Un vecino de Valdeorras, premiado con el Gordo de Navidad, protagoniza una historia "de anuncio": "Es como un cuento de hadas"
Cuando escucha el nombre de su benefactor, a este vecino de Valdeorras se le caen las lágrimas
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OurenseUn vecino de Valdeorras se convirtió el pasado 22 de diciembre en el protagonista de una nueva versión de un emotivo anuncio de la Lotería de Navidad, ahora hecho realidad, y que recuerda al anuncio del año 2014, cuando el cliente de un bar recibe como regalo un décimo premiado.
Mario, nombre ficticio del hombre agraciado con la suerte y con la buena fe de quien se cruzó en su camino, prefiere mantenerse en el anonimato, pero ha contado en La Región que esta es una de cosas que “no es que pase una vez en la vida, es que no pasa nunca”.
Este vecino de la comarca de Valdeorras había hecho un favor un par de meses antes de Navidad a un hombre, llevándole un tronco al aserradero, para cortarlo. Como agradecimiento por el favor, el hombre le dijo que le compraría un décimo de Navidad. Pero Mario no tenía ni foto ni conocía el número. “La cosa quedó así,” recuerda, “ni me dijo el número, ni me mandó la fotografía, nada de nada”, ha explicado ahora este vecino de Valdeorras.
La llamada de teléfono que cambió su vida
Hasta el día del sorteo, porque el 22 de diciembre, Mario recibió una llamada que cambió su vida. Con el número del Gordo ya conocido, y mientras las primeras botellas de cava se descorchaban en varios puntos del país, ese hombre que Mario casi había olvidado lo llamó y le dijo: “¿No tienes pensado venir a buscar el décimo?”
Mario no entendía nada: “Le pregunté de qué décimo me estaba hablando y me explicó que era el que me había comprado por el favor que le había hecho, y que estaba premiado”. Mario, incrédulo en ese momento, le contestó de malos modos y le colgó el teléfono; “No estoy para bromas” le dijo.
Pero tras cortar la comunicación tuvo una corazonada y pensó “y si es cierto?” , así que se lo contó a su mujer, quien se apresuró a llamar de nuevo al hombre. Unos minutos después este le mandó una fotografía con el décimo premiado, efectivamente, con el Gordo de Navidad. La euforia fue absoluta y esa misma noche Mario y su mujer viajaron hasta la provincia de León para recogerlo. “Ella no se lo creyó hasta que tuvo el décimo en la mano”, recuerda ahora Mario.
"Es como un cuento de hadas, es para no creer" cuenta ahora, con el décimo ya ingresado en el banco
“Me lo tenía guardado en su casa”, cuenta. No solo eso, en la parte superior del boleto estaba anotado a lápiz el nombre de la persona a la que debía entregarlo. “Esto es como un cuento de hadas, es para no creer. Que te compren un décimo, que te lo guarden, que no sepas el número, que justo sea el Gordo y que te llamen el día del Sorteo para dártelo… eso no es que pase una vez en la vida, es que no pasa nunca. Le estaré eternamente agradecido porque 400.000 euros no es ninguna broma”, confiesa aún emocionado. Al día siguiente Mario ingresó el boleto en el banco. Y aunque sigue trabajando como antes del premio, confiesa que ahora vive “con más tranquilidad”.
La historia de este hombre de León, anónimo repartidor de fortuna, aún tiene un capítulo más, ya que el hombre compró también otro décimo con el número del Gordo para un compañero de profesión, para devolverle así otro favor. Este otro agraciado con la suerte tampoco tenía el décimo ni conocía el número.
La historia de Mario recuerda a la del anuncio de la Lotería de Navidad del año 2014. En él, Manuel, un hombre, casi obligado por su mujer, acude al bar de Antonio, donde sus vecinos celebran su suerte mientras que él, que no había comprado ningún décimo, pide un café en la barra del bar, resignado a su mala suerte. Es entonces cuando a la hora de pagar, Antonio el dueño del bar le dice que son 21 euros, “un euro por el café y 20 euros de esto”. En ese momento, le entrega un décimo con el número premiado que le había guardado, recordando que el verdadero premio "es compartirlo".
Ahora Mario, más de una década después se ha hecho sin quererlo, protagonista de una historia parecida, y cuenta emocionado que cada vez que escucha el nombre de su benefactor que también quiso compartir su suerte, se le saltan las lágrimas “porque me arregló la vida, no te hace rico, pero te hace vivir más relajado”, confiesa.