Cáncer

Euskadi detecta cerca de 9.000 cánceres en 10 años gracias a los cribados: "Sentirse bien no significa que no haya una enfermedad"

En 2025, se diagnosticaron 552 casos de cáncer de mama en Euskadi.. Irekia
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Vitoria-GasteizLa sanidad pública vasca ha detectado cerca de 9.000 cánceres en Euskadi durante los últimos diez años, gracias a los programas de cribado de Osakidetza. La detección precoz de cánceres en estados iniciales, pero también de lesiones premalignas se ha convertido en la piedra angular de tratamientos menos agresivos, mayores posibilidades de curación y de que algunas alteraciones no lleguen a convertirse en un cáncer.

Solo durante el pasado año se diagnosticaron 844 casos, en los tres programas poblacionales de cribado de cáncer de Osakidetza: 552 de cáncer de mama, 266 de cáncer colorrectal y 26 de cérvix.

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A esa cifra habría que sumar las miles de lesiones premalignas que podrían llegar a ser un cáncer invasivo y que se detectan a tiempo para ser tratadas y evitar que aparezca un cáncer. El coordinador de Atención Oncológica y Cribados del servicio vasco de Salud, David del Valle, analiza estos resultados y los desafíos a los que se enfrentan a corto plazo los cribados de cáncer en Euskadi.

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P: La cifra es impactante, cerca de 9.000 cánceres invasivos detectados en una década...

R: Es una cifra muy importante, pero su impacto real es mucho mayor que esos 9.000 cánceres diagnosticados, porque por un lado, el cribado permite detectar en un estadio inicial, antes de que se extiendan, cánceres invasivos que ya existen, pero que todavía no han provocado síntomas. En ese momento las posibilidades de curación son mayores y los tratamientos suelen ser menos agresivos. Pero, por otro lado, también permite detectar lesiones premalignas: alteraciones que todavía no son un cáncer invasivo, pero que podrían llegar a convertirse en él con el paso del tiempo, al detectarlas y tratarlas, podemos evitar que algunos cánceres lleguen a aparecer. Es lo que sucede, por ejemplo, con determinadas lesiones del cuello uterino o con los pólipos avanzados del colon.

P: ¿Cuáles son los tipos de cáncer más detectados a través de los cribados?

R: En los últimos tres años, los tres programas de cribado de Osakidetza (mama, colon y cuello uterino) han detectado anualmente alrededor de 615 cánceres invasivos de mama, 240 cánceres colorrectales y 34 cánceres de cuello uterino. En conjunto, cerca de 900 cánceres invasivos al año. Pero, además, cada año también detectamos aproximadamente 138 carcinomas in situ de mama, 2.900 lesiones avanzadas de colon y 680 lesiones de alto grado en el cuello uterino.

P: ¿Cuántos de esos diagnósticos se han producido en estadios tempranos?

R: Los datos de nuestros programas muestran que el 66,7% de los cánceres invasivos de mama, el 69,3% de los cánceres colorrectales y el 82,3% de los cánceres de cuello uterino detectados mediante cribado se diagnostican en estadios iniciales. Esto contrasta con los cánceres diagnosticados después de la aparición de síntomas, que tienen una mayor probabilidad de encontrarse en estadios avanzados.

Por eso el cribado no busca simplemente detectar más cánceres, sino encontrarlos antes, cuando podemos ofrecer mejores posibilidades de cura y tratamientos menos agresivos.

P: ¿Qué porcentaje de los cánceres diagnosticados se detecta a través de un programa de cribado?

R: El porcentaje varía mucho según, entre otras cosas, el tipo de cáncer o la edad de la población incluida. La mejor cifra la tiene el cribado de cérvix, del que disponemos de datos desde el 2018, con un total de 260 cánceres detectados a través del programa, lo que supone el 33,8% del total.

En Euskadi, durante 2024 ampliamos el cribado de colon hasta los 74 años. También estamos ampliando progresivamente el de mama: en 2026 hemos comenzado a incorporar a las mujeres de 48 años, en 2027 empezaremos a invitar desde los 45 y, posteriormente, extenderemos de forma gradual la edad máxima hasta los 74 años. Estas ampliaciones permitirán que el cribado llegue a una mayor proporción de la población en riesgo.

