Oficios

Antía, la estudiante gallega que cambió un aula por un pesquero para descubrir el oficio de sus abuelos: "Tenían 15 años cuando empezaron a pescar"

Antía Domínguez Piñeiroa, de 15 años, pasa un día embarcada en el pesquero Virxen do Rocío en Burela
La joven Antía Domínguez Piñeiroa, de 15 años, pasa un día embarcada en el pesquero Virxen do Rocío en Burela. Cedido
  • La alumna de 15 años del IES O Perdouro embarcó por primera vez en el pesquero Virxen do Rocío dentro del proyecto "Relevo Xeracional: O Futuro do Mar"

  • La experiencia le permitió conocer el trabajo diario de la pesca profesional y reivindicar un oficio que, a su juicio, "está muy poco valorado"

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BurelaA las siete de la mañana, cuando el puerto de Burela comenzaba a despertar, Antía Domínguez Piñeiroa se subía por primera vez a bordo de un pesquero para vivir una jornada que difícilmente olvidará. La estudiante de 15 años del IES O Perdouro dejó por un día las aulas para conocer desde dentro el trabajo de los profesionales del mar en una iniciativa que busca despertar vocaciones y favorecer el relevo generacional en la pesca gallega. La experiencia forma parte del proyecto "Relevo Xeracional: O Futuro do Mar", impulsado por los ocho Grupos de Acción Local del Sector Pesquero (GALP) de Galicia para acercar a los jóvenes a un sector estratégico para la comunidad. La iniciativa pretende mostrar la realidad de la profesión a través de embarques reales junto a marineros y patrones, en un momento en el que la falta de relevo generacional preocupa al sector.

Antía en el pesquero Virxen do Rocío junto al patrón Miguel Ángel y un marinero
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Un homenaje a la tradición familiar

La oportunidad llegó tras varias charlas sobre pesca organizadas en el instituto, aunque fue su padre quien le habló de la posibilidad de embarcar. Para Antía, la experiencia tenía además un significado especial porque sus dos abuelos fueron marineros desde muy jóvenes, concretamente comenzaron a su edad, 15 años, a trabajar en el mar. "No dudé en decir que sí. Mis dos abuelos fueron marineros y quería vivir lo que ellos vivieron", explica. Nacida y criada en Burela, asegura que siempre ha convivido con la cultura marinera, aunque reconoce que, por ahora, no tiene decidido dedicar su futuro profesional a este sector. "No es mi primera opción, pero tampoco se puede decir que no a nada", afirma.

Ocho horas descubriendo la realidad del mar

La jornada comenzó a las siete de la mañana a bordo del Virxen do Rocío, donde Antía compartió trabajo con el patrón, un marinero y la técnica del GALP A Mariña-Ortegal. Durante ocho horas conoció de primera mano cómo transcurre una jornada de pesca con nasas para capturar nécoras y pulpos. La embarcación navegó desde Burela por la costa hasta San Cibrao, donde fueron largando y recogiendo las nasas antes de regresar al puerto para descargar las capturas en la lonja. Miguel Ángel Coute Cillero, el patrón del barco, contaba así la experiencia de compartir su día con la joven: "Fue una experiencia genial. Yo llevo como patrón 6 años y veo que hace falta relevo, nadie quiere trabajar en algo tan físico aunque todo sea un poco mito. Yo creo que la pesca no es tan dura, simplemente es una gran desconocida, en parte por nuestra culpa, ya que somos un sector bastante cerrado."

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Además de observar el trabajo de la tripulación, la joven pudo participar en distintas tareas bajo supervisión y comprobar la importancia de respetar la normativa pesquera. Durante la jornada se devolvieron al mar los ejemplares fuera de talla y especies cuya captura no estaba autorizada, una práctica que le permitió entender el valor de la pesca responsable y la conservación de los recursos marinos.

"Es un trabajo muy duro y poco valorado"

Lejos de quedarse con la imagen romántica del oficio, Antía regresó convencida de la dureza que supone trabajar en el mar. "Es un trabajo muy duro y está muy poco valorado. Deberíamos poner mucho más en valor lo que hacen cada día", asegura. También destaca la acogida que recibió por parte de la tripulación, que hizo que la experiencia resultara "muy agradable" desde el primer momento. "Me sentí muy acogida y muy querida. Me hicieron la estancia muy amena y, además, no me mareé", comenta entre risas.

Las condiciones del mar tampoco acompañaron especialmente. Según explicó la tripulación, la mar en calma y la influencia de la luna llena condicionaron las capturas, permitiendo a la estudiante comprobar que la pesca depende en gran medida de factores naturales que escapan al control de los profesionales. Aún así consiguieron pescar nécoras y pulpos, lo cual pararon a dejar en el puerto al volver de San Cibrao, pasando por la mítica Marosa.

Antía posa con los pulpos en la lonja de Burela

Una experiencia para despertar nuevas vocaciones

La experiencia de Antía también ha sido especial para su familia, muy vinculada históricamente al mar. Su padre, Iván Domínguez Sánchez, considera que iniciativas como esta deberían repetirse porque ayudan a los jóvenes a conocer una realidad que muchas veces desconocen. "Todo lo que se haga para acercar el mar a los jóvenes está bien y se debería fomentar", afirma. Recuerda que tanto su padre, como su suegro fueron marineros y que este embarque ha supuesto para su hija "un pequeño homenaje" a esa tradición familiar.

Iván destaca además que la pesca ha evolucionado notablemente gracias a la tecnología incorporada en las embarcaciones, algo que su hija también pudo comprobar durante la jornada. Aunque Antía todavía no sabe cuál será su futuro profesional, tiene claro que recomendaría la experiencia a cualquier compañero. "Aprendes muchísimo y descubres un trabajo que merece mucho más reconocimiento del que tiene", concluye.