Discapacidad

Inma Urteaga denuncia la "catastrófica" escolarización de su hija Úrsula con un 93 % de discapacidad: "Ni aprende ni tiene amigos, esto no es inclusión"

Úrsula cumplirá este próximo diciembre 17 años y está escolarizada en Azkoitia.. Redacción Euskadi
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San SebastiánCada mes de septiembre coincidiendo con el arranque del curso escolar, la guipuzcoana Inma Urteaga se siente inmersa en una especie de ‘día de la marmota’: su hija Úrsula, de 17 años y aquejada de una parálisis cerebral muy severa que le impide andar, hablar, usar las manos o mantenerse erguida vuelve, como el resto de chavales de su edad, al cole. “Ella va feliz a la escuela”, reconoce esta madre que, sin embargo, sufre, porque sabe que su hija “no tiene amigos de su edad”, “no se relacionado con sus iguales” y “en el patio está sola”. Inma lamenta que su hija “no solo no aprende en la escuela, sino que no socializa” y culpa de ello a un sistema educativo que “habla muchísimo de inclusión, pero que no facilita que haya personal que atienda de manera continuada a niños con necesidades especiales tan severas”, como las de Úrsula.

Durante los cuatro años que lleva en Secundaria, esta adolescente, con un 93 por ciento de discapacidad, ha tenido más de 30 profesores y 19 personas de atención directa, que la han asistido, “de forma simultánea”. Una rotación de profesionales “tan bestial” que les obliga a “empezar de cero con ella cada septiembre” y “cuando llega junio ninguno de ellos ha llegado a conocerla”.

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Pese a su parálisis cerebral, Úrsula goza de buena salud y “falta poquísimo a clase”. A ella le encanta ir a la escuela “y yo quisiera que le dieran los conocimientos básicos para entender el mundo, que no sea una ignorante”, pero “no le están enseñando nada”.

Sin tiempo para aprender a manejar el comunicador ocular

Si en 1º de la ESO Úrsula se vio obligada a adaptarse al modo de enseñanza de siete profesionales diferentes, este curso “están con ella, cuatro personas que no la conocen de nada y así vuelta a empezar”. Inma, que además es también profesora de Secundaria, lamenta que Úrsula nunca haya tenido a nadie que sepa como ayudarle y que su propia hija sepa mejor como funciona el comunicador ocular que emplea que los asistentes que la atienden. “Saber cómo funciona requiere de formación y tiempo y ellos van de niño en niño sin poder detenerse a aprenderlo”, protesta.

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La guipuzcoana califica la escolarización de su hija de “catastrófica”, desde el principio: “Antes de los seis años tuvo siete tutoras diferentes y dos profesionales en atención directa que no coincidían en horarios y por tanto no se coordinaban”, recuerda. Sin embargo, fue 4º de Primaria el ‘annus horribilis’ para esta familia. Tras probar en la escuela concertada, regresaron a la escuela pública vasca y, desde entonces, “todo ha ido de mal en peor”. Úrsula repite este año 3º de la ESO en el mismo instituto público de Azkoitia en el que trabaja su madre, y al que ésta culpa en parte de la situación de su hija, consciente, eso sí, de que “la Administración no se lo pone fácil”. "Si vamos a escolarizar a niños con necesidades espaciales tan severas, como las de Úrsula, no puede ser que no haya personal que les atienda de manera continuada", añade.

El último varapalo para esta familia ha sido la denegación por parte de Educación de la entrada de Úrsula en el Programa de Diversificación Curricular, “lo solicité en un intento desesperado por reducir el número de personas que pululan en torno a la niña”.

"La educación inclusiva, de la que hablan, no es verdad"

Esta madre guipuzcoana clama por una reorganización del sistema educativo para niños y niñas como Úrsula. “No puede ser que se hable del derecho a la educación inclusiva sin poner a profesionales que puedan acompañar y enseñar de manera continuada y estable a estos chavales”.

Inma es consciente de las dificultades que entraña la comunicación, la enseñanza y la evaluación del aprendizaje de Úrsula, “de hecho, aún no tiene el título de Primaria porque no saben como evaluarla”, pero denuncia que, la falta de continuidad en la asistencia que recibe en la escuela, “arruina, sí o sí, las posibilidades de futuro de una niña que con un 93 por ciento de discapacidad ya lo tenía muy complicado de partida”.

Pese al dolor y pese a la impotencia de no haber logrado mejoras en estos años, Inma piensa seguir “en la lucha”, porque el de Úrsula no es un caso aislado y otros niños vascos con necesidades especiales se enfrentan a este problema de escasa atención personalizada, “aunque el de mi hija es un caso extremo, no he conocido otro igual”, zanja.