La historia de agradecimiento de Jordi García, trasplantado de corazón que ha cruzado en bicicleta los Pirineos: "Pensaba en el donante"

Jordi García fue trasplantado del corazón en el Hospital de Bellvitge en 2017
Con la asociación 'Mou-te per la vida', promueve la donación de órganos y el ejercicio físico
BarcelonaCuando tenía 40 años, Jordi García sintió un dolor en la boca del estómago, que le cansaba solo al caminar unos pasos. "En urgencias, me comunicaron que tenía el corazón muy deteriorado y que no me moviera demasiado porque me iba la vida", explica. Tenía una hipertrofia del ventrículo izquierdo, un agrandamiento del corazón, que no bombea la sangre con la suficiente fuerza y fluidez.
Tras cinco años después del diagnóstico, le derivaron al Hospital de Bellvitge para el trasplante cardíaco. Estuvo once meses en lista de espera. Los tres últimos, en silla de ruedas: "No podía caminar por el cansancio y me costaba hablar. En esos momentos, vi que el trasplante era la única vía de escape".
El 12 de mayo de 2017 llegó el día. "Tenía ilusión y miedo porque te llaman para darte un regalo de vida por el que has estado luchando por él durante años. Cuando vas a recibir el órgano, lo primero que sientes es alegría, luego tristeza porque sabes que hay una persona detrás que ha fallecido. Fui con ganas, con fuerza y esperanza. Antes de entrar en quirófano, le dije a mi mujer: 'Nos vemos luego, que tenemos que ir en bici'.
"Tengo un corazón para ti'"
Un día que "fue una montaña rusa de emociones". A las once de la mañana, tuvo visita porque "estaba muy deteriorado. Casi no comía ni bebía porque mi cuerpo no lo aceptaba. Me pidieron beber más líquido y si no lo conseguía, entraría en la unidad de paliativos, porque si no salía un corazón en los próximos días, mis oportunidades eran escasas". Y a las cinco y media de la tarde sonó el teléfono. "Es la llamada que estás esperando. Ves un número largo en el móvil y te sobresaltas. Primero, pensé que me querían ingresar por lo mal que me vieron, pero cuando me dicen: 'Tengo un corazón para ti', en ese momento todo cambia, salen las emociones y piensas en todo lo que has luchado", recuerda emocionado Jordi. Un momento que no olvidará: "Ese día me tocó la lotería porque no solo es dinero, es estar y disfrutar de una segunda oportunidad para estar con los tuyos".
Nada más salir del quirófano, notó su cuerpo con más energía. Para la recuperación, los médicos le animaron a moverse y a subir escaleras. Primero fue un escalón, y uno tras otro, consiguió subir varias plantas. Su cuerpo ya estaba fuerte para volver a casa con "una nueva perspectiva de la vida, con más sentimiento y más ganas de vivir". Empezó a salir a caminar y también a ir en bicicleta como método de ejercicio y recuperación. Y haciendo "kilómetros y kilómetros" con unos amigos, que le propusieron hacer una acción solidaria. Un reto que aceptó, pero quiso llevar más allá.
Y así decidieron crear la asociación 'Mou-te per la vida' ('Muévete por la vida'), de personas trasplantadas de corazón. "Es para visibilizar la donación de órganos, de tejidos y de sangre. Tiene la actividad física como método de recuperación para personas trasplantadas y el deporte, en general, para prevenir riesgos. Y también trabajamos el acompañamiento de pacientes en su proceso antes y después de un trasplante", detalla el presidente de 'Mou-te per la vida'.
Crearon la asociación y quedaba pendiente la acción solidaria para visibilizar "que la donación salva vidas y que se vea que una persona trasplantada puede hacer muchas cosas. Hay que romper barreras porque el ejercicio es salud y ayuda a llegar mejor al trasplante y tener una mejor recuperación".
Gracias al donante
Y Jordi se embarcó en la Transpyr, una carrera de siete días que cruza los Pirineos desde el Mediterráneo hasta el Atlántico. Son 800 kilómetros desde Roses hasta Irún. Tras un entrenamiento de ocho meses, consiguió el reto físico y emotivo. Es el primer catalán trasplantado de corazón que lo ha conseguido en bicicleta. "Desde la preparación siempre pensaba en el donante. Le daba las gracias porque si no fuera por él no podría hacer lo que estaba haciendo, que era prepararme para una carrera que cruzaba los Pirineos. Durante la travesía, hablas con tu donante y le dices que lo haces por él y gracias a él y que yo estoy disfrutando y que él disfrute igual que yo. Y al cruzar la meta, mi primer pensamiento fue para la persona que me dio el órgano", confiesa con la voz entrecortada.

Tiene claro el beneficio del deporte porque "aporta salud, bienestar físico y emocional y también es una forma de cuidar el órgano porque si el cuerpo está sano, el órgano estará sano. La donación te salva la vida, pero si no nos cuidamos, no estamos respetando al donante ni dando valor a la donación".
