El error más común al pasear al perro cuando bajan las temperaturas: puede afectar a sus almohadillas
Sus patas están en contacto directo con el suelo, y con la bajada de temperaturas, pueden sufrir sequedad, pequeñas grietas, irritaciones o heridas que conviene detectar cuanto antes
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MadridCuando empiezan a bajar las temperaturas empieza la preocupación por si el perro necesita abrigo, si pasa demasiado frío durante el paseo o si es mejor reducir el tiempo que permanece en la calle. Sin embargo, hay una parte de su cuerpo que muchas veces pasa desapercibida: las almohadillas de sus patas.
Están preparadas para soportar el contacto diario con el suelo, pero eso no quiere decir que sean indestructibles. El frío, la humedad, el hielo y ciertos productos usados para evitar que las calles y aceras se congelen pueden provocarles irritación, pequeñas heridas y grietas.
Por eso, uno de los errores más comunes durante los meses fríos no ocurre realmente durante el paseo, sino justo después al llegar a casa: no revisar, limpiar y secar las patas del perro.
Las almohadillas también sufren con el frío
Las almohadillas plantares están diseñadas para amortiguar los pasos del perro y proteger las estructuras internas de sus patas. Su piel es considerablemente más resistente que la de otras partes del cuerpo, pero sigue estando expuesta directamente al terreno. Durante los meses fríos se unen varios factores.
Las bajas temperaturas y el ambiente seco pueden favorecer que las almohadillas pierdan hidratación y aparezcan pequeñas grietas. El hielo puede generar cortes y abrasiones y, cuando hay nieve, pueden formarse pequeñas bolas congeladas entre los dedos.
El problema no es simplemente que el suelo esté frío
A veces se piensa que proteger sus almohadillas consiste únicamente en evitar que el perro camine demasiado tiempo sobre un suelo muy frío. En realidad, hay varios factores que pueden combinarse.
La humedad mantenida puede reblandecer la piel, mientras que el hielo puede generar pequeñas abrasiones o cortes. Si a esto se añade una almohadilla previamente seca o agrietada, la sensibilidad aumenta. También pueden quedar pequeñas piedras, restos de suciedad o materiales adheridos entre los dedos.
En zonas de nieve existe otro problema más, esta puede acumularse en el pelo situado entre las almohadillas y terminar formando pequeñas bolas compactas de hielo que resultan incómodas e incluso pueden dolerles.
El error: volver a casa y no mirar las patas
La rutina puede ser muy sencilla. Después de un paseo por zonas mojadas, con hielo, nieve o superficies tratadas con productos contra heladas, conviene revisarles las cuatro patas, prestando especial atención a las almohadillas y al espacio situado entre los dedos.
Si están sucias o han podido entrar en contacto con fundentes, pueden limpiarse suavemente con agua templada y secarse después de manera cuidadosa. No es necesario bañar al perro después de cada paseo. Lo importante es retirar los posibles residuos y evitar que la humedad permanezca entre los dedos.
Además, esta revisión de apenas minutos permite detectar rápidamente pequeños cortes, grietas, zonas enrojecidas o cuerpos extraños que pueda tener en sus patitas.
Lamerse continuamente las patas es una señal que no hay que ignorar
Los perros usan el lamido como una forma de aliviar molestias en la piel. Por eso, si después de un paseo comienza a lamerse insistentemente una pata, conviene comprobar lo que pasa.
Puede existir una pequeña herida, una grieta, irritación, humedad entre los dedos o algún objeto pegado. También es importante impedir, en la medida en la que sea posible, que el perro lama residuos desconocidos que hayan quedado en las patas después de caminar por superficies tratadas durante un episodio de hielo o nieve.
Si se sospecha que ha ingerido un producto descongelante o anticongelante, lo recomendable es contactar con un veterinario y explicar qué producto podría haber ingerido, si se conoce, y aproximadamente cuando pasó, ya que no todos los productos usados para combatir el hielo tienen la misma composición ni el mismo riesgo.
Los bálsamos protectores pueden ser una opción
En perros con tendencia a presentar almohadillas muy secas pueden usarse productos específicos destinados a hidratarlas o protegerlas. Lo importante es escoger productos formulados para animales y no usar cualquier crema que se tenga en casa, ya que los perros se lamen las patas con frecuencia y algunos cosméticos de uso humano pueden contener ingredientes que no resultan apropiados para ser ingeridos.
Además, un bálsamo no sustituye la revisión posterior al paseo. Si el animal ha caminado sobre nieve, barro o una superficie potencialmente tratada con fundentes, habrá que comprobar igualmente sus patas al volver a casa.
Al igual que si el perro levanta repetidamente una pata, cojea, evita apoyarla, se detiene durante el paseo o se lame continuamente al volver a casa, hay que revisar la zona y en el caso de que las grietas sean profundas, exista sangrado o el perro muestre dolor, la solución no es aplicar una crema, lo ideal es consultar con el veterinario.