Sulene aprendió el oficio en 2014 y un año después se puso al frente de este negocio que abrió en 1980
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Vitoria-GasteizSulene Sánchez mira a su alrededor intentando calcular el número de alpargatas que la rodean y suspira ostensiblemente ante la compleja tarea, “no sé, unos 30.000 pares”, se aventura. Esta cubana, afincada en Vitoria desde hace 18 años, se ha pasado los últimos quince confeccionando a mano cada uno de ellos en su taller.
Un oficio que aprendió de cero en 2014, cuando al frente del negocio aún estaba su primera propietaria que le enseñó el arte de cortar, coser y ensamblar las tradiciones alpargatas, "como se ha hecho toda la vida, a mano".
Alicia Bengoechea, abrió este taller en 1980, estaba a punto de jubilarse y sin relevo generacional, Alben, como tantos otros negocios parecía condenado a desaparecer, “así que se alegró mucho de que yo me quedara al frente y continuara con el oficio”, recuerda Sulene, que contó desde el principio con el apoyo de su marido, Jesús. Él, que “nunca había cogido una aguja y venía del mundo de la construcción”, empezó a ayudarla solo tres meses después de hacerse cargo del taller, y “así seguimos desde entonces”.

Hija de modista, Sulene se crio “entre máquinas de coser” y siempre ha sido “habilidosa con la costura”, aunque nunca imaginó que consagraría su vida a un calzado del que hace dos décadas ni siquiera había oído hablar. “Ahora en Cuba se están poniendo de moda”, advierte.
Alpargatas también en invierno
La primavera y el verano son las épocas en las que Alben Alpargatas Artesanas vende más modelos de este calzado cómodo e idóneo para el campo o la playa, pero no apto para días de lluvia, “si no quieres que se te mojen los pies”. Sin embargo, Sulene y Jesús, conscientes del largo invierno vitoriano, han demostrado su capacidad de adaptación y ya fabrican en invierno “un tipo de botas de piel y borreguito, super calentitas”, además de “zapatillas de casa con suela tipo alpargata pero muy confortables”.

Este calzado como complemento de las indumentarias tradicionales para los grupos de danzas vascas, la Navidad, Santa Águeda o San Prudencio han reavivado su uso y hacen que los clientes, no dejen de traspasar durante todo el año las puertas del número 25 de la calle San Ignacio de Loyola, en Vitoria.
Por la manos de esta pareja pasan al día infinidad de telas de lona, suelas de yute e hilos. Ellos mismos las cortan y cosen a mano, armados con una aguja grande y un ‘empuje’, “tipo un dedal pero que se pone en la palma de la mano”, explica Sulene. No hay tela que se les resista y lo mismo fabrican alpargatas de algodón, que de lino, bordadas o incluso de cuero.
"Hay que probárselas"
A lo largo de estos años el número de pares, que fabrican a una media de un par por hora, ha crecido de tal manera, que “tuvimos que cambiar de lonja”. La antigua se les quedó pequeña para tantas alpargatas y tan variadas, porque “además de las básicas, hacemos alpargatas con cuña, personalizadas para bodas o comuniones y cada vez más números grandes para hombres”.

En Alben Alpargatas Artesanas el calzado se fabrica a mano, de forma artesanal y con mimo, pero no solo eso, también se vende “como toda la vida”, desde detrás del mostrador. Aceptan pedidos por Instagram pero Sulene prefiere el cara a cara con sus clientes, antes que las ventas online, “porque las alpargatas hay que probárselas”, puntualiza. La pareja espera poder seguir confeccionando alpargatas durante los próximos años y así "poder jubilarnos con la aguja en la mano".

