Una psicóloga, sobre cómo afecta la jubilación a la relación de pareja: “A esta edad se disparan los llamados divorcios grises"
La psicóloga Mayte Vázquez, experta en personas mayores, explica cuáles son las claves para mantener una vida afectiva saludable y apetecible ahora que vamos a pasar más horas con la pareja
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La palabra ‘jubilación’ procede del latín ‘iubilare’, que significa “lanzar gritos de alegría y gozo”. Está, pues, asociado a la felicidad. Mayte Vázquez, psicóloga autora del libro ‘Mindfulness para personas mayores’, es experta en esta etapa vital. Recientemente nos habló de las cuatro fases por las que pasamos cuando dejamos la vida laboral y ahora nos da su visión sobre otro aspecto de este momento: cómo afecta la jubilación a nuestra relación de pareja.
Más tiempo juntos: ¿es bueno o malo?
La primera consecuencia que trae la jubilación es la de tener más tiempo libre. Y, si vivimos en pareja, vamos a pasar más horas juntos. ¿Cómo se puede gestionar esa nueva realidad? “Cada pareja, cada familia y cada casuística es distinta, por lo cual es muy difícil generalizar”, admite la experta. Desde la necesidad vital hasta las circunstancias familiares, sociales y económicas influyen. Pero las cosas han cambiado: por ejemplo, en cuanto a competencias digitales. La llamada brecha digital se ha estrechado considerablemente. También son distintas las inquietudes, cultura, conocimientos…, entre los jubilados de hace 10 años y los de hoy, nos explica Vázquez. Es, pues, normal, entender que “uno o los dos miembros de la pareja quieran seguir ejerciendo y desarrollando sus conocimientos”, indica, “dentro del ámbito laboral, como autorreafirmación”, pero es importante “consensuarlo dentro de la pareja, desde el respeto y la aceptación”.
El conflicto llega cuando uno de los dos demanda más tiempo para compartir, y es difícil establecer ese equilibrio de espacio y tiempo. Ante este potencial problema, la experta sugiere “aprender juntos a gestionar una nueva realidad en la que se llegue a la aceptación del cambio, y no quedarnos en el desencanto que pueda producir una necesidad distinta”. Siempre que haya una base de amor, cariño, respeto y comunicación, “podemos llegar a proteger espacios mutuos y recíprocos de calidad”. La clave: no quitar nunca tiempo de calidad a la vida en pareja y mantener esos viajes, escapadas o ratos de ocio y comprender las necesidades individuales de la otra parte de la pareja.
Una generación de mujeres que ha trabajado fuera de casa: retos
En este momento de la historia es cuando más mujeres ha habido con un empleo remunerado. Las mujeres próximas a jubilarse con un empleo productivo son más del 50%. Y, con la pareja ya retirada del mundo laboral, el reparto de tareas domésticas puede ser origen de discusiones. Mayte Vázquez es rotunda al respecto: “Jubilarse no implica tácitamente el tener que quedarse en casa y asumir las labores propias del hogar”, y continúa: “Se pueden seguir organizando ambos sin tener que adquirir el modelo tradicional de mujer cuidadora o mujer ama de casa al que estamos acostumbrados a escuchar en ciertos entornos”.
¿Cómo afrontar esta posible fricción? Las mujeres no deben dejar de lado sus proyectos personales ni vitales, y las tareas domésticas se tienen que seguir compartiendo o, mejor aún, estableciendo nuevas normas. “Es un buen momento de reorganizarlo juntos e incluso renegociar dentro de esta nueva etapa”, comenta la psicóloga, y agrega: “La base es consensuar, comunicar nuestros deseos y gestionar de la mejor manera para ambos hasta llegar a la aceptación y el bienestar individual y de pareja”. Pone el acento en la dimensión biopsicosocial de las personas, que deben realizarse en todos los planos: “La jubilación no significa solo tener que dedicar nuestro tiempo a la pareja, sino también al autocuidado como hemos hecho antes, atendiendo nuestros proyectos y nuestro bienestar personal sin desatender al entorno”.
La etapa de los ‘divorcios grises’
Vázquez explicaba que, en las etapas que suceden al momento de la jubilación puede aparecer el desencanto, la crisis de identidad, después de esa primera etapa idealizada. Esto puede impactar en la vida de pareja donde, subraya, hay “una profunda revisión de la propia identidad y de la pareja”. En esta fase se disparan los llamados divorcios grises o de plata, esto es, los que llegan a partir de los 65 años. “Se han duplicado con creces en la última década en España”, señala Mayte Vázquez, que vuelve a poner el foco en “la importancia de dar significado al tiempo compartido”.
Un envejecimiento activo hará que sea más fácil llegar a esta etapa sin enfrentarnos a ese desencanto. Lo importante es, dice la experta, “cubrir esas necesidades, alineadas totalmente a nuestra identidad propia, características y capacidades, pero también teniendo en cuenta los intereses de la pareja, que pueden ayudar a alcanzarla”. La jubilación no es, explica, sinónimo de duelo ni de ruptura con la vida anterior, sino “una continuidad donde nos damos tiempo a nosotros mismos, eje central e imprescindible para cuidar la salud mental”. Plantear retos individuales y en pareja, que sean “negociados, realistas, alcanzables y significativos” es el pilar para que nuestra relación se enriquezca.
Consejos para acompañar en la transición y para no perder la chispa del amor
Seas tú o sea tu pareja la que está a punto de cruzar esa línea, ¿cómo puede acompañar la otra persona? Mayte Vázquez señala cuatro claves: acompañar sin absorber, ayudar sin controlar, responder sin abandonar el autocuidado y, por último, mantener un envejecimiento activo y saludable.
Pero además de acompañar, es importante que la relación de pareja siga siendo satisfactoria, que no frustre ni lastre a ninguno de los dos. En ese sentido, la psicóloga nos da los siguientes consejos: rememorar y reencontrarse con experiencias placenteras vividas en pareja y que estimule cualquiera de los sentidos; comunicación y escucha activas; un bienestar compartido, en el que cada miembro de la pareja disfrute de la satisfacción del otro; escribir (y guardar en un frasco para releer cuando estemos tristes) los valores, fortalezas y virtudes de la otra persona que nos han ayudado a ser felices; y, por último, buscar nuevos retos y proyectos de disfrute juntos. Todo ello, respetando los espacios individuales del otro, protegiendo los de la pareja, expresando expectativas y revisando periódicamente los acuerdos alcanzados, ya que meses después pueden necesitar ajustes.