Psicología

Paula Sastre, psicóloga, sobre cómo protegerse de las parejas que hacen luz de gas: "Al principio puede ser complejo de detectar"

Paula Sastre
Paula Sastre. LinkedIn
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¿Alguna vez te han hecho dudar tanto de ti que te has cuestionado hasta tu propia capacidad de percibir la realidad? Cuando una persona te hace luz de gas o 'gaslighting', como se conoce internacionalmente a este tipo de manipulación psicológica, sientes precisamente eso: que cada vez te haces más pequeño, más inseguro y que pierdes tu autonomía.

Esta forma tan silenciosa y sutil de violencia se conoce como luz de gas o 'gaslighting', un nombre apodado por la obra de teatro homónima de Patrick Hamilton estrenada en 1938 y llevada al cine en 1940 y 1944. En ella, el señor Manningham intenta volver loca a su nueva mujer, Paula, cambiando de lugar o escondiendo objetos y cambiando la intensidad de las luces de gas de la casa, entre otras estratagemas, para después simular que nunca hubo cambio alguno, de modo que esta acabe convencida de que padece lagunas de memoria. Como explica la UOC, muchos años después, en 1969, Russell Barton y J. A. Whitehead utilizabron este concepto en el ámbito de la psiquiatría en su artículo 'The Gas-Light Phenomenon'. En este se explicaba, precisamente, cómo parejas y familiares de pacientes los hacían pasar por personas con patologías psíquicas graves, y concluían que era importante analizar cada caso individualmente para comprobar que dicha enfermedad existía.

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Pero ¿qué es exactamente hacer luz de gas a alguien? Según los expertos, esta forma de manipulación es más habitual en pareja, pero también se puede dar en el trabajo. Es una forma de violencia psicológica en la que una persona manipula la percepción de otra hasta que ésta dude de sus recuerdos, emociones o juicios, haciéndola creer que aquello que ha visto, escuchado, vivido y percibido en realidad no ha ocurrido o no de ese modo. El objetivo es, con el tiempo y de forma progresiva, disminuir sus niveles de seguridad, confianza y autoestima, desestabilizarle y hacerle más vulnerable a la manipulación y control. Así lo explica para la web de 'Informativos Telecinco', la psicóloga Paula Sastre de la plataforma Somos Estupendas, dedicada a la salud mental y al bienestar y creada en 2020 por Yaiza Sanz.

"Desde fuera puede parecer obvio en engaño, pero cuando una se encuentra dentro de una relación abusiva, se vivencia como un auténtico laberinto emocional"

¿Cómo podemos saber que nos están haciendo luz de gas?

"Al principio puede ser complejo de detectar, pues quien ejerce luz de gas suele comenzar con estrategias sutiles, que pueden parecernos incluso ofensivas, como negar lo evidente, minimizar nuestras emociones o invertir la culpa. Igual pueden sonarte frases como: “Eso nunca pasó”, “te lo estás inventado”, “estás exagerando, eres una dramática”, “lo has provocado tú...". Este patrón es realmente peligroso pues erosiona lentamente la confianza en ti misma, encontrándote de repente dudando de tus recuerdos, pidiendo perdón por molestarte o dependiendo de la validación ajena (de otra persona o medio, por ejemplo, de grabar conversaciones) para confirmar la realidad. Desde fuera puede parecer obvio en engaño, pero cuando una se encuentra dentro de una relación abusiva, se vivencia como un auténtico laberinto emocional", subraya la psicóloga. 

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Aunque, como decíamos, es más normal que suceda en parejas se puede dar en amistades, familia y entornos laborales. Los primos síntomas de que estás siendo víctima de luz de gas es que sentirás confusión, creerás que quizá estás siendo tú la que exagera o la que magnifica un problema o un enfado. Por lo tanto, es normal sentir culpa y ansiedad. Y, una de las cosas más preocupantes, te empezarás a aislar de tu entorno. "Poco a poco te desconectas de tus redes de apoyo y de ti misma. O bien porque la otra persona las critica con comentarios como "tus amigas te llenan la cabeza de tonterías” o porque tú misma empiezas a sentir vergüenza de contar lo que estás viviendo y compartir tu extraña percepción", añade Paula Sastre. Lo que hay que tener en cuenta es que la luz de gas no empieza con gritos o con grandes mentiras, sino más bien de forma sigilosa, sin que la veas venir.

La luz de gas requiere de un patrón repetitivo y sistemático de manipulación emocional con la intención (consciente o no) de minar tu seguridad para ejercer un control sobre ti. 

"Buscar ayuda profesional puede ser fundamental para recuperar y sostener tu seguridad y la claridad de aquello que te arrebató la violencia y manipulación".

¿Cómo salir de la luz de gas?

Para poder salir del luz de gas hay que ser consciente de lo que te está ocurriendo, eso requiere de mucho esfuerzo y ayuda externa. En este tipo de relaciones dependientes, la persona necesita recuperar la confianza y la autoestima mermada, sobre todo para no volver a caer en otra relación de ese tipo o perpetuar esos patrones de conducta tan dañinos. Según la psicóloga Paula Sastre de Somos Estupendas, estos son algunos de los consejos para salir de una relación de luz de gas:

  1. Tomar conciencia de que estás en una relación abusiva. Y respetar tus tiempos para romperla. 
  2. Nombrar la violencia. Poder decir “me hicieron luz de gas” es romper la confusión. Poner palabras ordena aquello que hemos vivido y nos aporta seguridad.
  3. Romper el aislamiento, contando aquello que te está ocurriendo o ocurrió a alguien de confianza, dándole valor a tu voz. 
  4. Reforzar tu red de apoyo. Recuperar amistades, hablar con personas que confíen en tu versión, entrar en grupos donde tu experiencia sea validada.
  5. Buscar ayuda profesional puede ser fundamental para recuperar y sostener tu seguridad y la claridad de aquello que te arrebató la violencia y manipulación. Cada proceso terapéutico será único y estará basado en las secuelas e historia vital concreta de cada persona.
  6. Reconectar con la realidad emocional mediante la validación de lo que sientes aunque otras personas lo nieguen. Por ejemplo, puedes llevar un diario emocional para registrar aquello que vivencias sin juicio.
  7. Tomar conciencia de los procesos comunicativos y lo que nos producen para poder distinguir aquello saludable de lo que no lo es.
  8. Reparar la autoestima y autoconfianza. Reconstruir la sensación de “yo sé lo que siento y pienso, y eso es suficiente”.
  9. Legitimarnos a nosotras mismas, dándonos el permiso no sólo de pensar, sino también de sentir diferente. 
  10. Aprender a poner límites es uno de los pasos más transformadores tras vivir luz de gas. Significa definir qué conductas no vamos a tolerar y proteger nuestro espacio emocional, aunque eso implique incomodar a la otra persona.