Euskadi

¿Los caseríos vascos, en peligro?: el fuego se ceba en 2026 con ellos y reduce a cenizas algunas de estas edificaciones

Las llamas devoran el caserío Zabalaga en Azpeitia
El caserío de Azpeitia ardió durante nueve horas hasta que pudo ser sofocado y ha quedado arrasado.. Euskadi Bomberos
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San SebastiánLos caseríos, esas imponentes construcciones que salpican de blanco y piedra las verdes praderas y montes vascos, y que se han convertido en un elemento icónico de esta tierra, ¿peligran? La pregunta no es baladí y es que en lo que llevamos de 2026, varias de estas casonas típicamente vascas han desaparecido tras ser devoradas por voraces incendios que han reducido siglos de historia a cenizas y que, en ocasiones, se han cobrado víctimas mortales, como ocurrió hace dos años en el incendio del caserío Auzokoa de Ajangiz. En otras, como en el caserío Obena de Oleta, la tragedia se ceba con ellos con dos incendios en 15 años.

En lo que llevamos de año, se han destruido baserris, por culpa de los incendios en Álava, en Vizcaya y en Guipúzcoa, precisamente en esta última provincia se ha registrado esta misma semana, el de que, de momento, es el último incendio.

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Ocurrió en Azpeitia y nueve horas bastaron para que las llamas, que se originaron sobre las 21 horas del miércoles 9, por causas que aun se investigan, destruyeran el caserío Zabalaga de Nuarbe. Los bomberos trabajaron toda la noche para sofocar el incendio sin poder evitar que de este caserío del barrio Elosiaga de Azpeitia apenas hayan quedado en pie sus ennegrecidos muros exteriores.

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El mismo final tuvo un caserío de la localidad alavesa de Bitoriano recién estrenado el nuevo año. En aquel caso, el fuego se inició en el tejado y a los bomberos les bastó poco más de hora y media para darlo por controlado, lo que no evitó que el tejado se desplomara sobre el interior de la casa y que acabara con todo lo que allí había. Solo un par de meses más tarde, en marzo, otro incendio se desató en un caserío, esta vez de Gatika (Vizcaya).

Renacer o desaparecer

A veces, como en el caso de Azpeitia y como ocurrió en mayo de 2025 en el caserío Obena de Oleta (Álava) estos fuegos dejan una pavorosa estampa visible a kilómetros de distancia. La madera de estas edificaciones rurales se convierte en combustible que aviva unas llamas que tiñen de naranja la negra noche. Pero los incendios no discriminan y, en otras ocasiones, se desatan en horario diurno, como ocurrió en 2024 en el vizcaíno caserío Auzokoa de Ajangiz, donde dos personas, una mujer y un hombre de avanzada edad perdieron la vida en el incendio de la que era su vivienda y que comenzó a las 10 de la mañana.

En muchos casos es la propia localización del caserío la que se convierte en una trampa. Ubicados en lugares aislados, en zonas altas del monte y con accesos a veces únicos y complejos, dan alas al fuego, que se hace fuerte mientras los equipos de extinción no han tenido tiempo, siquiera, de llegar al lugar.

Sea como fuere lo cierto es que la desaparición de estos caseríos, representantes de la construcción tradicional vasca por excelencia, provoca una sensación de pesar que trasciende a la de los propietarios afectados. Vecinos de caseríos próximos cruzan los dedos para que algo parecido no les ocurra a ellos, otros se pregunta qué ocurrirá una vez los restos dejen de humear, si el caserío quemado renacerá de sus cenizas o si se perderá para siempre, conscientes de que rehabilitar una de estas edificaciones requiere un desembolso económico a veces proporcional a las dimensiones de estas casonas vascas.