El dolor de los padres de Elise Johnson, la niña de cinco años que murió atropellada por un snowboarder a 80 km/h en Estados Unidos

Pista de esquí
La pequeña murió al ser arrollada por un snowboarder en Casper, Wyoming. Europa Press
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Elise Johnson tenía solo cinco años cuando estaba esquiando con su madre y fueron arroladas por un snowboarder que iba a una velocidad estimada de 80 km/h. Fue en la Navidad de 2010, en Casper, Wyoming, en Estados Unidos.

Su madre Kelli estaba con ella en una pista para principiantes. Se encontraban en un lateral, arreglando los esquís de Elise cuando un snowboarder experto bajó a una velocidad de 80 a 96 km/h y se estrelló repentinamente contra ellas por detrás.

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Elise fue arrojada 15 metros, se rompió el cuello y murió. El snowboarder, Craig Shirley, también fue lanzado 12 metros y murió por un traumatismo contundente. Kelli sufrió una lesión cerebral tan traumática que los médicos no estaban seguros de si despertaría alguna vez y, si lo hacía, si podría caminar.

La lucha de una familia rota

Mientras Kelli era trasladada a un hospital especial que se ocupaba de lesiones cerebrales, Chauncy tuvo que celebrar un funeral para Elise, decidir dónde enterrarla y tomar la decisión de destetar a su bebé, todo ello sin saber si Kelli se recuperaría. "Tenía amnesia y no podía recordar que Ellie estaba muerta", dice Chauncy en declaraciones recogidas por ‘People’, sobre visitar a su esposa durante esos primeros días después del incidente.

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Kelli, que ahora tiene 46 años, fue puesta en coma inducido durante tres semanas y trasladada a un hospital especializado en traumatismos craneoencefálicos; allí tuvo que volver a aprender a caminar y tragar. Regresó a casa después de tres meses, pero el dolor que siguió casi destrozó a su familia, hasta que encontraron un nuevo propósito.

"Empecé a beber. No sabía cómo procesar todo esto —dice Chauncy—. Estaba a punto de renunciar a la creencia en Dios. Había momentos en los que solo podía respirar. Finalmente, dejó de beber y volvió a confiar en su fe: "Me di cuenta, con buenos amigos, Kelli y un gran apoyo, de que esa no iba a ser una forma productiva de superar esto". Tras perder a su hija, Chauncy comenta: "Pensaba en cómo podía hacer que la montaña fuera más segura, aunque solo fuera para sentirme bien al volver a esquiar".

En 2016, Chauncy se puso en contacto con la Asociación Nacional de Áreas de Esquí para colaborar en un programa de seguridad. En 2023 lanzaron su organización sin ánimo de lucro, la Fundación Snow Angel.  Colaboran con estaciones de esquí para hablar con grupos juveniles, clubes de carreras, patrulleros de esquí y otros sobre la historia de Elise y la necesidad de seguridad en las pistas de todo el país, donde un promedio de 40 personas aún mueren al año.