Motor

La señal que aparece en el salpicadero y que muchos ignoran hasta que la avería ya es grave

Con el testigo del aceite encendido
Con el testigo motor encendido. Telecinco.es
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El cuadro de mandos de un coche moderno puede iluminarse por docenas de razones distintas, desde un cinturón desabrochado hasta un fallo en el sistema de control de tracción. Esta proliferación de alertas ha producido un efecto perverso: los conductores han aprendido a ignorarlas. Un estudio reciente afirma que el 49,03% de los conductores considera excesivas las alertas del vehículo, y que el 42,55% reconoce que le generan estrés. En ese clima de saturación informativa, hay una señal concreta que paga el precio más alto cuando se desestima: el testigo de avería del motor, conocido popularmente como check engine.

Una luz que avisa de muchas cosas, pero que nunca miente

El testigo del motor forma parte del sistema de diagnóstico a bordo presente en todos los vehículos fabricados en Europa desde mediados de los años noventa. Cuando se ilumina, significa que la Unidad de Control Electrónico ha detectado una anomalía en alguno de los sistemas del vehículo y ha registrado un código de error que solo un escáner puede leer. No es una sugerencia. Es la forma que tiene la centralita de comunicar que algo funciona fuera de los parámetros normales de operación.

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El problema, y la razón por la que tantos conductores lo ignoran, es que el coche suele seguir funcionando con aparente normalidad tras su encendido. El vehículo entra en un modo de protección que ajusta parámetros para evitar daños mayores a corto plazo. Pero esa "normalidad aparente" es engañosa: el coche no está resolviendo el problema, solo está comprando tiempo. Y el precio de ese tiempo se mide en facturas de taller.

Con el testigo del aceite encendido
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Qué puede estar fallando y cuánto cuesta

El check engine puede dispararse por causas tan distintas como un tapón de combustible mal cerrado o un catalizador deteriorado, que es una de las reparaciones más costosas del repertorio.

La causa más frecuente y también una de las más subestimadas es el fallo del sensor de oxígeno o sonda lambda. Este componente mide la cantidad de oxígeno en los gases de escape y regula la mezcla de combustible. Cuando falla, el motor pierde eficiencia, el consumo aumenta y las emisiones se disparan. La reparación de la sonda no es la más cara, ya que habitualmente no supera los 300 euros incluyendo mano de obra, pero un sensor de oxígeno defectuoso no tratado aumenta el consumo de combustible entre un 10% y un 40%, y además acelera el desgaste de las bujías y puede dañar sensores adicionales.

El problema mayor llega cuando los fallos de combustión se prolongan y generan depósitos de carbonilla en válvulas e inyectores. En ese punto, lo que hubiera sido una reparación de cientos de euros se convierte en una intervención de varios miles. El coste medio de reparación se multiplica por ocho cuando los conductores esperan más de una semana después de que el testigo se encienda.

El escenario más costoso que puede desencadenar el check engine ignorado es el deterioro del catalizador. Cuando el testigo parpadea, en lugar de mantenerse fijo, indica una falla grave de combustión que puede dañar el catalizador en cuestión de minutos. En ese caso, el conductor debe detener el vehículo de forma inmediata. La sustitución de un catalizador deteriorado oscila entre los 800 y los 1.500 euros dependiendo del modelo. Si la avería se extiende al motor por falta de presión de aceite, la reparación puede escalar hasta los 3.000 o 6.000 euros cuando el motor requiere sustitución total.

El 81% de los vehículos que se presentan a la inspección técnica no la supera a la primera. Y el 75% de los defectos detectados en la ITV son previsibles con un mantenimiento adecuado. Dicho de otra forma: la mayoría de los vehículos que suspenden la ITV lo hacen por problemas que un testigo de salpicadero ya había señalado antes, y que el conductor no atendió.

En un país donde la edad media del parque automovilístico supera los 14,5 años, la probabilidad de que cualquier aviso esté vinculado a un desgaste real crece con cada kilómetro. Lo que el salpicadero intenta comunicar, en definitiva, no es una sugerencia. Es el diagnóstico de un sistema que lleva meses observando el interior del motor. Y cuando parpadea, el tiempo para actuar se mide en minutos, no en semanas.