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Las gafas de sol también tienen etiqueta: manual para su uso en todas las situaciones

El uso correcto de las gafas de sol depende del contexto. Freepik
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MadridLas gafas de sol son uno de esos accesorios que parecen sencillos, pero que pueden decir mucho más de lo que parece. Protegen los ojos, pero también pueden completar un look y aportar estilo. Sin embargo, tienen su propio protocolo. Porque no es lo mismo llevarlas en la playa, en una terraza o conduciendo que mantenerlas puestas en una reunión, en una comida, en una presentación o al saludar a alguien.

Pero, ¿cuándo corresponde llevarlas y cuándo conviene quitarlas? La etiqueta tiene mucho que ver con algo tan básico como la mirada. Los ojos son una parte fundamental de la comunicación, por lo que cuando se ocultan detrás de unas lentes oscuras, el mensaje puede cambiar.

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En exteriores sí, en interiores casi nunca

La norma más sencilla es esta: las gafas de sol se llevan en exteriores, cuando hay luz solar o deslumbramiento, y se quitan al entrar en un espacio cerrado. Puede parecer algo obvio, pero no siempre se cumple. Tiendas, restaurantes, oficinas, iglesias, museos, salas de espera, ascensores o reuniones no suelen ser lugares adecuados para mantenerlas puestas, salvo que exista una razón médica, sensibilidad ocular o un problema concreto de visión.

Llevar gafas de sol en interiores puede resultar extraño porque rompe una expectativa básica de interacción: ver los ojos de la otra persona. En un espacio cerrado, donde no hay sol que pueda justificar su uso, las gafas pueden transmitir una imagen de distancia, vanidad o falta de disponibilidad.

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Por eso, lo más educado es retirarlas al entrar en un lugar cerrado. Guardarlas en su funda, en el bolso o colgarlas discretamente del escote o de la camisa si el contexto es más informal. Lo que conviene evitar es dejarlas sobre la cabeza durante todo el encuentro, jugar con ellas o usarlas como barrera visual.

Al saludar, mejor quitarlas

Una de las normas más claras de etiqueta es quitarse las gafas de sol al saludar o ser presentado a alguien. Aunque se esté al aire libre, retirar las gafas durante unos segundos permite establecer contacto visual y mostrar atención.

En un encuentro informal, es suficiente con levantarlas o retirarlas un momento. Si es una presentación profesional, una reunión al aire libre o una conversación importante, conviene quitárselas del todo. La mirada ayuda a que el saludo parezca más sincero y evita que la otra persona se pueda sentir incómoda.

Evidentemente, hay excepciones: luz muy intensa, migraña, sensibilidad ocular, una intervención reciente o gafas graduadas de sol.

En una conversación: no bloquear la mirada

Las gafas de sol funcionan como una pantalla. Cuando una persona habla con otra que lleva unas gafas de sol, puede resultarle más complicado leer su reacción: no sabe si escucha, si mira hacia otro lado, si está atenta o si simplemente se ha desconectado. En conversaciones largas, lo aconsejable es quitárselas, especialmente si se está hablando de algo importante.

En una terraza al sol puede entenderse perfectamente que se mantengan puesta durante más tiempo, pero cuando la conversación se vuelve más directa o personal, si se retiran se crea más cercanía.

En reuniones de trabajo, mejor no ponerlas

En el entorno profesional, las gafas de sol tienen un margen muy limitado. En una reunión de oficina, una entrevista o una presentación, no deberían llevarse puestas. El motivo es muy sencillo: en el trabajo, la imagen debe transmitir disponibilidad, respeto y atención. Ocultar los ojos puede parecer distante o poco comprometido.

Si la reunión se celebra al aire libre, en una terraza o durante una visita externa, la norma puede ser más flexible. De todos modos, al saludar, presentarse o intervenir en algo relevante, conviene quitárselas al menos momentáneamente.

En bodas, ceremonias y actos formales

Las gafas de sol pueden ser necesarias en una boda de mañana, una ceremonia al aire libre o un evento celebrado en un jardín, una finca o una playa. Si hay sol intenso, usarlas es lógico.

Cuando se va a saludar a los novios, una conversación con otros invitados, una presentación o una fotografía formal, es mejor quitarlas. En ceremonias religiosas o actos solemnes, conviene retirarlas antes de entrar al templo o espacio cerrado.

En comidas y restaurantes

En una comida al aire libre, unas gafas de sol pueden ser útiles mientras se espera, se toma algo en una terraza o el sol da directamente en la mesa. Pero, al sentarse a comer, sobre todo en el caso de una comida social o profesional, conviene quitárselas si la luz acompaña.

Comer con gafas de sol puede resultar distante y poco natural, sobre todo al hablar con otras personas. En interiores, la norma es muy clara: en un restaurante cerrado, las gafas de sol deben quitarse.

Gafas de sol como diadema

Llevar gafas de sol sobre la cabeza es un gesto muy común, pero no siempre resulta elegante. Puede ser práctico durante un breve momento, pero si se convierte en una especie de diadema permanente, puede dar una imagen descuidada o demasiado informal.

Además, puede deformar la montura, engancharse en el pelo o hacer que los cristales se ensucien. En contextos profesionales o formales, es preferible guardarlas en su funda o dejarlas discretamente en el bolso.

No todas las gafas sirven para todo

La etiqueta también tiene que ver con el modelo. Unas gafas deportivas pueden ser perfectas para correr o conducir, pero no para una boda. Unas lentes de espejo pueden funcionar en un festival, pero ser muy llamativas en una comida profesional.

Escoger gafas de sol no consiste solamente en seguir tendencias. El modelo debe encajar con el contexto. En el día a día, suelen funcionar mejor las monturas discretas, limpias y proporcionadas. En el caso de los eventos, es mejor buscar diseños más sobrios. Para hacer deporte, unas que puedan proteger y quedarse bien sujetas.

Evidentemente, el estado también importa: unas gafas rayadas, sucias, torcidas o con cristales marcados pueden arruinar una imagen cuidada.