El pueblo madrileño que tiene siglos de historia y cuenta con un escenario de película
La villa fue elegida por primera vez como escenario en 1956 para La vuelta al mundo en 80 días, dirigida por Michael Anderson
Cinco pueblos de Madrid para pasar el día: de Rascafría a Chinchón
Escasos rincones de la Comunidad de Madrid han conseguido conservar, con la fidelidad casi cinematográfica con la que lo ha hecho Chinchón, la fisonomía intacta que exige un pueblo dispuesto a servir simultáneamente como enclave patrimonial y como plató natural del cine mundial.
Situada en el sureste madrileño, en el corazón de la comarca de Las Vegas y rodeada de viñedos, olivares y llanuras cerealistas, esta villa de aproximadamente cinco mil habitantes ha sido durante casi seis siglos escenario privilegiado del poder condal castellano y, desde mediados del siglo XX, sirve como escenografía fija de la industria audiovisual. La culpa de esto la tiene la peculiar coreografía urbanística de Chinchón, con una plaza mayor porticada de proporciones inverosímiles, un castillo renacentista, un antiguo convento agustino reconvertido en Parador y una torre del reloj, que fue diseñada literalmente para la aparentar.
Un enclave medieval con carta de nobleza
La primera huella documental de la villa aparece en un episodio bélico. A comienzos del siglo XV existía ya una fortificación en el actual emplazamiento, mencionada en un documento de Isabel la Católica. A finales del mismo siglo, los Reyes Católicos otorgaron a la familia Cabrera, futuros condes de Chinchón, permiso para reconstruir y ampliar la fortaleza, y en 1480 una provisión dada en Toledo eximió del señorío segoviano a varios sexmos que pasaron a la jurisdicción de los Cabrera, con Chinchón como cabeza. Fue el nacimiento oficial del señorío que enseguida se convirtió en condado.
El castillo actual, el llamado Castillo de los Condes, al sur del casco urbano, cuenta a su vez con una biografía movida. Erigido a finales del siglo XV, cayó el 21 de enero de 1521 en manos de las tropas comuneras tras un largo asedio, quedando gravemente dañado.
Dos generaciones después, el III conde de Chinchón, Diego Fernández de Cabrera y Bobadilla, ordenó levantar sobre los cimientos anteriores el edificio renacentista que se conserva hoy, terminado en 1598, con muros en talud, planta rectangular y torres cilíndricas en las esquinas concebidas para dificultar el acceso de zapadores enemigos.
La historia de esta edificación no se queda ahí, ya que sufrió el asedio del Marqués de la Mina en la Guerra de Sucesión (1706) y el saqueo e incendio de las tropas napoleónicas del general Víctor durante la Guerra de la Independencia (1808). Su último uso, durante el siglo XX, fue como fábrica del célebre anís de Chinchón. El edificio fue declarado, junto al conjunto histórico de la villa, Conjunto Histórico-Artístico en 1974.
Barroco conventual
En 1653, el V conde de Chinchón, Francisco Fausto Fernández de Cabrera, fundó el convento agustino cuya estructura de ladrillo castellano y ecos mudéjares alberga hoy el Parador de Turismo de Chinchón. El edificio pasó por distintos usos, como convento hasta la desamortización, más tarde fue una cárcel, e incluso una fábrica de alcohol, antes de ser rehabilitado y abierto al público como parador en 1982. Su Panteón condal, tallado en mármol, se conserva en el coro de la iglesia conventual.
La Plaza Mayor: un ruedo permanente
El escenario que ha llevado a Chinchón a la gran pantalla es, sin embargo, su plaza mayor porticada, uno de los espacios civiles más singulares de la España interior. Enmarcada por 234 balcones abiertos sobre pórticos de madera, una atmósfera que hoy conserva idéntica traza que en el siglo XVII, se levanta como una plaza de toros latente que despliega su función efectiva durante los festejos taurinos, y como escenografía cinematográfica el resto del año.
La villa fue elegida por primera vez como escenario en 1956 para La vuelta al mundo en 80 días, dirigida por Michael Anderson. En una secuencia mítica, aproximadamente 10.000 figurantes llenaron la plaza convertida en coso taurino para acompañar la actuación del inolvidable Mario Moreno "Cantinflas". Cinco años después, Rey de reyes (1961) volvió a convertir las calles de Chinchón en plató, y en 1964 fue el turno de El fabuloso mundo del circo, de Henry Hathaway, con Claudia Cardinale y Rita Hayworth. En los años sesenta, Orson Welles filmó pasajes de sus obras en el municipio, y en las décadas siguientes lo hicieron Pedro Almodóvar y Carlos Saura. En 2019, Alejandro Amenábar rodó allí buena parte de Mientras dure la guerra.
La consagración más reciente llegó en 2021, en plena pandemia, cuando Wes Anderson decidió recrear en los terrenos de Chinchón y del vecino Colmenar de Oreja la ciudad ficticia de Asteroid City, situada en un desierto estadounidense de los años cincuenta.
El rodaje, mantenido bajo la más estricta confidencialidad, empleó a unos 200 chinchonetes como figurantes, que estuvieron obligados a firmar acuerdos de confidencialidad. El elenco —Tom Hanks, Scarlett Johansson, Adrien Brody, Margot Robbie, Tilda Swinton, Steve Carrell— se alojó durante meses en el Parador, aquel convento agustino de 1653 que había atravesado tres siglos de biografía civil, penal e industrial para acabar sirviendo de refugio a la crème de Hollywood.