Bienestar

Tener siempre ruido de fondo en casa puede pasar factura al cerebro, según los especialistas

No todos los sonidos afectan por igual
No todos los sonidos afectan por igual. Dorin Musat
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MadridLa televisión encendida mientras se cocina, un podcast durante la ducha, música mientras se trabaja o una serie de fondo al hacer las tareas del hogar. Para muchas personas, el silencio en casa se ha convertido en prácticamente una excepción. Siempre hay algún sonido acompañando desde que se levantan hasta que llega el momento de dormir.

Escuchar música, ver la televisión o disfrutar de un podcast no tiene nada de malo. El problema llega cuando el sonido deja de ser una elección y se convierte en un estímulo permanente. Aunque una persona piense que ya no está prestando atención, el cerebro sí que sigue recibiendo información y tiene que decidir constantemente qué ignorar y qué merece su atención.

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El cerebro no deja de escuchar porque no prestemos atención

Una de las particularidades del sistema auditivo es que permanece siempre en alerta incluso cuando intentamos concentrarnos en otra cosa. Esto tiene sentido desde el punto de vista de la supervivencia: poder detectar un sonido inesperado mientras se realiza otra actividad permite reaccionar ante posibles amenazas.

El inconveniente es que esa capacidad también hace que pueda resultar complicado ignorar por completo una televisión encendida o una conversación cercana. Las investigaciones sobre distracción auditiva llevan décadas mostrando que los sonidos irrelevantes pueden interferir con determinadas tareas cognitivas. Una revisión publicada en ‘Human Factors’ concluyó que incluso sonidos de fondo relativamente bajos pueden afectar al rendimiento cuando la actividad exige memoria a corto plazo o mantener información en un orden concreto.

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Las voces distraen especialmente

No todo el ruido tiene la misma capacidad para interrumpir. El lenguaje resulta especialmente complejo de ignorarporque el cerebro tiende a procesar automáticamente parte de su significado.

Por eso, puede costar leer algo mientras alguien está manteniendo una conversación cerca, aunque no se esté intentando escucharla. Una televisión de fondo puede representar una situación parecida: alterna voces, música, cambios de volumen y sonidos inesperados.

Una revisión sobre memoria de trabajo explica que la distracción aumenta cuando el sonido capta involuntariamente la atención o cuando su contenido entra en conflicto con el tipo de información que se intenta procesar.

La música no siempre perjudica la concentración

Eliminar cualquier sonido tampoco tiene por qué ser la solución. Los resultados sobre música son mucho más variados. En un experimento realizado en 2023 se comparó silencio, música instrumental y canciones con letra mientras estudiantes realizaban tareas de memoria, comprensión lectora y cálculo. Las canciones con letra empeoraron la memoria y la comprensión, mientras que la música instrumental utilizada en el estudio no produjo un perjuicio claro.

Otro estudio realizado en 2025 obtuvo un resultado distinto: entre estudiantes que acostumbraban a estudiar escuchando música, se les permitió escoger sus propias canciones y se pudo ver que no empeoró su comprensión lectora y ayudó a mantener un estado emocional más positivo.

La conclusión es que no existe una regla sencilla del tipo “música mala, silencio bueno”. Tienen mucho que ver el tipo de tarea, la presencia de letra, el volumen, los hábitos de la persona e incluso si la música ha sido escogida voluntariamente.

El problema de no tener nunca un momento de silencio

La cuestión cambia cuando una persona mantiene algún contenido reproduciéndose prácticamente todo el día.Aunque muchas actividades domésticas no exijan gran concentración, la ausencia completa de pausas puede hacer que la atención pase continuamente de un estímulo a otro.

El ruido ambiental excesivo está reconocido por la OMS como un factor que puede interferir con las actividades cotidianas, reducir el rendimiento y afectar al sueño y al bienestar. La evidencia más sólida se refiere principalmente a fuentes como el tráfico, los trenes o los aviones, y no a una televisión doméstica a un volumen moderado.

De todas formas, existe una idea aplicable a la vida diaria: el sonido puede convertirse en una demanda aunque no se considere conscientemente molesto. Dejar algunos períodos sin televisión, música o podcast puede simplemente reducir la cantidad de información que el cerebro tiene que filtrar.

No hace falta convertir la casa en una biblioteca

Buscar momentos tranquilos no quiere decir que se tenga que vivir sin música ni tampoco apagar el televisor cada vez que se entra en una habitación. El objetivo puede ser mucho más sencillo: dejar de usar el ruido de forma automática.

Si se va a leer, escribir o realizar una tarea que requiere concentración, se puede probar primero en silencio. Si la música ayuda, conviene escoger algo instrumental o poco invasivo. La televisión de fondo puede reservarse para cuando se esté realmente viendo.

También es útil detectar los momentos en los que se encadena un estímulo tras otro. Termina un podcast y se abre inmediatamente TikTok; acaba una serie y se pone música; se apaga el ordenador y se enciende la televisión. Introducir diez o quince minutos sin contenido entre esas actividades permite comprobar si el sonido se estaba disfrutando o simplemente evitando el silencio.