismo: saber estar. No desde la rigidez, sino desde el respeto. La urbanidad no consiste en memorizar normas para parecer refinado, sino en entender que vivimos rodeados de otras personas y que nuestros actos, pueden afectar a los demás. Estas son algunas reglas de urbanidad que conviene recordar y que, aunque pueden parecer evidentes, no siempre se aplican.
¿Cuáles son las reglas básicas de urbanidad?
Saludar, despedirse y dar las gracias
Empezamos por gestos muy básicos que son realmente importantes: saludar al entrar, despedirse al marcharse, pedir las cosas por favor y dar las gracias. Ya sea en una tienda, en un ascensor, en una oficina o al cruzarnos con un vecino, estas pequeñas fórmulas reconocen la presencia del otro y hacen más agradable cualquier interacción cotidiana. No hay que ser excesivamente formal, solo mostrar atención y respeto.
No imponer nuestro ruido
Hablar a gritos, ver vídeos sin auriculares, poner música en espacios compartidos o mantener llamadas en altavoz son formas de invadir a los demás. El ruido también ocupa espacio, y no todo el mundo tiene por qué participar de las conversaciones ajenas, notificaciones o contenidos. Usar auriculares, bajar el volumen y mantener un poco de discreción sigue siendo una norma esencial de convivencia.
Respetar el espacio personal
No pegarse demasiado en una cola, no empujar, no bloquear puertas, no ocupar más sitio del necesario y dejar paso cuando corresponde son acciones simples para respetar el espacio personal de los demás. En transporte público, aceras, salas de espera o lugares concurridos, pequeños gestos como quitarse la mochila, apartarse un poco o no quedarse estático en zonas de paso puede hacer mucho más fácil la vida de los demás. Muchas veces la buena educación es sencillamente no estorbar.
Ceder el asiento cuando corresponde
Un gesto tan sencillo como ceder el asiento a personas mayores, embarazadas, personas con movilidad reducida, con lesiones visibles o personas con bebés es una norma esencial de cortesía y empatía. No debería depender solo de que haya un cartel o que alguien lo pida, debería salir de uno mismo. Ofrecer el asiento con naturalidad es una manera sencilla de mostrar consideración.
No mirar el móvil en plena conversación
Mirar el móvil mientras alguien nos está hablando transmite desinterés, aunque esa no sea la intención. Durante una comida, una reunión, una cita o una conversación importante, guardar el teléfono es una muestra de respeto y presencia. Si se espera una llamada o mensaje urgente, lo correcto es avisar con naturalidad.
Responder a las invitaciones
Confirmar asistencia a una boda, cena, cumpleaños o comida familiar es una muestra de respeto hacia quien lo organiza. Detrás de una invitación hay tiempo, compras, reservas, mesas y planificación, por lo que dejar una respuesta en el aire o contestar a última hora complica las cosas de una manera completamente innecesaria.
Llegar puntual, pero no demasiado pronto
La puntualidad demuestra que valoramos el tiempo de los demás, pero llegar demasiado pronto también puede resultar incómodo, sobre todo si es a una casa y el anfitrión todavía está preparando detalles. Lo ideal es llegar a la hora acordada o con un margen razonable. Si se va a llegar tarde, se debe avisar y en caso de llegar antes, quizás es mejor esperar unos minutos antes de llamar al timbre.
Ser buen invitado: no llegar con exigencias
Un buen invitado debe adaptarse con educación al espacio y al esfuerzo de quién recibe. No conviene criticar la comida, abrir armarios sin permiso, llevar acompañantes no previstos, cambiar la música o imponer preferencias personales como si fueran obligaciones. Si hay alergias o necesidades importantes, sí que se deben comunicar antes.
Cuidar las normas en la mesa
Tener buenos modales en la mesa no tiene nada que ver con conocer todos los protocolos de una cena formal, es más sentido común: no hablar con la boca llena, no utilizar el móvil continuamente, no monopolizar la conversación, no hacer comentarios desagradables sobre la comida y no empezar antes de tiempo si la situación requiere esperar.
No compartir fotos ni información ajena sin permiso
Pedir permiso antes de publicar cualquier foto, vídeo, ubicaciones o información de otras personas es una norma básica de respeto. No todo el mundo quiere aparecer en internet ni que se sepa dónde está o con quién. Lo mismo pasa con capturas de conversaciones o mensajes privados.
No usar WhatsApp como si todos estuvieran disponibles
Escribir a cualquier hora, exigir una respuesta inmediata, mandar audios eternos sin avisar o añadir a alguien a un grupo sin permiso puede resultar invasivo. Hay una regla muy sencilla: si no se llamaría a una persona a esa hora, quizá el mensaje puede esperar.
No ensuciar lo que es de todos
Tirar papeles al suelo, dejar restos en una mesa pública, no recoger los excrementos de una mascota o abandonar basura fuera de lugar son faltas claras de urbanidad. El espacio público es de todos, por lo que debe cuidarse.
Toser, estornudar y cuidar la higiene básica
Cubrirse al toser o estornudar, usar pañuelos, lavarse las manos y mantener cierta distancia cuando se tienen síntomas son gestos de higiene, pero también de cortesía. No es solo evitar contagios, es no poner a los demás en una situación incómoda.
No corregir ni humillar en público
Todos podemos equivocarnos, pero corregir a alguien con superioridad o dejarle en evidencia delante de otros suele ser más maleducado que el propio error. Cuando algo debe señalarse, lo adecuado es hacerlo con tacto y si es posible, en privado.
Escuchar sin interrumpir
Interrumpir constantemente, cambiar de tema o responder siempre con una experiencia propia transmite que no estamos prestando atención. Dejar terminar, mirar a la persona que habla y responder con calma demuestra respeto.
