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Así funciona la primera sala de la rabia en Madrid, según su joven creadora: "Mucha gente sale más relajada y con más ganas de hablar"

Romper para desconectar, las salas de la rabia encuentran su hueco en la capital gracias a Rompe Madrid. Informativos Telecinco
  • Andrea Quesada es una joven emprendedora que ha puesto en marcha la primera sala de la rabia en Madrid

  • En una entrevista con 'Informativos Telecinco', la dueña de este local explica cómo funciona la primera sala de la rabia de la capital

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MadridQuién no ha deseado alguna vez poder romperlo todo y no tener ningún tipo de consecuencia. Tirar abajo todo y reventar muebles, vajillas, televisores y hasta botellas es ahora posible gracias a la idea y al proyecto pionero desarrollado por una joven emprendedora en las calles del barrio madrileño de Vicálvaro. El día a día, el estrés o las malas noticias provocan situaciones de ansiedad que, en muchas ocasiones, nos pueden llevar al colapso y a protagonizar momentos de angustia. Por eso, Andrea Quesada ha desarrollado, con gran sacrificio, la idea de poder destrozar todo en una sala de la rabia de forma completamente segura.

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¿Qué es una sala de la rabia?

Para muchos, una sala de rabia es una idea desconocida. Pues bien, se trata de un habitáculo en el que cualquier persona puede canalizar, liberar y expulsar su estrés y su ansiedad de una forma completamente segura y divertida.

Equipados con un uniforme, un casco de seguridad, botas reglamentadas, guantes y gafas de protección, podemos disfrutar de esta experiencia en la que cargados con un mazo se pueden destrozar diferentes objetos cotidianos. De fondo, nuestro hilo musical favorito que podemos escoger antes de la experiencia para que nos acompañe en esta sesión tan entretenida como reconfortante.

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Las llamadas salas de la rabia, conocidas internacionalmente como ‘rage rooms’, han encontrado un espacio en la oferta de ocio de la capital gracias a la idea de Andrea Quesada. "Después de la pandemia, como le pasó a mucha gente, me replanteé un poco mi futuro profesional. Ya había oído hablar del concepto de las 'rage rooms', pero en aquel momento era algo que todavía no estaba implantado. Se hablaba de habitaciones en las que podías romper cosas, pero no era un concepto que estuviera desarrollado como negocio independiente. Empecé a informarme y descubrí que en España apenas había una sala de este tipo integrada dentro de un centro de ocio. Así que vimos una oportunidad de traer ese concepto a Madrid y crear un espacio dedicado exclusivamente a ello. Queríamos ofrecer una experiencia diferente, algo que no existía todavía como tal en la capital ni en España", explica a 'Informativos Telecinco' la propia Andrea.

Como comentábamos, el concepto no es nuevo. Las primeras ‘rage rooms’ aparecieron fuera de España, especialmente en países como Japón, donde el estrés asociado al entorno laboral y la presión social favorecieron la aparición de espacios destinados a liberar tensión de una manera controlada. En la capital, Rompe Madrid ha sido uno de los primeros espacios en España dedicados específicamente a esta actividad. El proyecto comenzó en el centro de la capital y posteriormente se trasladó a un local de mayores dimensiones en el barrio de Vicálvaro, muy cerca de la URJC.

La experiencia en Rompe Madrid

Durante un tiempo limitado, los clientes entran en una habitación protegida y pueden destrozar distintos objetos con herramientas como martillos o barras, siempre bajo unas normas de seguridad y con la supervisión de un trabajador.

En Rompe Madrid, uno de los negocios dedicados a esta actividad, la sesión dura alrededor de 30 minutos. Antes de entrar, los participantes deben equiparse con mono, casco, gafas, guantes, botas y otras protecciones. Al otro lado de la puerta les espera una colección de objetos destinados a terminar hechos añicos como vajillas, pequeños electrodomésticos, televisores y otros aparatos que dejan de tener utilidad para convertirse durante unos minutos en el objetivo de los golpes.