P: ¿Cómo ha evolucionado la detección de estos cánceres durante los últimos años?

R: En los cribados de mama y colon existe una tendencia de ligero aumento en el número de cánceres detectados. En el caso del colon, el incremento ha sido más evidente en 2025, tanto en los cánceres invasivos como en las lesiones premalignas. Esto es debido a que el programa se amplió recientemente y comenzó a invitar también a las personas de entre 70 y 74 años.

En cérvix estamos viendo un descenso significativo en 2025. Esto puede estar debido a ser un programa más reciente, que comenzó en 2018 y terminó de invitar por primera vez a toda su población diana diciembre de 2024. Durante esa primera ronda detectaron lesiones y cánceres que podían llevar tiempo presentes sin haber producido síntomas. Una vez completada esa primera vuelta, es esperable que disminuya el número de canceres detectados en las rondas posteriores, porque ya no estamos examinando por primera vez a toda la población. A partir de ahora, el objetivo es detectar las nuevas lesiones que vayan apareciendo y, sobre todo, tratarlas antes de que lleguen a convertirse en un cáncer invasivo.

P: ¿Cómo se realizan los cribados para cada tipo de cáncer?

R: En el cribado de mama, actualmente se invita cada dos años a las mujeres de entre 48 y 69 años a realizarse una mamografía. Si se observa alguna imagen que requiere más estudio, pueden realizarse otras pruebas, como una ecografía o, cuando sea necesario, una biopsia. En 2027 comenzaremos a invitar también a las mujeres desde los 45 años y, posteriormente, ampliaremos de forma progresiva la edad máxima hasta los 74.

En el cribado de colon, se invita cada dos años a las personas de entre 50 y 74 años. Reciben en su domicilio un kit para recoger una pequeña muestra de heces, que después entregan en su centro de salud, y que permite detectar pequeñas cantidades de sangre. El resultado se comunica por SMS en aproximadamente 48 horas. Si es negativo, la persona volverá a ser invitada dos años después. Si es positivo, se le cita con su médico o médica de familia para solicitar una colonoscopia, que se intenta realizar en menos de 30 días. Es importante recordar que un resultado positivo no significa necesariamente que exista un cáncer, en el 70% de las veces se extirpara una lesión premaligna.

En el cribado de cuello uterino, se invita a las mujeres y a otras personas con cuello de útero de entre 25 y 65 años. Entre los 25 y los 29 años se realiza una citología, que, si es normal, se repite cada tres años. A partir de los 30 años se utiliza una prueba para detectar el virus del papiloma humano o VPH y, si el resultado es negativo, se repite cada cinco años. La muestra la recoge habitualmente una matrona en el centro de salud. Si el resultado está alterado, el seguimiento depende del tipo de hallazgo. Además, desde este año, las mujeres correctamente vacunadas frente al VPH antes de los 15 años pueden comenzar el cribado a los 30, porque presentan un riesgo mucho menor de desarrollar esta enfermedad.

P: ¿Qué ocurre cuando un cribado arroja un resultado sospechoso, cuánto tiempo pasa hasta que se confirma o descarta el diagnóstico?

R: Es importante aclarar que una prueba de cribado alterada no significa que la persona tenga cáncer. Significa que esa persona tiene mayor riesgo de poder tener esa enfermedad o una lesión premaligna, por lo que debemos estudiar con mayor detalle.

Cuando una prueba de cribado presenta un resultado alterado, se activa un circuito preferente para realizar las pruebas complementarias necesarias: una ecografía o una biopsia de mama, una colonoscopia o una colposcopia. El tiempo necesario para confirmar o descartar el diagnóstico depende del tipo de cribado y de las pruebas que haya que realizar. En general, el objetivo es que el estudio complementario se realice en un plazo aproximado de un mes. Si finalmente se confirma un cáncer, se activa de inmediato el circuito asistencial correspondiente para que la persona sea atendida por el equipo especializado.

P: ¿Cuántos de los vascos que son invitados a participar en los cribados se animan finalmente a hacerlo?

