Alba Padró, una de las mayores expertas en lactancia de España: "Una buena preparación se basa en tres pilares fundamentales"

Alba Padró, una de las mayores expertas en lactancia de España, vuelve con un nuevo libro donde el protagonista de la lactancia materna no es el bebé sino la madre
Casi la mitad de los bebés en España reciben lactancia materna exclusiva: "No solo es un alimento, sino que es una medicina"
La lactancia es uno de los momentos más importantes en la vida de una madre y de un bebé. Es ese momento en el que se inicia la alimentación en la vida de una persona, todo lo que ocurra entonces, como se ha demostrado científicamente, marcará el desarrollo de esa criatura. De hecho, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la lactancia materna es una de las formas más eficaces para garantizar la salud y la supervivencia de los niños. Por ser tan importante, hay muchos mitos en torno a ella y un gran debate que muchas veces enfrenta a las madres de forma injusta, por su decisión de dar o no el pecho. Detrás puede haber miles de situaciones: madres que pueden dar el pecho y lo dan felizmente más allá de los tres años, madres que quieren pero no pueden dar, madres que deciden no darlo, etc. En España, casi la mitad de los bebés reciben lactancia materna exclusiva, durante sus primeros seis meses de vida. Un 47%, concretamente, siendo el mejor dato de la serie histórica, y lejos del 15% de hace 30 años. Según la OMS y los pediatras, tiene numerosos beneficios, porque es segura y limpia y contiene anticuerpos que protegen de muchas enfermedades propias de la infancia. Además, suministra toda la energía y nutrientes que una criatura necesita durante los primeros meses de vida, y continúa aportando hasta la mitad o más de las necesidades nutricionales de un niño durante la segunda mitad del primer año, y hasta un tercio durante el segundo año.

Alba Padró es en España una de las expertas en lactancia más importantes, desde hace más de 27 años ha ayudado a numerosas madres con sus libros, charlas y divulgación en redes. Su primer libro 'Somos la leche', publicado en 2020, fue toda una revolución en el mundo de la lactancia y un manual que ha sido recomendado en numerosas consultas pediátricas de España. Después de ese éxito vendrían más libros, como 'Destete' o 'Mucha teta'. Este mes de abril publica 'Tu lactancia va a ser la leche' (Grijalbo, 2026), un libro donde el protagonista no es solo el bebé, sino también la madre: su cuerpo, sus emociones, sus deseos y sus límites. Esta es la entrevista que ha concedido a la web de Informativos Telecinco.
Pregunta: Eres una de los mayores referentes en lactancia materna en España. Desde tu primer libro 'Somos la leche', ¿cómo ha evolucionado la lactancia en nuestro país? ¿Qué sientes que ha cambiado tras tantos años acompañando a madres?
Respuesta: Llevo casi 27 años dedicada al mundo de la lactancia y, evidentemente, las cosas han evolucionado muchísimo. Sin duda, hoy existe mucha más información y, sobre todo, mucha más accesibilidad. Cualquier madre con un móvil en el bolsillo puede acceder en segundos a miles de contenidos específicos sobre lactancia: artículos, vídeos, asesorías, grupos de apoyo y testimonios de otras mujeres. Eso ha supuesto un cambio enorme respecto a hace años, cuando muchas madres llegaban a la maternidad prácticamente sin referencias y dependían casi exclusivamente de la experiencia de su entorno cercano o del criterio de un profesional sanitario, que no siempre tenía formación específica en lactancia.
Sin embargo, aunque la información está mucho más al alcance, hay algo que sigue ocurriendo: muchas mujeres, especialmente ante su primera experiencia, continúan sintiéndose muy perdidas. La información no siempre es sinónimo de conocimiento, y muchas veces además llega de forma fragmentada o contradictoria. Nos sigue faltando una base sólida sobre lactancia. Debería formar parte del conocimiento más básico entender cómo funciona el pecho, cómo se produce la leche, qué necesita realmente un recién nacido y cómo se comporta. Hemos mejorado mucho, sí, pero aún nos falta normalizar la lactancia como parte del conocimiento base sobre maternidad y fisiología femenina.
