Unas 80 personas se quedaron fuera de las salas durante la última semana tras comprar accesos duplicados en la reventa
Se trata de una práctica que preocupa a los empresarios del ocio nocturno, que insisten en comprar siempre en plataformas autorizadas
Llegan a la puerta de la discoteca, muestran el código QR en el móvil y descubren que no sirve porque ya lo ha utilizado alguien. El disgusto de quedar sin entrada y sin dinero amarga una noche que prometía diversión y que, para mas inri, deja en el cuerpo la horrible sensación de haber sido timado de la manera más tonta. Es el método de estafa que se está extendiendo por los locales de ocio nocturno de A Coruña y que ya ha dejado decenas de afectados en la ciudad.
El procedimiento es sencillo: los estafadores consiguen un código de acceso legítimo, hacen una captura de pantalla y venden copias a diferentes compradores. El primero que llega al establecimiento consigue entrar mientras que, los demás, descubren que han sido protagonistas de una estafa al comprobar que su código ya no es válido.
La reventa se ha convertido ya en una de las principales preocupaciones de las discotecas coruñesas, que advierten de que estas prácticas perjudican tanto a los clientes como al funcionamiento de las propias salas.
Unas 80 personas se quedaron fuera en una semana
La dimensión del problema preocupa especialmente por el número de afectados. Según responsables de uno de los principales establecimientos de ocio de A Coruña, durante la última semana unas 80 personas no pudieron acceder a la sala por haber sido víctimas de este engaño, según recoge el diario local El Ideal Gallego.
Las fiestas de los jueves concentran buena parte de estos episodios, aunque la práctica afecta a diferentes locales y en distintos días. El perfil más habitual de las víctimas es el de jóvenes universitarios que recurren a vendedores particulares cuando no encuentran disponibilidad en los canales habituales.
"Hay revendedores que son auténticos profesionales, y es algo que nos está pasando a todos", advierten desde el sector de la seguridad de estos establecimientos. El problema, explican, es que muchos compradores no comprueban la procedencia de lo que adquieren y terminan recurriendo a intermediarios que estafan fuera de las plataformas oficiales.
Cuando un cliente descubre que su código ya ha sido utilizado, el establecimiento suele recomendarle que acuda a la Policía para presentar una denuncia. Los responsables de las salas recuerdan que son los propios afectados quienes deben formalizarla, ya que son quienes han sufrido directamente el engaño.
Una estafa que puede implicar suplantación de identidad
Las consecuencias para quienes participan en estas operaciones pueden ir más allá de quedarse con el dinero de la transacción. Según advierten desde la organización de los eventos, los códigos de acceso pueden contener datos personales del comprador, como su nombre y DNI, además de estar vinculados a una tarjeta bancaria.
Por este motivo, alertan de que la utilización fraudulenta de esa información puede implicar también una suplantación de identidad, con las posibles responsabilidades legales que conlleva.
La Policía ya ha practicado varias detenciones relacionadas con estos episodios. Algunos de los implicados incluso han llegado a pasar horas en dependencias policiales, según señala la cabecera gallega.
Desde el sector apuntan a que el atractivo de conseguir dinero rápido está detrás de la expansión de esta práctica, especialmente entre los más jóvenes. La facilidad para copiar un código y ofrecérselo a varias personas convierte el engaño en una operación sencilla de ejecutar, pero con consecuencias para todos los implicados.
El llamamiento a comprar en canales oficiales
Ante el aumento de los casos, los empresarios del ocio nocturno insisten en la importancia de adquirir los accesos exclusivamente a través de los canales oficiales. Comprar a desconocidos o recurrir a perfiles particulares en redes sociales supone asumir el riesgo de pagar por un código que ya ha sido utilizado.
También hacen un llamamiento a las familias para que adviertan a los jóvenes sobre los peligros de este tipo de operaciones y eviten que caigan en ofertas aparentemente atractivas.
La recomendación es clara: comprobar siempre quién está detrás de la venta y utilizar las plataformas autorizadas por las salas. De lo contrario, una noche de fiesta puede terminar en una denuncia policial y con el comprador en la calle.