R: En Euskadi, tenemos tasas de participación muy altas, pero no nos conformamos. En 2025 participó el 81,9% de las mujeres invitadas al cribado de mama y el 71,7% de las personas invitadas al cribado de colon. En el cribado de cuello uterino, el 66,5% acudió durante el primer año después de recibir la invitación, y la participación acumulada alcanza aproximadamente el 70% si incluimos a quienes acuden más tarde. Esta última cifra es especialmente relevante porque coincide con uno de los objetivos establecidos por la Organización Mundial de la Salud para avanzar hacia la eliminación del cáncer de cuello uterino: vacunar al 90% de las niñas, cribar al 70% de la población diana y tratar al 90% de las lesiones detectadas.

P: ¿Hay algún colectivo en Euskadi especialmente reacio a participar en los cribados?

R: En los cribados de mama y colon, la participación aumenta con la edad, mientras que en el cribado de cuello uterino, la participación es más estable entre las distintas edades, aunque aumenta ligeramente entre los 40 y los 49 años. También encontramos diferencias entre hombres y mujeres en el cribado de colon, aunque los varones presentan mayor riesgo de sufrir lesiones, participan menos. Lo hace el 73,8% de las mujeres, frente al 69,5% de los hombres.

En cualquier caso, no existe un único perfil de persona que no participa ni una sola causa que lo explique. Tenemos que conocer mejor las barreras de cada persona y de cada colectivo y adaptar los programas a ellas. En definitiva, no queremos conformarnos con una participación global alta: queremos que el cribado llegue también a las personas a las que tradicionalmente resulta más difícil llegar.

P: ¿Qué está haciendo Osakidetza?

R: Estamos diseñando circuitos específicos para facilitar el acceso al cribado de personas que pueden encontrar mayor dificultades, como quienes están en centros penitenciarios o ingresadas en centros de salud mental.

Por otra, estamos buscando formas más sencillas de realizar las pruebas. Un buen ejemplo es el piloto de autotoma de VPH que desarrollamos desde mayo y que está dirigido a mujeres que habían recibido la invitación hacía más de un año y todavía no habían participado. Les enviamos un kit a su domicilio para que puedan recoger ellas mismas la muestra y entregarla después en su centro de salud, evitando así la necesidad de acudir a una consulta para realizar la prueba. Los primeros resultados están siendo positivos y nuestra intención es ir extendiendo progresivamente esta estrategia.

P: ¿Cuántas vidas se calcula que han podido salvar estos programas en Euskadi a lo largo de estos años?

R: No es posible dar una cifra exacta. En el cribado de cuello uterino, en 2024 se diagnosticaron 97 canceres de cérvix en Euskadi. De los 35 detectados mediante el programa, más del 91% se encontraban en un estadio inicial. En cambio, entre las mujeres que habían sido invitadas pero no participaron se detectaron 23 cánceres, de los cuáles 22 se diagnosticaron en estadios avanzados. Teniendo en cuenta que la supervivencia es mucho mayor cuando el cáncer se detecta en una fase inicial, estimamos que, de las 97 mujeres diagnosticadas en 2024, alrededor de 15 podrían seguir vivas a los cinco años gracias a que el cribado permitió detectar antes la enfermedad.

Menos muertes

P: ¿La detección mediante cribado esta contribuyendo a reducir la mortalidad por estos tumores en Euskadi?

R: Sí. Los datos muestran una reducción muy importante de la mortalidad. Un estudio reciente del equipo del programa vasco, publicado en JAMA Network Open, analizó la evolución de la mortalidad por cáncer colorrectal en Euskadi entre 2004 y 2024. En las personas de entre 50 y 69 años, se redujo un 50,1 por ciento. Además, el cambio de tendencia comenzó a observarse en 2012, solo tres años después de la puesta en marcha del cribado.

Debemos ser rigurosos: en ese descenso también han influido la mejora de los tratamientos y otros avances asistenciales. Sin embargo, el momento en el que cambia la tendencia, la detección de más del 70% de los tumores en estadios iniciales y la comparación con la evolución esperada sin el programa indican que el cribado ha tenido un papel fundamental.

En el cribado de mama también observamos resultados muy positivos. En 2025 se detectaron 786 lesiones malignas, entre cánceres invasivos y carcinomas in situ. Casi tres de cada cuatro fueron diagnosticadas antes de que el tumor fuera invasivo o cuando todavía se encontraba en un estadio inicial. La evidencia internacional indica que participar regularmente en el cribado mamográfico reduce aproximadamente entre un 20% y un 40% el riesgo de morir por cáncer de mama. Dicho de una forma sencilla: puede reducir ese riesgo alrededor de un tercio.

