A Coruña

El increíble don de Agustín, el jubilado de Arzúa, A Coruña, que convirtió un tronco en una réplica de un Seat 600: “No tiene precio”

El artesano gallego orgulloso del vehículo que él mismo talló en madera de pino
El artesano gallego orgulloso del vehículo que él mismo talló en madera de pino. CEDIDA
  • Aunque de niño fabricaba sus propios juguetes de madera, desconocía que podía llegar a crear piezas de tal creatividad

  • Su obra más llamativa es un coche de madera capaz de circular pero tiene otros objetos que sorprenden por su nivel de detalle

Compartir

Muchas personas aseguran que al jubilarse se aburren y que en muchas ocasiones no saben cómo llenar el tiempo que antes ocupaba el trabajo. Unos optan por viajar, como esta maestra estadounidense que se ha embarcado en un crucero de lujo y otros, como Agustín José Villar Andrade, vecino de Arzúa jubilado hace unos cuatro años, descubren que tienen un talento innato y ocupan su tiempo en crear verdaderas obras de arte. A sus 70 años, Agustín ha encontrado en la madera una fuente inagotable de creatividad y le faltan horas a sus días para crear todo lo que su imaginación le propone.

Lo que empezó como una afición para ocupar su tiempo libre se ha convertido en una colección de piezas únicas que va desde pequeños objetos artesanales hasta sillas, maceteros, lámparas, una bicicleta, una vespa o su objeto más preciado: un impresionante Seat 600 de madera que no solo parece real, sino que también puede circular y que ha hecho que medios de comunicación locales y nacionales se interesen por él.

PUEDE INTERESARTE

Su capacidad para transformar la madera recuerda a la de un gran escultor. Sin haber trabajado nunca como carpintero ni como mecánico, Agustín ha desarrollado de forma autodidacta una habilidad que sorprende a cualquiera que conozca sus creaciones o eche un ojo a su cuenta de Instagram, creada por su hija Lucía Villar para dar a conocer el gran talento de su progenitor, del que se siente muy orgullosa.

PUEDE INTERESARTE

“De niño se hacía sus propios juguetes”

Su hija, Lucía Villar, asegura que esa creatividad viene de muchos años atrás. "Mi padre siempre nos contó que de niño hacía sus propios juguetes de madera porque apenas tenía con qué jugar, pero nunca imaginamos que fuera capaz de crear todo lo que ha creado después", explica en declaraciones a Informativos Telecinco.

Durante décadas, Agustín trabajó en el monte, primero cortando madera y después realizando labores de desbroce y plantación. Sin embargo, fue al llegar la jubilación cuando pudo dedicar todo su tiempo a una afición que llevaba años cultivando.

El punto de inflexión llegó casi por casualidad. "Todo empezó cuando desenterró las enormes raíces de un árbol y decidió aprovecharlas para hacer unas sillas. A partir de ahí ya no dejó de crear cosas. Cada una era más impresionante que la anterior", recuerda Lucía.

Desde entonces, en el taller que tiene junto a su vivienda comenzaron a aparecer muebles, maceteros, lámparas, adornos y todo tipo de objetos decorativos, que darían paso a proyectos mucho más ambiciosos.

Agustín en su vivienda de Arzúa junto a su creación más preciada

Compró un Seat 600 original para usar sus piezas

"Mi padre tiene muchísima imaginación. Las cosas primero las hace en su cabeza y luego busca la manera de construirlas", cuenta su hija. "Un día nos dijo que iba a hacer una bicicleta y nadie se lo creyó. Cuando la terminó nos dejó a todos con la boca abierta. Después llegó la moto y ya el Seat 600 fue algo increíble."

Para construir ese vehículo compró un Seat 600 original del que aprovechó el motor y buena parte de la mecánica. Durante un año fue elaborando una carrocería íntegramente de madera de pino gallego, pieza a pieza, hasta conseguir una réplica funcional que conserva ruedas, suspensión, caja de cambios, sistema de frenos y otros elementos originales.

El resultado es un automóvil que puede circular y que se ha convertido en la gran atracción de las ferias de época a las que acude, como las de Curtis o Boimorto, dejando constancia en la prensa local, donde aseguran que muchos visitantes dudan de que sea auténticamente funcional hasta que Agustín abre el capó y muestra que bajo la madera sigue latiendo el corazón mecánico del pequeño utilitario. A pesar de ello, el artesano apenas lo utiliza. "Puede circular perfectamente, pero por razones obvias prácticamente no lo usa", explica Lucía. "Después de todo el trabajo que le costó, prefiere conservarlo y tampoco es un vehículo que pase la ITV".

“No tiene precio”

Tampoco lo ha puesto en venta. Su obra despierta tanta admiración que no son pocos los interesados en adquirirla. Sin embargo, Agustín nunca ha querido desprenderse de su creación. "Hay muchas personas que le han preguntado si lo vende, pero siempre responde lo mismo: 'No tiene precio'", afirma su hija.

Aunque también recibe encargos para fabricar muebles u otras piezas de madera, rara vez acepta. "Solo hace alguna cosa de favor para conocidos. Nunca ha querido convertir esto en un trabajo porque para él es un hobby, una forma de disfrutar creando".

Ese carácter autodidacta hace todavía más llamativa su trayectoria. "Cuando empezó apenas tenía herramientas y las fue comprando poco a poco. Lo más curioso es que ni siquiera sabía utilizarlas. Todo lo ha aprendido él solo, probando, equivocándose y mejorando. Tiene muchísimo mérito", destaca Lucía.

Lejos de dar por terminada su colección, Agustín continúa imaginando nuevos proyectos. En su taller siguen apareciendo pequeñas piezas decorativas y no descarta construir algún día un Citroën 2CV de madera, aunque reconoce que encontrar un modelo original para utilizar como base resulta cada vez más complicado. Mientras tanto, continúa demostrando que la creatividad no entiende de edades ni tiene límites.