Moda

La técnica de las tres capas para sobrevivir al aire acondicionado de la oficina sin congelarte

Deben ser prendas fáciles de poner y quitar. Freepik
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MadridEn verano, muchas oficinas viven una paradoja difícil de entender desde fuera: en la calle el calor aprieta, en la oficina hay personas personas trabajando abrigados. Esto es a causa del aire acondicionado, un aliado en ocasiones y enemigo cuando está muy fuerte, mal regulado o dirigido directamente hacia ciertos lugares.

Esto no es una queja menor. El confort térmico influye mucho en la concentración, el bienestar y la sensación general de comodidad en el trabajo. Además, no todos toleran la temperatura de la misma forma. Hay quienes pueden estar felices en un despacho fresco, y otras que con la misma temperatura acaban rígidas, incómodas o incapaces de concentrarse por el frío.

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Ante esa batalla por el control de la temperatura, hay una solución práctica, sencilla y muy eficaz: la técnica de las tres capas, que no es más que vestir de manera estratégica para poder adaptarse a dos mundos opuestos: el calor de la calle y el frío de la oficina.

¿Por qué la oficina puede parecer una nevera en verano?

La oficina es un lugar compartido con diferentes necesidades. La temperatura ideal depende de muchos factores: la actividad que se realiza, la ropa que se lleva, la humedad, las corrientes de aire, la orientación del edificio, la cercanía a ventanas o salidas de climatización e incluso la sensibilidad individual.

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Una persona sentada durante ocho horas genera menos calor corporal que alguien que se mueve continuamente. Por eso, en trabajos sedentarios, el frío se nota más. También tiene que ver la ropa de verano, que puede ser ideal para llegar a la oficina, pero insuficiente si el aire acondicionado está funcionando durante todo el día.

A esto hay que sumar un problema habitual, la temperatura no se reparte igual en todos los sitios. Quien está debajo de una salida de aire puede congelarse, mientras que otra persona que está más lejos sigue teniendo calor. Por eso, la solución está en aprender a vestirse con un margen de adaptación a las temperaturas.

¿Qué es la técnica de las tres capas?

Esta técnica consiste en construir el look pensando en tres niveles: una primera capa ligera y transpirable, una segunda capa de abrigo moderado y una tercera capa de emergencia o protección extra.

La idea no es vestirse como en invierno, sino de crear un sistema flexible para poder salir a la calle sin agobiarse y estar en la oficina sin congelarse. Se debe ajustar la ropa según cambie la temperatura durante el día.

La primera capa es la que va pegada al cuerpo: camiseta, blusa, top, camisa ligera o vestido base. Ésta debe ser cómoda, transpirable y adecuada para el calor exterior. La segunda capa es la que se añade dentro de la oficina: puede ser una chaqueta fina, una sobrecamisa, un cárdigan, un blazer ligero o un chaleco. La tercera capa es el recurso extra: un pañuelo grande, una pashmina, una chaqueta que se quede en la silla o unos discretos calcetines en caso de tener frío en los pies. Cada capa tiene que tener una función y poder quitarse o ponerse sin que afecta al conjunto.

La primera capa

El primer error cuando hace calor es vestirse solo pensando en la calle. La primera capa debe permitir soportar el calor, pero también funcionar bien debajo de una chaqueta sin resultar incómoda. Son buenas opciones camisetas de algodón, blusas finas, camisas de lino, vestidos midi ligeros o tops de manga corta. Mejor si no son excesivamente ajustados para que puedan ser más cómodos.

Conviene pensar también en el escote y las mangas. A veces una prenda con una manga corta o una manga francesa funciona mejor que un top de tirantes, porque evita que el aire dé directamente sobre hombros y cuello.

La segunda capa

La segunda capa es la más importante de esta técnica. Es la que puede transformar cualquier look de verano en un conjunto adecuado para sobrevivir al aire acondicionado de la oficina. Prendas como cárdigans finos, blazers de lino, chaquetas ligeras, sobrecamisas, americanas desestructuradas o jerséis muy finos son opciones perfectas.

Lo ideal es escoger una prenda que pueda combinar con casi todo y pueda quedarse en la oficina. Por ejemplo, una blazer negra, beige o azul marino puede funcionar tanto con vestidos como con pantalones fluidos y vaqueros. Un cárdigan fino puede ser más cómodo y también combinar. Por otro lado, una sobrecamisa de algodón puede ser la mejor opción para entornos más informales.

Esta capa debe ser fácil de quitar y poner. Si se arruga demasiado, ocupa mucho espacio o no combina con nada, no es una buena opción. Lo práctico es escoger una prenda neutra, ligera y versátil.

La tercera capa

Esta capa es para aquellos que realmente sufren con el aire acondicionado. No siempre hay que llevarla puesta, solo en caso de emergencia. Puede ser una pashmina, un pañuelo grande, una chaqueta que se queda en la silla o una prenda extra que se guarda en el cajón.

En este caso, un pañuelo grande puede ser la mejor opción porque ocupa poco, abriga el cuello y hombros, y puede retirarse fácilmente. También es perfecto para cubrirse en reuniones.