Un mecánico explica qué pasa de verdad si apagas el coche nada más llegar a destino “todo el mundo lo hace y está mal”
Todo el mundo para el coche con el aire acondicionado puesto y eso está mal
Un mecánico explica por qué no conviene dejar el coche siempre con el depósito casi vacío “no eres consciente del daño”
Se trata de un gesto que está entre los más automáticos cuando estamos al volante. Por fin aparcas ya sea en el supermercado, el trabajo o el garaje, giras la llave o pulsas el botón de arranque para apagar el motor, y seguidamente abres la puerta y bajas del coche. La secuencia dura menos de dos segundos y ningún conductor español medio dedica un solo pensamiento a lo que está pasando mecánicamente en el vehículo durante esos instantes.
Pero según coinciden los mecánicos, ese apagado brusco justo después de un trayecto exigente puede estar produciendo dos tipos de daños distintos que a largo plazo se traducen en averías tan caras como evitables. Así lo cuenta el mecánico Juan José Ebenezer a través de sus cuentas en redes sociales @juanjoseebenezer y @talleresebenezer, con una frase que resume el diagnóstico sin ambigüedades: todo el mundo para el coche con el aire acondicionado puesto y eso está mal.
Daños al sistema de climatización
La explicación técnica que Ebenezer ha dado tiene una lógica reconocible. Cuando el aire acondicionado enfría el habitáculo, el evaporador, que es una pequeña pieza situada detrás del salpicadero por la que circula el refrigerante a baja temperatura, alcanza temperaturas muy inferiores a la del entorno. Como consecuencia, se produce condensación sobre su superficie. Este fenómeno es el motivo por el que aparece agua bajo el coche después de usar el climatizador durante un rato prolongado.
Cuando el conductor apaga el motor y con él el ventilador y el compresor simultáneamente, la humedad queda depositada sobre el evaporador y no se evapora. Con el paso de los meses, ese ambiente húmedo, sumado a la suciedad y a las partículas que se filtran a través del sistema, genera condiciones favorables para hongos, bacterias y microorganismos varios. El primer síntoma que el conductor detecta es el mal olor característico al volver a encender el aire acondicionado tras varios días sin usarlo. El segundo, mucho más grave, es la avería paulatina del propio compresor.
Para que esto no ocurra, Ebenezer propone una solución que necesita tan solo diez o quince segundos. Consiste en desactivar el compresor del aire acondicionado antes de apagar el motor, para lo que basta con pulsar el botón A/C específico que la mayoría de vehículos incorpora, mientras se mantiene el ventilador encendido. Durante esos segundos adicionales, el ventilador impulsa aire seco sobre el evaporador y elimina buena parte de la humedad acumulada. Después se apaga el motor con normalidad.
Daños al turbocompresor sin lubricación
El segundo efecto del apagado brusco tras un trayecto exigente afecta específicamente a los vehículos con motor turboalimentado, que constituyen la mayoría del parque español fabricado en los últimos quince años.
En ellos, la turbina del turbocompresor gira durante la conducción a velocidades que pueden alcanzar las cien mil revoluciones por minuto, soporta temperaturas muy elevadas y depende para su lubricación del aceite que envía el propio motor. Cuando el conductor apaga el motor de forma brusca justo después de una conducción intensa, la turbina sigue girando por inercia mientras el flujo de aceite se corta bruscamente. En ese intervalo, el aceite que queda dentro del turbo se somete a temperaturas que lo cocinan, generando carbonilla y depósitos sólidos que a medio plazo dañan los rodamientos, obligan a la sustitución del propio turbo y multiplican el gasto en reparación.
La recomendación de los mecánicos españoles es unánime, y pasa por dejar el motor al ralentí durante aproximadamente un minuto antes de quitar el contacto. No hace falta hacerlo después de un desplazamiento urbano corto o de un aparcamiento tras varios minutos de circulación por casco urbano a baja velocidad, situación en la que el propio motor ya se ha ido enfriando de forma natural. La precaución cobra sentido específicamente cuando se detiene el vehículo directamente después de circular por autopista, tras una subida pronunciada o al final de un trayecto largo con calor exterior significativo.
El shock térmico del motor atmosférico
Los motores atmosféricos, sin turbocompresor, no están exentos del problema. Durante la conducción intensa, ciertas piezas del bloque motor soportan temperaturas muy elevadas. Al apagar el motor de golpe, el flujo de refrigerante se detiene y el enfriamiento se vuelve desigual sobre las distintas superficies. Ese fenómeno, conocido en el sector como shock térmico, genera tensiones sobre los componentes metálicos que a largo plazo acortan su vida útil. El remedio es idéntico al del turbo: dejar el motor al ralentí durante treinta segundos o un minuto tras trayectos exigentes permite que el enfriamiento se produzca de forma progresiva y protege el conjunto mecánico.