P: La lactancia materna es uno de los momentos que generan más nervios y dudas en las madres, eso es un hecho. ¿Por qué ocurre?
R: Los miedos están presentes durante todo el proceso. De hecho, muchas veces empiezan incluso antes del nacimiento. Durante el embarazo ya aparecen preguntas y preocupaciones: ¿podré dar el pecho?, ¿tendré suficiente leche?, ¿y si me duele?, ¿y si mi bebé no se agarra? Después llega el parto, con todo lo que implica física y emocionalmente, y la lactancia aparece casi de inmediato como una nueva responsabilidad. La realidad es que la lactancia, especialmente al principio, es un acto de enorme confianza: en el propio cuerpo, en el bebé y en un proceso fisiológico que muchas veces no conocemos bien. Y eso genera mucha vulnerabilidad. A esto se suma la sensación de responsabilidad absoluta. Muchas madres sienten que el bienestar y crecimiento de su bebé depende exclusivamente de ellas y de su cuerpo. Esa carga emocional es muy intensa.
Además, solemos recibir consejos de todas partes: familia, amigas, redes sociales, profesionales, experiencias ajenas… y no siempre coinciden. De hecho, muchas veces son completamente contradictorios, y eso incrementa todavía más la inseguridad.
P: ¿Cuáles son los miedos más frecuentes que te suelen trasladar en redes?
R: Los miedos más habituales tienen que ver con la cantidad y calidad de la leche, con el aumento de peso del bebé, con si está pasando hambre, con la duración de las tomas y, por supuesto, con el dolor. Muchas mujeres también temen “hacerlo mal”, como si existiera una única forma correcta de dar el pecho.
P: ¿Cómo se prepara una buena lactancia? Sabemos que es difícil prever cómo será realmente...
R: Claro, los planes son una cosa y la realidad puede ser otra muy distinta. Eso ocurre en la maternidad en general y también en la lactancia. A mí me gusta explicarlo con la metáfora de un viaje: cuando vamos a un país que no conocemos, podemos planificar, leer, informarnos y decidir qué nos gustaría visitar, pero sabemos que siempre habrá imprevistos. La lactancia funciona igual. No podemos controlar por completo cómo será la experiencia, porque intervienen muchos factores: cómo y cuándo nazca el bebé, cómo haya sido el parto, cómo se encuentre la madre física y emocionalmente, incluso el entorno de apoyo. Pero sí podemos prepararnos y la preparación se basa en tres pilares fundamentales: el conocimiento, la observación y la revisión de creencias.
P: A ver, explícanos en qué consiste cada uno...
R: El primero es aprender, conocimiento. Nunca es demasiado pronto para empezar a informarse sobre lactancia. Pensamos que con nueve meses basta, pero la realidad es que solemos llegar con muy poca información práctica. El segundo es observar. Ver a otras mujeres amamantando ayuda muchísimo. Durante generaciones hemos dejado de ver lactancias a nuestro alrededor, y eso nos ha desconectado de una imagen muy natural del proceso. Y el tercer pilar es revisar todos los mitos, miedos e ideas preconcebidas que hemos ido acumulando a lo largo de la vida. Muchas veces llegamos pensando que “seguro dolerá”, que “la leche puede no alimentar” o que “hay pechos que no sirven”, ideas que generan ansiedad incluso antes de empezar.
P: ¿Qué recomiendas cuando aparece dolor o grietas? ¿Qué problemas suelen haber detrás?
R: Lo primero y más importante: actuar cuanto antes. Si hay dolor, algo no está funcionando bien. El dolor no debe normalizarse. Muchas mujeres escuchan frases como “es normal que duela al principio” y eso hace que aguanten situaciones muy difíciles durante días o semanas. Siempre lo explico como la luz del salpicadero del coche: cuando se enciende, no la ignoras. Sabes que hay algo que revisar. Con la lactancia ocurre exactamente lo mismo. Las grietas y el dolor suelen ser la consecuencia de un problema de base, no la causa en sí misma. La mayoría de las veces hablamos de un agarre mejorable del bebé, una postura poco cómoda, una transferencia de leche ineficaz o, en algunos casos, un frenillo lingual limitante. Lo importante es pedir ayuda rápido, porque cuanto antes se detecta el origen, antes se puede resolver y menos impacto tendrá tanto a nivel físico como emocional. Muchas veces, con pequeños ajustes, la diferencia es enorme.