P: ¿Cuál es el principal reto de los programas de cribado de Osakidetza?

R: El principal reto actual es conseguir que los programas lleguen también a quienes todavía no participan. Por eso estamos incorporando recordatorios, nuevas vías de comunicación, creando circuitos específicos para colectivos con dificultades de acceso y probando alternativas como la autotoma vaginal de VPH. El programa debe adaptarse a las personas, y no esperar que todas las personas puedan adaptarse al mismo circuito. Otro gran reto es seguir mejorando la calidad y la precisión de los cribados.

El futuro de la oncología: evitar que el cáncer aparezca

P: ¿Se está estudiando la incorporación de nuevos tipos de cáncer a los programas de cribado?

R: Sí. Actualmente participamos en dos proyectos europeos que estudian posibles estrategias de cribado para el cáncer de próstata y el cáncer de pulmón. Sin embargo, todavía están en fase de investigación y no hay una fecha prevista para convertirlos en programas poblacionales.

En el cáncer de próstata estamos evaluando un modelo más preciso y adaptado al riesgo de cada persona. Combina el análisis del PSA con otros marcadores de riesgo y, cuando está indicado, con una resonancia magnética. El objetivo no es detectar cualquier cáncer de próstata, sino identificar aquellos que realmente pueden ser peligrosos. Así se pretende evitar biopsias, diagnósticos y tratamientos innecesarios.

En el cáncer de pulmón, que es la principal causa de muerte por cáncer en Euskadi, participamos en el proyecto europeo LUCIA. Este estudio busca identificar mejor a las personas con mayor riesgo, teniendo en cuenta no solo la edad y el consumo de tabaco, sino también otros factores que pueden influir en la aparición de la enfermedad.

P: ¿Hay algún dato de los programas de cribado que le haya sorprendido especialmente en el último año?

R. Uno de los datos que más me ha impactado este año es que ha habido varias publicaciones, entre ellas la de nuestro equipo de cribado de colon en JAMA o la publicada por Langselius en The Lancet Global Health, que señalaban que se estima que casi la mitad de las muertes en personas diagnosticadas de cáncer podrían evitarse mediante prevención, detección precoz y un acceso adecuado al tratamiento. Son cifras extraordinarias que vienen a demostrar que el futuro de la oncología no depende únicamente de disponer de tratamientos cada vez mejores. También depende de evitar que el cáncer aparezca, detectarlo antes y conseguir que esas oportunidades lleguen a toda la población. Y es precisamente por esto por lo que una de las líneas estratégicas del Plan Oncológico Integral de Euskadi 2025-2030 es la prevención y el diagnóstico precoz. El objetivo debe ser doble: tratar cada vez mejor el cáncer, pero también evitar todos los cánceres que podamos y detectar los restantes lo antes posible.

“Si recibes una invitación, participa”

P: ¿Qué le diría a una persona que recibe una invitación para participar en un cribado pero que, al sentirse sana, opta por no acudir?

R: Pues, en primer lugar, que sentirse bien no significa, necesariamente, que no exista una enfermedad. Precisamente, el cribado se dirige a personas sanas, sin síntomas, porque busca detectar el cáncer en sus fases iniciales, cuando las posibilidades de curación son mayores y los tratamientos suelen ser menos agresivos, y por lo tanto la supervivencia es mayor.

Entiendo que a veces cuesta participar por falta de tiempo, por pereza o incluso por miedo al resultado. Pero no acudir no hace que el riesgo desaparezca; únicamente puede retrasar la oportunidad de detectarlo a tiempo.

En medicina no siempre podemos evitar que una enfermedad aparezca, de hecho, generalmente tratamos las enfermedades una vez que han aparecido. Con algunos cánceres, sin embargo, sí tenemos una oportunidad real de prevenirlos, de diagnosticarlos antes de que produzcan síntomas. Por eso, mi mensaje sería muy directo: si recibes una invitación, participa. Es una prueba sencilla que supone muy poco tiempo y tiene un enorme impacto en la salud. Este pequeño gesto puede evitar un cáncer o salvarnos la vida.