Melancolía y confusión en los mayores de Wuhan tres años después del estallido de la pandemia

  • Los valores comunistas se confunden con los capitalistas en la China que envejece y se siente más individualista y reaccionaria

Dejando a un lado el enfado social en Hong Kong tras la aprobación en 2020 de la ley nacional de seguridad, las protestas de los estudiantes que alzaron folios en blanco contra la política de ‘covid cero’ en el resto de China a finales del año pasado demostraron que manifestarse -y arriesgarse a la represión- puede ser un método efectivo para lograr su fin. El efecto contagio se ha sentido entre los más mayores de algunas zonas urbanas y durante este mes de febrero miles de pensionistas se han echado a las calles -principalmente en las ciudades de Wuhan y Dalian- para mostrar su descontento por los recortes a sus prestaciones médicas. Se trata del acuñado ‘movimiento del pelo blanco’. Lo hacen movidos por la indignación y por la melancolía, punto, este último, que les diferencia de la generación TikTok. Mientras unos enarbolaron papeles din-A4 contra la censura y la falta de libertades, los otros lo hacen porque consideran que el Gobierno está alejándose del espíritu del sistema que ha marcado sus vidas desde 1949. 

Cantan ‘La Internacional’ en plazas y parques como el de Zhongstan, en Wuhan, y su himno se intercala entre demandas más concretas: que no les reduzcan los gastos médicos que se pueden reclamar a los gobiernos locales. Son ellos los que gestionan este tipo de beneficios en un contexto donde se ha producido una tormenta perfecta entre las dificultades económicas que atraviesan las administraciones tras la resaca de las políticas de ‘covid cero’, los gastos para contener el virus, la crisis inmobiliaria y el incremento de los costes sanitarios. Con las nuevas medidas, el impacto recae en una población mayor que ha visto que tiene que pagar de su bolsillo cantidades inéditas. Algunas cifras hablan de que antes se podían reclamar 545 euros al mes de máximo y ahora el tope está en 177 euros al mes. Otra de las actualizaciones reportadas es que los pagos de los empleadores a los pensionistas ya no se realizan a cuentas bancarias individuales, sino a un fondo común que luego se reparte. Según las autoridades, esto es debido a que en las zonas rurales hay más jubilados que contribuyentes debido al éxodo de jóvenes a las grandes ciudades y esta medida evita dejar en desventaja a los pensionistas de las regiones más apartadas.

Privilegios de clases en la sociedad “sin privilegios de clases”

Aunque los cambios fueron anunciados en 2022, estos no comenzaron a aplicarse hasta el 1 de febrero de este año. Una semana después se produjeron las primeras concentraciones de personas indignadas que amenazaron con volver a la calle si no se escuchaban sus demandas, algo que volvieron a hacer el 15 de febrero. Se quejan además de que no todos los pensionistas sufren de la misma manera. En Wuhan, por ejemplo, se quejan de que los retirados de puestos relacionados con las instituciones gubernamentales locales tienen más ayudas, ya que al seguro de los empleadores se le añade un subsidio de asistencia sanitaria. 

“Los miembros más veteranos y los jubilados del PCCh (Partido Comunista Chino) han tenido acceso durante mucho tiempo a generosos tratamientos médicos con cargo al erario público y sin tener que pagar un seguro médico básico”, puntualizó a The Guardian la consultora de riesgo político SinoInsider.

Los cambios de los que se quejan los pensionistas se han producido poco después de la apertura de China al virus, catalogada por Xi Jinping la semana pasada como “un milagro en la historia de la civilización humana”. Tras casi tres años de medidas conservadoras para evitar la propagación de la enfermedad, el presidente chino cambió abruptamente su estrategia de ‘covid cero’ y los hospitales y centros sanitarios estuvieron al borde del colapso -o colapsados a juzgar por las imágenes que aparecían en redes sociales-. Ante un panorama de presión total del sistema sanitario, que perjudicó precisamente al sector de la población más vulnerable (según el Hospital Provincial de Guangdong el 80 por ciento de las hospitalizaciones fueron de mayores de 60 años de edad), muchas de las críticas en Weibo o Twitter han acusado a los Gobiernos de estar llevando a cabo recortes para afrontar los enormes gastos generados para intentar contener la pandemia. Reuters informó que estos ascendieron a 48.000 millones de euros.

En la red social china, las imágenes y comentarios sobre las protestas han sido eliminados rápidamente, sin embargo, la “milagrosa” respuesta del Gobierno a la pandemia fue uno de los temas más populares de la semana con cientos de millones de interacciones. Los hashtags sobre las manifestaciones de los pensionistas fueron censurados y la conversación se trasladó a otro hashtag que subió como la espuma y que tenía que ver con el sistema de seguro médico. Cuando las autoridades identificaron que tras él se aglutinó el incómodo coloquio, no dudaron en aplicar la tijera. 

El gran reto de China

La atención a los más mayores se ha convertido en un enorme reto para China. El descenso de la población en 2022 por primera vez desde 1961 (850.000 personas menos) amenaza el sistema de pensiones. Cada vez menos población en edad laboral y más retirados. Hay estimaciones que señalan que, para 2050, las personas en edad de jubilación alcanzarán un 39 por ciento del total. En la actualidad, casi un 19 por ciento de la población tiene más de 60 años de edad (alrededor de 267 millones de personas), una cifra que indica que 100 chinos en edad de trabajar mantienen a casi 21 retirados. Una de las medidas que el Gobierno está barajando es incrementar la edad de jubilación de 60 en los hombres y de 55 en las mujeres. Se trata de uno de los debates que hay abiertos sin que haya trascendido cuál sería el nuevo tope. 

La diferencia entre las zonas rurales y las urbanas es abismal en China. Algunas estimaciones indican que los salarios en las grandes ciudades son 2,5 veces superiores a los lugares más apartados, donde no cuentan con un “envejecimiento saludable”, según reza un informe elaborado por investigadores de diferentes universidades chinas. Si ese “envejecimiento saludable es el objetivo destacado del desarrollo de un país”, reza en su conclusión, “las disparidades entre zonas rurales y urbanas son un obstáculo esencial que hay que superar, ya que la población rural tiene más probabilidades de desarrollar una trayectoria de envejecimiento saludable de bajo nivel”, concluye mientras fomenta la participación social. Aunque pide más, este reporte aplaude con sus conclusiones las medidas del Gobierno chino de crear un fondo sanitario común -y eliminar el individual- que beneficie a los pensionistas de las áreas más remotas.

Dentro de los parámetros en los que se mueve la sociedad china hay cierta contradicción entre las demandas de los pensionistas de grandes urbes como Wuhan y los principios del sistema que enarbolan. Entonan ‘La Internacional’ y se olvidan de un concepto trascendental: “la sociedad se volverá sin clases y las distinciones entre la vida rural y urbana también desaparecerán”, tal y como sostenía Friedrich Engels en sus Principios del Comunismo. En las grandes ciudades, ‘el movimiento del pelo blanco’ apela a la melancolía mientras pasan por alto que hay otras personas mayores que libran otras batallas, en peores circunstancias y cuyo ruido se oye menos. Evidencian desde su estrato la enorme grieta social, que va desde el campo a Zhongnanhai. Las necesidades cambian y los valores se confunden en un pueblo chino que, a fin de cuentas, lucha por su individualismo a expensas de la colectividad. Es fruto, quizás, de la coexistencia de dos sistemas (el capitalista y el comunista) usados a conveniencia y capaces de generar cierto batiburrillo de ideales.