P: Cuando la lactancia no sale como se esperaba, aparece la culpa. ¿Cómo acompañas a esas madres? ¿Qué ayuda realmente en esos momentos?
R: La culpa es uno de los grandes temas de la maternidad. Está muy presente y, en muchas mujeres, aparece incluso antes de ser madres. Socialmente hemos aprendido a responsabilizarnos de todo, y en la maternidad esa sensación se intensifica muchísimo. Cuando la lactancia no va como una había imaginado, aparece la culpa, pero también aparece el duelo. Porque, al final, muchas veces no solo hablamos de una dificultad práctica, sino de la pérdida de una experiencia que se había idealizado. Hay madres que sienten que han fallado, aunque objetivamente no sea así.
Acompañarlas implica primero validar ese dolor. No minimizarlo con frases como “lo importante es que el bebé coma”, porque aunque eso sea cierto, emocionalmente puede no ser suficiente. Hay que dar espacio al duelo, permitir que puedan hablar, poner palabras a lo vivido y entender que hay muchos factores que escapan totalmente a su control. A veces basta con una conversación profunda para ordenar la experiencia; en otros casos es muy recomendable la ayuda de una psicóloga perinatal. Lo más importante es que la madre se sienta acompañada, escuchada y libre de juicio.
P: ¿Qué grandes crisis de lactancia se producen en el primer año del bebé?
R: ¡Muchas más de las que imaginamos! El primer año está lleno de cambios, y eso se refleja también en la forma en que el bebé mama. Una de las primeras es la llamada crisis de la segunda noche, conocida también como la “noche de las vacas locas”. Es un momento muy intenso en el que el bebé parece no separarse del pecho y muchas madres empiezan a pensar que no tienen suficiente leche, que no le llena el calostro, que se muere de hambre… o todo la vez. Sin embargo, lo que ocurre es justamente lo contrario: el bebé está estimulando la producción de leche para que en pocas horas su madre pase de tener calostro a tener leche.
Después suele llegar la crisis de los 15-20 días, luego la de las 6-8 semanas, y más adelante otras como la de los tres meses, que suele ser especialmente desconcertante porque el bebé parece distraerse más y cambiar radicalmente el patrón de tomas. Conocer estas crisis ayuda muchísimo a saber que son etapas normales del desarrollo.
"La culpa es uno de los grandes temas de la maternidad"
P: Hay mucho mito en cuanto a la duración del amamantamiento. ¿Hay un tiempo que tú consideres recomendado?
R: Nunca me atrevería a decirle a una madre cuánto tiempo debe dar el pecho. No me corresponde: son sus pechos, es su bebé, es su maternidad y es su decisión. Las recomendaciones oficiales existen y son importantes como marco sanitario, pero después cada familia tiene su propia realidad, sus tiempos, sus circunstancias y sus deseos. La duración de la lactancia debe responder al bienestar de la madre y del bebé, no a presiones externas ni a juicios sociales.
P: Lactancia, sueño, cansancio… ¿es inevitable? ¿Cómo se gestiona?
R: Este es otro gran tema. Los bebés no duermen como los adultos y muchas veces interpretamos como “problema” algo que en realidad es fisiológico. El cansancio forma parte de la maternidad temprana, pero el problema no es la lactancia en sí. El problema es que la sociedad está muy poco preparada para sostener la crianza. Se recomienda lactancia exclusiva durante seis meses, pero al mismo tiempo muchas mujeres tienen que reincorporarse al trabajo a las pocas semanas. La maternidad sigue penalizando y, de alguna forma, se espera que la mujer vuelva a su ritmo anterior como si nada hubiera cambiado. El bebé necesita contacto, alimento frecuente, regulación emocional y presencia. La sociedad, en cambio, pide productividad inmediata. Ese choque genera un agotamiento profunda y muchas veces la necesidad de realizar un destete.
