Psicología

Un psicólogo advierte sobre las cuentas curis virales: "Pueden generar ciberacoso entre alumnos o agresión si tratan de profesores"

Un grupo de adolescentes mirando el móvil
Un grupo de adolescentes mirando un móvil. Magnific
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Es ahora cuando se ha convertido en tendencia y cuando se le está empezando a dar visibilidad. Los curis o curimomos son dibujos o memes deformes, toscos o mal hechos adrede, rumores o información privada que alumnos de colegios o institutos difunden desde cuentas anónimas de TikTok o Instagram que llevan el nombre del centro para ser identificadas por otros compañeros. Hasta ahí, nada preocupante: lo que sucede es que muchos de estos perfiles pueden terminar humillando, ridiculizando y ciberacosando a compañeros de clase y al profesorado. Este es el salto que ha provocado la alarma en la comunidad educativa. Sobre este fenómeno viral hemos hablado con Sergio Cook, psicólogo educativo del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

Sergio Cook
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Con esta realidad, de la que Sergio nos confirma que llevan advirtiendo varios años, ¿cómo podemos saber dónde acaba la sátira y comienza el acoso en redes? “Habría que tener dos aspectos claros en cuenta: el contexto y la intencionalidad”, diferencia el experto. “Un curi, al igual que cualquier dibujo o graffiti que busca lo satírico, dependerá del contexto en el que nos encontremos, por ejemplo, si estoy con mis cuatro amigos y realizo un dibujo satírico del profesor o un compañero pero solo lo compartimos entre nosotros cuatro, el impacto es muy pequeño”. La cosa cambia cuando ese mismo dibujo o curi se sube a una red social cercana al alumno o los profesores caricaturizados para que todo el mundo lo vea: “Ya no estoy compartiendo la ‘broma’ en un grupo pequeño cerrado, sino en un gran grupo abierto que puede compartir ese mismo diseño con más gente”. 

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Es aquí donde entra, prosigue, la intencionalidad. “¿Se busca compartir una experiencia graciosa o exponer a alguien al ridículo? La intención importa, pero no elimina el daño causado". Difundir un curi como si fuera una ‘broma’ entre tanta gente de un grupo cercano a la víctima "deja expuesta a esa persona y puede acarrearle un gran daño, tanto si es profesor como si es alumno”, prosigue. 

Por tanto, la línea que separa broma de humillación se traza “en el momento en que el curi o cualquier dibujo o diseño exponga a la persona y pueda convertirse en un arma, en una agresión, hacia la víctima”. En este punto, Cook distingue entre dos tipos de delito: “Hablaríamos de ciberacoso en el caso de los alumnos, pero podríamos hablar de una agresión o violencia en caso de que los curis traten sobre los profesores”. Son hechos denunciables, explica, porque lleva intencionalidad de hacer daño por parte del agresor, una diferencia de poder (marcada por el anonimato) “y el impacto socioemocional que tenga en la víctima”.

Las dinámicas del anonimato y el morbo de poder ser descubierto

Grupo de adolescentes en el exterior de un centro educativo

¿Qué rol juegan estas dinámicas entre un grupo de jóvenes que se oculta tras el anonimato y que juegan en el filo de lo delictivo, con el riesgo consciente de ser descubiertos? Sergio nos da las claves: “El anonimato reduce la percepción de responsabilidad en el agresor”. Nos dice también que, cuando alguien publica desde una cuenta anónima, puede experimentar una distancia psicológica respecto a la persona afectada: “Esa distancia facilita la desinhibición: se dicen o se hacen cosas que probablemente resultarían más difíciles de decir o hacer cara a cara”.

El morbo de ser descubierto “puede convertir la transgresión en un juego de estatus”, continúa. “Si el contenido se publica en una comunidad cerrada o mediante una cuenta que oculta su identidad, la investigación sobre quién está detrás puede convertirse en parte del espectáculo. El riesgo de ser descubierto puede añadir emoción y hacer que participar parezca una prueba de valentía, ingenio o la búsqueda de pertenencia a un grupo”.

