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Un mecánico desvela el hábito al aparcar que puede acabar dañando la dirección con el tiempo "el precio que se paga es muy alto"

Coches aparcados. Unsplash
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Es un gesto tan cotidiano que la mayoría de los conductores españoles lo realiza sin pensarlo. Al terminar de aparcar en batería, en línea o en el propio garaje, muchos giran el volante para dejar las ruedas en la posición que consideran más adecuada estéticamente o para facilitar la salida al día siguiente. Otros aparcan directamente con el volante ya girado hasta el tope, aprovechando la última maniobra. Una situación que parece tan inofensiva como abrocharse el cinturón. Sin embargo, esta costumbre, repetida a diario durante años, puede acabar rompiendo el sistema de dirección del coche. 

Qué está pasando dentro del sistema de dirección

La explicación técnica tiene una lógica clara. Cuando el coche está inmóvil pero se gira el volante hasta el tope o se aparca con las ruedas viradas, todo el peso del vehículo recae sobre unos pocos centímetros cuadrados de cada neumático, y el sistema de dirección queda sometido a una tensión que no se libera al apagar el motor. 

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En los coches con dirección asistida hidráulica, la generación mayoritaria del parque español de más de siete u ocho años, la bomba de dirección sigue ejerciendo presión residual sobre los componentes internos de la cremallera para mantener las ruedas en esa posición forzada. En los modelos con dirección asistida eléctrica, más modernos, el motor eléctrico también se ve obligado a trabajar en condiciones no óptimas cuando se le mantiene durante varios segundos en el tope de giro.

El desgaste que produce este esfuerzo repetido durante años no aparece de golpe. Se manifiesta primero en forma de ruidos extraños al girar el volante, vibraciones inexplicables en la conducción, sensación de dureza inhabitual o de holguras. Los componentes que primero acusan la fatiga son la propia bomba de dirección, la cremallera, las rótulas de las ruedas y los fuelles de goma que las protegen del polvo, la humedad y las piedras del asfalto. Los amortiguadores y los silentblocks también absorben parte del castigo. Y los propios neumáticos, especialmente en vehículos de gama alta como Mercedes o BMW cuyas ruedas se inclinan al girar para facilitar el radio de giro, sufren desgaste desigual y localizado.

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El precio de ignorar el consejo

Cuando llega el momento de realizar una reparación en alguno de estos componentes, el precio del arreglo suele resultar superior a lo que muchos creerían. El cambio completo de la cremallera de dirección asistida oscila entre los 800 y los 2.000 euros dependiendo de la marca y del modelo concreto del vehículo. La sustitución de rótulas y fuelles rara vez baja de los 200 a 400 euros por pieza, sin contar la mano de obra del taller. El deterioro prematuro de la bomba de dirección hidráulica añade otros varios centenares de euros. Y el desgaste desigual de los neumáticos obliga a sustituirlos antes del tiempo esperable, con el correspondiente sobrecoste de dos o cuatro cubiertas nuevas.

Aparcar sistemáticamente con el volante girado puede llegar a deformar la situación normal de reposo del vehículo, con consecuencias que afectan al conjunto del sistema mecánico, no solo a un componente aislado. Puede parecer una tontería, pero enderezar el volante antes de apagar el motor es literalmente dinero ahorrado a futuro.

Cómo debe hacerse correctamente

La técnica que los mecánicos españoles recomiendan para aparcar y prevenir este problema es sencilla de llevar a cabo. Primero se debe realizar el giro del volante siempre con el coche en ligero movimiento, aunque sea a velocidad de paso, para que las ruedas rueden sobre el asfalto en lugar de arrastrarse sobre él. El esfuerzo mecánico se reduce sensiblemente y el desgaste se distribuye de forma natural entre los componentes. 

El segundo paso es dejar el volante recto al terminar la maniobra de aparcamiento, o al menos con las ruedas en una posición que no exija tensión sostenida sobre el sistema. Solo cuando la normativa lo exige, como por ejemplo, al aparcar en pendiente pronunciada, donde el Código de Circulación español obliga a girar las ruedas hacia el bordillo o hacia el centro de la calzada según el sentido de la pendiente, conviene mantener el giro, pero limitado al ángulo estrictamente necesario para que la rueda apoye contra el bordillo. 

El tercer paso, común a cualquier aparcamiento, es echar siempre el freno de mano y, en vehículos con cambio manual, dejar una marcha metida como refuerzo adicional del sistema de retención.