Las máquinas 'made in' Euskadi que evitan que 45.000 raciones de comida al mes acaben en la basura: "No es un banco de alimentos con cristal"
Rexcatering promueve el desperdicio cero con un proyecto colectivo en el que participa desde alumnos al personal de cocina
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BilbaoLejos han quedado los tiempos en los que las máquinas expendedoras se limitaban a ofrecer bolsas de patatas, chocolatinas o refrescos, hoy en día, la oferta de productos que pueden adquirirse en estos ‘vending’ van desde gorros de piscina, preservativos o paraguas, a leche fresca o pizzas recién horneadas. En Euskadi, desde hace cinco años han ido proliferando unas máquinas expendedoras en las que se pueden adquirir, gratis, raciones de comida que han sobrado en comedores de colegios, de residencias de mayores, hospitales y hasta cáterings de grandes eventos organizados en palacios de congresos, como el Euskalduna de Bilbao.
En total, a lo largo y ancho de la Comunidad Autónoma Vasca el proyecto Rexcatering, como se llama esta iniciativa de recuperación de excedentes alimentarios en cocinas centrales y comedores colectivos y que promueve el desperdicio cero alimentario, se han instalado 25 máquinas. Una iniciativa que ya ha llegado a otras comunidades autónomas como Navarra y Cataluña, y también a Andorra.
La idea empezó a barruntarse en 2016, pero no fue hasta 2021 cuando Sanidad autorizó el procedimiento y llegó la primera máquina. Desde entonces en Euskadi, más de 40 centros escolares, públicos y concertados, se han sumado al proyecto para evitar que “comida en perfectas condiciones para ser consumida acabe en la basura” y lo hacen con un trabajo colectivo que implica desde al personal de cocina, pasando por las Ampas y llegando a los alumnos. “Recuperamos 45.000 raciones de comida al mes que antes se tiraban”, explica Álvaro Saiz Ruiz, fundador y director del proyecto.
Del comedor a la máquina, en horas
Los trabajadores de las cocinas escolares se encargan de trasvasar la comida que sobra a unos recipientes herméticos que se termosellan y se introducen en un abatidor, un refrigerador de enfriamiento rápido que baja rápidamente la temperatura de los alimentos. Una vez fuera, el alumnado lo etiqueta y de ahí, “normalmente al día siguiente de haberse servido las raciones en el comedor escolar”, se llevan “en mochilas isotérmicas para evitar que pierda temperatura”, hasta la máquina, que puede estar en el propio centro o como máximo a cinco minutos andando.
En el municipio vizcaíno de Portugalete, hay cinco máquinas expendedoras en las que ocho colegios meten las raciones de comida que no se comen sus alumnos, “entran más de 300 tápers” y, aunque la fecha de caducidad es de cuatro días, lo cierto es que “de media en menos de cuatro horas ya no queda nada”.
Álvaro Saiz Ruiz insiste en que esto “no es un banco de alimentos con cristal” y que cualquier persona, independientemente de su situación económica puede hacer uso del ‘vending’. “Tanto Paquita porque no le llega la pensión, como los padres y madres del centro, que así además pueden degustar la misma comida que se les sirve a sus hijos en el comedor escolar”, puntualiza.
Pocos macarrones y hasta percebes
El excedente varía, según el menú diario, así “por ejemplo, el día que hay macarrones sobra menos comida y es difícil encontrar raciones de pasta en la máquina”, justo lo contrario que cuando toca puré o paella. Pero cuando el excedente de comida procede de otros comedores colectivos es posible incluso encontrar “hasta percebes”.
Tan variada como la oferta culinaria de las máquinas de vending son los procedimientos, “en las escuelas ayudan los alumnos, en los centros de días algunos usuarios bajo supervisión o entidades externas, a veces, asociaciones de personas con discapacidad a las que formamos para colaborar”, lo que no cambia son los estrictos protocolos para que los alimentos lleguen y se conserven con seguridad.
Además de esas 45.000 raciones de excedente de comida a las que se da una segunda oportunidad gracias a esta iniciativa ‘made in’ Euskadi, en estos cinco años se está consiguiendo recupilar “un montón de información valiosísima, gracias al software brutal creado para este proyecto supertecnológico”. Información a tiempo real que solventa a las familias dudas sobre la calidad o la cantidad de la comida que se ofrece al alumnado y que a las empresas de catering les permite saber “si cada vez que hacen lentejas sobran más de 10 o 20 raciones y así rebajar la cantidad y mejorar el servicio”.