A estos factores se suma, nos cuenta, la recompensa social, que puede reforzar la conducta: “Los comentarios, las reacciones, las visualizaciones y las risas de los compañeros funcionan como refuerzos para continuar con la conducta e incluso ser cada vez más atrevidos”. Y advierte de que, aunque una persona “no tenga una intención inicial de hacer daño, puede seguir participando porque obtiene atención o teme quedar excluida si no lo hace”.

El impacto en las víctimas

Profesora con alumna en clase

Del otro lado quedan las potenciales víctimas, esto es, las personas menores o adultas sobre las que recaen las presuntas bromas. Sobre los estudiantes, Cook indica: “No todas las personas reaccionan igual, pero el riesgo aumenta cuando la exposición es pública, persistente, difícil de controlar o se produce ante una comunidad con la que hay que convivir diariamente”. 

¿Cómo impacta emocionalmente en quienes sí se ven afectados por los curis? “La persona puede sentir vergüenza, miedo o verse impotente al saber que cualquier error será utilizado en su contra”, explica Sergio, que añade: “A nivel social, un meme puede fijar una etiqueta en el individuo, haciendo que la relación con sus iguales resulte más compleja o incluso motivo de exclusión. La víctima puede terminar anticipando el rechazo incluso cuando no está siendo objeto de burla”. No podemos obviar el impacto educativo: “Un estudiante puede perder concentración, evitar participar, faltar a clase o querer desvincularse del grupo”, avisa. 

El docente vive ese acoso desde otra perspectiva no menos perversa: “Puede ver cuestionada su autoridad, experimentar estrés y perder seguridad al gestionar el aula”, y subraya: “La relación con el entorno educativo puede deteriorarse”. “El profesorado”, continúa, “necesita poder equivocarse, mostrar emociones, establecer límites y gestionar conflictos sin sentir que cada actuación puede convertirse en material viral”. Y afirma que “el alumnado puede cuestionar decisiones, expresar desacuerdos y utilizar el humor”, pero especifica: “Siempre y cuando se base en una crítica constructiva sobre una actuación profesional y no en convertir a una persona en objeto de hostigamiento”.

Cómo abordar el problema en los centros educativos y dentro de las familias

Sergio Cook nos explica que se está pidiendo colaboración desde hace años a las familias con un asunto que ha dejado de ser gracioso para convertirse en un problema serio. ¿Cómo se debe abordar? Y aquí es expeditivo: “Con la misma respuesta que doy siempre que hay problemas con las redes: restringir el uso de ‘smartphones’ y redes sociales a los jóvenes”. El psicólogo nos muestra una realidad del día a día en las aulas preocupante: “Esto de los curis no es algo nuevo. Ya se estaba haciendo con memes, ‘stickers’, sacando fotos en clase a profesores y alumnos y editando las fotos después, etc. Esto es una moda que, por la razón que sea, se quiere destacar, pero es una más de todas las ofensas que reciben los estudiantes y profesores y que desde sindicatos de educación están denunciando y pidiendo que se actúe desde las administraciones públicas”. 

Madre e hija

Cook se queja de la falta de apoyo por parte de las familias: “Desde las escuelas se les pide que ayuden en los hogares a detectar este tipo de situaciones o actuaciones, y hoy por hoy, la colaboración no es suficiente”. Y vuelve a poner el foco en el abuso de teléfonos inteligentes entre menores: “La diferencia que hay en dibujar un curi en un trozo de papel y publicarlo en redes sociales es mucho mayor de lo que creemos. No es lo mismo una crítica satírica en un aula donde esta puede ser controlada y regulada por un profesor y gestionada en el aula que una vez publicada en redes, con un alcance mil veces mayor y sin conocer el origen de la sátira”.