Su propietaria explica a esta web que los motivos por los que los clientes llegan hasta el local son muy diferentes. Algunos buscan simplemente hacer algo distinto y otros acuden después de atravesar periodos de estrés. También hay personas que conocen este tipo de experiencias por recomendación de un terapeuta.

"Me sorprende especialmente la gente que viene sin saber muy bien qué esperar. Personas que llegan de mal humor por alguna circunstancia personal, que tienen dudas sobre si les va a gustar o que vienen con unas expectativas muy altas y no saben si la experiencia va a estar a la altura. Muchas veces salen más relajadas, más contentas y con muchas más ganas de hablar. Se nota que han disfrutado y que han desconectado durante ese rato", explica Quesada.

Sobre las experiencias que han sucedido en Rompe Madrid, Andrea Quesada recuerda "especialmente a personas que al principio no terminaban de entender qué hacíamos y que, después de probarlo, salían encantadas diciendo que querían comprar un bono de diez sesiones. Me hace gracia ese cambio de percepción: entrar con dudas y salir pensando ya en cuándo van a volver".

El perfil de sus visitantes y las normas

Sin embargo, esta joven emprendedora marca una diferencia importante y es que la actividad no pretende sustituir ningún tratamiento psicológico. “No es una terapia alternativa”, recalca Andrea Quesada a ‘Informativos Telecinco’, sino una experiencia que puede servir para divertirse o desahogarse en un momento concreto.

El perfil de quienes cruzan la puerta no responde a un único patrón. La actividad atrae a grupos de amigos, parejas, familias y compañeros de trabajo, además de personas que buscan una experiencia diferente para celebrar un cumpleaños o despedidas de soltero, confirma la propia Andrea Quesada.

"Al principio venían sobre todo parejas, mientras que ahora recibimos muchos más grupos, especialmente grupos de mujeres. De hecho, actualmente nuestro público es mayoritariamente femenino y bastante joven. Los motivos son muy variados. Hay personas que vienen porque están pasando una época de estrés o porque necesitan desconectar de una situación concreta, pero también hay muchas que vienen simplemente por curiosidad, para hacer algo diferente con sus amigos o para vivir una experiencia que no han probado nunca. Creo que esa es una de las cosas más interesantes del concepto: no necesitas estar pasando por un mal momento para venir. También puedes hacerlo simplemente porque te apetece experimentar algo nuevo", reconoce la dueña de Rompe Madrid.

Aunque desde fuera pueda parecer una actividad basada únicamente en golpear sin límite, la seguridad ocupa un lugar central y básico en esta experiencia. Andrea Quesada explica que, antes de entrar, siempre explica a sus clientes qué se puede hacer y qué está prohibido. Dentro de unas normas, los consumidores pueden canalizar la rabia y el odio que tienen acumulado. El equipamiento de protección es obligatorio y, durante la sesión, hay un trabajador que está pendiente de los participantes y que sigue cada movimiento a través de sus cámaras de seguridad.

No sustituye al acompañamiento profesional

Además, Andrea quiere recalcar y dejar claro que nunca se ha presentado Rompe Madrid como una terapia, ni como una alternativa a la terapia psicológica: "No es nuestra función y tampoco creemos que deba entenderse así. Lo que ofrecemos es una experiencia de ocio que puede ayudar a desconectar, liberar tensión y salir de la rutina durante un rato".

Pero no todo gira en torno al estrés o a la ira. En la sala puedes romper objetos, saltar, bailar, elegir tu música y expresarte con total libertad dentro de las normas de seguridad. También puedes venir simplemente por la curiosidad de experimentar una sensación nueva.

Es una experiencia intensa y diferente, y cada persona la vive a su manera. Puede resultar liberadora para algunas personas, pero "no significa que por romper cosas estés resolviendo aquello que te preocupa. Si alguien necesita ayuda psicológica, esto no sustituye ese acompañamiento profesional", destacan desde Rompe Madrid.

Al final, la propuesta consiste en algo tan sencillo como difícil de encontrar en el ritmo cotidiano: entrar en una habitación durante un tiempo limitado, dejar fuera el teléfono y las preocupaciones y permitirse, por un rato, hacer exactamente lo contrario de lo que normalmente se espera de uno. Romperlo todo. Y después, salir.