Sospecha que fue una “bebé robada” y busca a su madre biológica en Vigo y Ourense: “Sólo quiero conocer mi historia”
Rocío Villar, nacida en Vigo en 1973, busca a M.ª Isabel Pérez Pérez, la mujer que figura como madre biológica en su partida de nacimiento
Un poder que nunca ha conseguido localizar y el recuerdo de una monja a la que su madre adoptiva entregaba dinero alimentan sus dudas de haber sido “robada”
“Lo que quiero es encontrarla, viva o muerta”. Así de contundente desvela Rocío Villar la motivación que la lleva a buscar sus raíces. Ella no pide explicaciones ni tiene nada que reprochar. Tampoco pretende ajustar cuentas con el pasado. Tan solo quiere saber quién fue la mujer que la dio a luz, qué ocurrió con ella después de su nacimiento y si, al otro lado de esa historia, existe una familia que nunca ha conocido.
Rocío nació el 2 de septiembre de 1973 en el Hospital Municipal de Vigo, el centro sanitario que hoy ocupa el Nicolás Peña. Tiene 53 años y lleva buena parte de su vida intentando reconstruir sus primeros días. Ahora ha llevado sus sospechas a la Policía Nacional y ha presentado una denuncia para que le ayuden a localizar a su madre biológica, de quien tiene algunos datos que la sitúan a lo largo del tiempo entre Vigo y Ourense.
En su certificado de nacimiento aparece como madre una mujer de 21 años, vecina de Ourense y llamada M.ª Isabel; la misma que la inscribió en la Oficina número 2 del Registro Civil de Vigo, tal y como aparece en la documentación que llegó a manos de Rocío. Es uno de los pocos datos que tiene sobre su origen biológico, pero Rocío cree que incluso ese nombre podría no ser verdadero: “Oficialmente mi madre se llamaba M.ª Isabel Pérez Pérez, pero yo ya sospecho hasta de que ese nombre sea real”, explica a Informativos Telecinco.
Supo que era adoptada el día de su Primera Comunión
La noticia de que había sido adoptada no llegó acompañada de una explicación sobre sus orígenes. “Mi madre me dijo que era adoptada el día de mi Primera Comunión, aunque ya lo sabía porque en el colegio los niños me lo decían”, recuerda añadiendo como "dato importante" que iba a un colegio de monjas.
Con los años, algunos comentarios y recuerdos familiares hicieron que empezara a hacerse preguntas: “Era todo muy raro”, recuerda. Uno de ellos se le quedó especialmente grabado. Su madre adoptiva, según relata, llegó a decirle: “Para lo cara que fuiste, qué mal resultado me diste”.
Rocío asegura además que sufrió malos tratos durante su infancia. “Mi padre era un encanto, pero mi madre adoptiva me daba auténticas palizas”, sostiene. A lo que añade que “no me sentía querida, sólo quería una niña para hacer las tareas de la casa y cocinar”, algo que Rocío no hacía de buen agrado y solía rebelarse, confiesa.
Fue al conocer los primeros casos de bebés que sospechaban haber sido separados ilegalmente de sus familias cuando comenzó a plantearse que su propia historia podía esconder algo más. Desde entonces ha ido recopilando certificados, escrituras y documentos de aquel proceso de adopción que van llegando a cuentagotas gracias a la ayuda desinteresada de algunas personas.
Una adopción que sobre el papel parece legal
El expediente que ha conseguido reunir y que ha compartido con Informativos Telecinco, contiene documentos fechados entre septiembre y diciembre de 1973. En ellos aparecen las firmas y sellos de un juez, un secretario judicial, un notario y el Ministerio Fiscal, además de la intervención de un reputado abogado.
Aparentemente, todos los trámites se realizaron conforme a la legislación vigente. Sin embargo, hay un documento que Rocío considera fundamental y que no ha conseguido encontrar: el poder mediante el cual su madre biológica habría autorizado a otra mujer a actuar en su nombre durante la adopción.
Según consta en la documentación, Isabel habría otorgado ese poder a María Dolores, hermana de quien posteriormente sería la madre adoptiva de Rocío. Fue María Dolores quien aparece firmando en nombre de la madre biológica en distintos documentos del procedimiento.
El problema, según explica Rocío, es que ella no dispone de la escritura original que demostraría que ese poder existió. Lo ha vuelto a solicitar recientemente, todavía sin éxito.
La asociación SOS Bebés Robados Galicia conoce el caso y está asesorando a Rocío. Su presidenta, Estrella Vázquez, sostiene que la legislación vigente en 1973 exigía el consentimiento de los progenitores para la adopción y cuestiona que este pudiera prestarse mediante un poder. La duda que plantea el caso es precisamente cómo pudo completarse entonces un procedimiento en el que intervinieron distintas autoridades si ese consentimiento se realizó de esa manera.
El recuerdo de una monja y los regalos al cura
Hay también recuerdos de su infancia que Rocío ha recuperado con el paso de los años. Uno de ellos está relacionado con el hospital donde nació: “Recuerdo de pequeña ir con mi madre adoptiva al hospital. Recuerdo verla dándole un sobre a una monja”, asegura. “No puedo asegurar que fuera dinero pero churros no eran”, bromea con un humor muy particular.
En otra ocasión, al cruzarse en la calle con una señora que describe como “bajita, regordeta y con el pelo rubio mal teñido”, su madre adoptiva le dijo “algo así como que no le creyera nada si esa mujer le decía algo”, titubea Rocío, quien también recuerda que esa mujer les gritó: “Esa no es tu madre”, al pasar a su lado con el coche. También habla de una relación especialmente cercana entre su madre adoptiva y un sacerdote: “Mi madre le compraba ropa a medida al cura y zapatos italianos... incluso llegó a comprarle un coche”, relata.
Son recuerdos que no permiten por sí solos determinar qué ocurrió en 1973, pero que han contribuido a reforzar sus dudas sobre las circunstancias en las que llegó a su familia adoptiva: “No puedo asegurar sin pruebas que fuera una bebé robada pero es que es blanco y en botella”, añade.
Una dirección en Ourense como única pista
Rocío ha intentado seguir el rastro de la mujer que figura como su madre biológica. Entre la documentación que ha recopilado aparece una dirección en Ourense, en la zona de la Estación del Ferrocarril, que podría haber sido su domicilio en aquella época. Hace tiempo viajó hasta allí junto a su marido. Preguntaron a personas mayores de la zona por si podían reconocer el nombre de aquella mujer, pero no obtuvieron resultados.
Su búsqueda, sin embargo, no se limita a localizar a aquella mujer. Rocío quiere saber qué familia pudo quedar al otro lado de aquella adopción: “Quiero saber si tengo algún hermano”, afirma. Y trata de dejar claro que no busca enfrentamientos ni pretende reclamar nada a la mujer que aparece en sus documentos como su madre: “No pido explicaciones ni quiero reprochar nada, solo quiero conocer mi historia”, explica. Es una búsqueda que, después de más de cinco décadas, sigue teniendo para ella un objetivo muy sencillo: poner nombre y rostro a su pasado para cerrar una herida en su pecho que no acaba de cicatrizar.