Devuelven en una tienda de Cedeira, A Coruña, una chaqueta que huele a sudor y con el ticket de una cena en el bolsillo: “Hay que tener mucho morro”
La propietaria de Maldita Shop, en Cedeira, denuncia en Instagram la insólita devolución y la publicación se hace viral
Gonzalo Bermúdez, el comerciante de Betanzos que expuso otros casos, reacciona a la devolución: “Ahora quedará claro que estas cosas no solo pasan en Bicoca”
Las devoluciones surrealistas vuelven a dar que hablar entre los comerciantes de A Coruña. Mientras que el pasado verano Informativos Telecinco recogía las experiencias de Gonzalo Bermúdez, un comerciante de Betanzos responsable de Bicoca Moda Home, que mostraba en redes sociales devoluciones de prendas aparentemente usadas, trajes arreglados a medida y pedidos que regresaban en condiciones inesperadas. Ahora es la propietaria de Maldita Shop, una tienda de moda de Cedeira, quien denuncia una situación similar y tanto o más surrealista que la anterior: ha recibido una prenda que huele a sudor y conserva en el bolsillo el ticket de una cena.
La historia ha llamado la atención del propio Bermúdez, que ha comentado la publicación de Instagram con una frase que conecta ambos casos: “Ahora quedará claro que estas cosas no solo pasan en Bicoca”, una frase que hace referencia a las falsas acusaciones hacia el empresario gallego, asegurando que se inventa los casos que expone en redes sociales y que, en ocasiones, rozan el surrealismo.
La propietaria de Maldita Shop tampoco ha ocultado su indignación ante lo ocurrido: “Hay que tener mucho morro para devolverme esto”, lamenta en el vídeo publicado e redes, en el que explica por qué considera que la prenda ha superado con creces lo que se entiende por probársela antes de decidir si se compra, que se ha hecho viral.
“Yo entiendo que te la pruebes, que te la mires, que te la veas... pero que te la saques de cena eso no entra en las pruebas”, denuncia. Y remata con los dos detalles que ha encontrado: “Porque huele a humanidad y porque te olvidaste el ticket de la cena en el bolsillo”, señala.
Un ticket de 218 euros en el bolsillo
Después de más de 20.000 envíos en tres años de actividad, Ana Iglesias Cheda y su marido, Raúl Barrero Scharff, se han tenido que buscar la vida para poder probar que algunas devoluciones rozan el límite de la legalidad.
Según cuentan, el paquete llegó el viernes y lo abrieron el lunes. Como hacen habitualmente con las devoluciones, grabaron el proceso para dejar constancia del estado de la mercancía. Lo que encontraron superó sus previsiones. “Esto huele a chuletón... olía a churrasco, como cuando te metes en una cocina, en un asador. Fue tremendo”, relata Barrero Scharff, responsable de comunicación y evolución tecnológica del negocio a una cabecera local.
Al revisar la chaqueta, descubrieron que uno de los bolsillos estaba del revés y que en el otro seguía el ticket de una cena en un asador de Burgos por valor de 218 euros. “¡Que le ha tocado pagar la cena!”, bromearon entonces. La prenda, de 89 euros, había regresado con un olor que no dejaba lugar a dudas, a juicio de sus propietarios, sobre el uso que había tenido.
Olor a perfume, manchas de maquillaje y hasta cortes de cúter
En estos tres años desde la apertura de la tienda, aseguran que han recibido artículos que no se encontraban en las condiciones en las que habían sido enviados. En alguna ocasión, incluso les han devuelto una prenda de una gran cadena textil en lugar de la que el cliente había comprado en su web. También recuerdan una blusa con manchas de maquillaje en el cuello y olor a colonia, otra con olor a naftalina y un abrigo de plumas con un corte de cúter que la clienta pretendía atribuir al transporte.
Por eso graban la apertura de los paquetes. Las imágenes les permiten documentar el estado de los artículos por si surge una discrepancia y necesitan presentar pruebas en una reclamación ante Consumo.
“Aquí hacemos cambios y devoluciones, ¡faltaría más! Pero las prendas tienen que volver en condiciones, no después de una noche de fiesta”, explicaron en sus redes sociales.
La publicación ha generado cientos de comentarios de personas que comparten experiencias similares. Entre ellas aparecen historias de un pantalón vaquero devuelto con un tanga en el bolsillo o de un bolso que conservaba dinero en su interior.
El impacto de las devoluciones en los pequeños comercios
Pese a la indignación que les ha provocado el episodio, Ana Iglesias y Raúl Barrero Scharff intentan restarle importancia. Lo consideran una anécdota y aseguran que, por suerte, no representa una parte significativa de su actividad. Sin embargo, creen que estos casos también permiten hablar de las diferencias entre las grandes plataformas de venta y los negocios pequeños.
A su juicio, algunas políticas de devolución muy flexibles han acostumbrado a determinados compradores a adquirir muchos artículos y devolver la mayoría, una práctica que una gran multinacional puede asumir con mayor facilidad que una tienda independiente: “Para ellos no representa nada, no son grandes pérdidas, pero para un comercio pequeño sí supone un problema”, explican.
Señalan que una devolución puede dejar una prenda fuera del stock disponible durante semanas y dificultar su venta a otro cliente. Por eso insisten en que no cuestionan el derecho a devolver una compra, sino que los artículos regresen en condiciones adecuadas y no oliendo a humanidad y a chuletón.
Para cerrar el video y haciendo gala de un sarcasmo innato, Ana le pide a la responsable de la devolución que mande a un transportista a recogerla o, si lo prefiere, que se acerque ella misma y que tenga el detalle de traerle algún postre del restaurante al que llevó la chaqueta: “Porque creo que se come muy bien”, bromea.
