Eguzkilore, de símbolo protector de los hogares vascos a planta protegida: así es la flor del pueblo vasco

De símbolo protector a planta protegida: el consumo masivo y el cambio climático amenazan a los eguzkilores
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BilbaoLa ikurriña, el lauburu o la txapela son algunos de los símbolos más arraigados del patrimonio cultural vasco. Entre ellos, se cuenta otro, la humilde flor del cardo, que por estos lares conocemos como eguzkilore. En un duelo de popularidad fuera de nuestras fronteras, este símbolo perdería ante otros, mucho más reconocibles, pero lo cierto es que se trata de todo un emblema de identidad y pertenencia y "uno de los símbolos más queridos de la cultura vasca", ahí es nada.
No es un girasol, sino un simple cardo, perteneciente a la familia de las carlinas, crece cada dos años, entre junio y septiembre, y actualmente, está catalogada como planta rara o “flora amenazada”. Literalmente, su nombre significa ‘flor del sol’ y durante generaciones se ha colocado en las puertas de los caseríos, una costumbre que se mantiene hasta nuestros días. La tradición popular le atribuye un carácter protector, de ahí la costumbre de colocarlo en la entrada para proteger el hogar frente a los males, las tormentas o los espíritus de la noche.
Esta creencia hunde sus raíces en la mitología vasca, según la cual Amalur, la Madre Tierra, entregó el eguzkilore a los seres humanos para que la fuerza simbólica del sol les protegiera durante la oscuridad. Se trata de un símbolo pagano de culto solar, que representa al mismo sol y le otorga el mismo poder protector contra malos hechizos, brujerías, enfermedades, tormentas, tempestades y rayos.
Sólo crece cada dos años
Se creía que poseía el poder de confundir a los malos espíritus haciéndoles creer, que se encontraban ante el mismísimo astro rey contra el que nada podía hacer y debían huir si no querían ser destruidos por la fuerza de su luz.
La leyenda dice que estos cardos, que crecían en estado salvaje en los montes de nuestro entorno, debían recogerse la mañana de San Juan y colocarse en la entrada del lugar que se quiera proteger. Hoy en día y tras estar a punto de extinguirse, hay empresas privadas que han conseguido criar eguzkilores para su posterior venta.
De protector a protegido
Se trata de una humilde planta agreste de cardo, Carlina Acaulis, que al florecer se convierte en una hermosa flor que por su característico centro amarillo cálido y brácteas que lo rodean, entre blanquecinas y doradas, tiene cierta semejanza al sol y su brillo.
La planta silvestre, actualmente protegida, dio origen a una larga tradición artesana que ha convertido su forma en una de las piezas más características de la joyería vasca. El Eguzkilore ha inspirado novelas, como ‘El silencio de la ciudad blanca’ de la escritora Eva García Sáenz de Urturi, donde se relatan una serie de crímenes con un mismo modus operandi: las víctimas aparecen expuestas con unas flores conocidas como eguzkilores (carlina en español) en lugares históricos de la ciudad.
Este verano, además el eguzkilore ha protagoniza un cupón de la ONCE, dentro de la serie 'Arte a mano'. Cinco millones de cupones difundieron el pasado martes 14 de julio, por todo el Estado una imagen profundamente vinculada a la identidad, la tradición y el imaginario colectivo de Euskadi.
Una planta llena de luz y fuerza, que ha podido contra brujas, malos espíritus y tormentas, pero que, incapaz de aguantar el cambio climático y el consumo masificado, a punto estuvo de extinguirse. Hoy en día, esta catalogada como planta protegida. Una medida con la que se pretende impedir que estas flores del sol silvestres sean arrancadas a doquier y terminen desapareciendo.
