Así le contó Gisèle Pelicot a sus tres hijos que su padre la había violado junto a otros hombres: "No tengo buenas noticias"
Gisèle Pelicot ha descrito en su libro, 'Un himno a la vida', cómo le contó a sus tres hijos que su marido la había drogado y violado
El mensaje de Gisèle Pelicot a las víctimas de agresión sexual: "Nunca se avergüencen ni pierdan la confianza en sí mismas"
Gisèle Pelicot, la mujer que fue drogada y violada durante casi 10 años por su marido, Dominique Pelicot, y por decenas de hombres a los que él mismo invitaba, ha escrito un libro con el que quiere dar apoyo a las víctimas de agresiones sexuales silenciadas. La frase que pronunció durante el juicio en el que su esposo fue condenado a 20 años de prisión en Francia: "La vergüenza tiene que cambiar de bando", se ha convertido en todo un referente para aquellas mujeres que no se atreven a confesar (y denunciar) que han sido víctimas de una agresión sexual.
Y, ahora, en 'Un himno para la vida: mi historia' narra en primera persona cómo se enteró de que su marido, a quien ella nunca llamaba Dominique por parecerle poco cariñoso, llevaba años drogándola con ansiolíticos para abusar sexualmente de ella en compañía de otros muchos hombres que iban desfilando por su dormitorio. Y que lo grababan todo.
"Cuando me enteré de todo, puse la lavadora"
A raíz de un incidente en un supermercado, donde el Dominique intentó grabar bajo la falda de varias mujeres, la policía registró su casa y halló en su ordenador una carpeta titulada 'Abuso'. Ahí había hasta 3.800 documentos en los que "el señor Pelicot", como le llamaría a partir de ese momento, agredía sexualmente a su esposa sin que ella fuera consciente de lo que ocurría.
Gracias al libro, sabemos que, una vez que se llevaron todos sus dispositivos e imaginando lo que los agentes iban a encontrar, el acusado lloró sentando frente a su esposa porque no "quería perderla", pero sin explicarle el por qué de su temor. Y también sabemos, del puño y letra de Gisèle, cómo reaccionó ella cuando la policía le contó lo que habían encontrado en el ordenador:
"Al volver de comisaría, la casa estaba patas arriba porque los investigadores habían ido a registrarla. Me puse a ordenarla de inmediato. Metí la ropa sucia en en la lavadora y le mandé un mensaje a mi yerno, Pierre, para que me llamara. Tendí los calzoncillos de Dominique, sus pijamas y sus pantalones. Como hacía calor en el jardín sabía que se secarían pronto", relata Gisèle, para plasmar el estado de disociación en el que se hallaba.
Gisèle llamó a sus tres hijos por teléfono
Después, explica cómo llamó a sus hijos por teléfono para contarles que su marido era un violador, empezando por su hija, Caroline Darian, quien también aseguró después que su padre pudo haber abusado de ella al encontrarse dos sospechosas fotografías. "¿Está Pierre contigo?, ¿Puedes sentarte?" Le dije que su padre estaba detenido. Que me había drogado y violado. Que había hecho que me violaran. Soltó un grito. Un grito de angustia. El aullido de un animal salvaje. Mi hija se derrumbaba. Mis palabras para calmarla no le llegaban. Pierre cogió el teléfono, me dijo un par de frases y colgó", escribe la autora.
"Luego llamé a David, nuestro hijo mayor - continúa - "Siéntate, no tengo buenas noticias", le dije en voz baja. Me oía a mí misma. Hablaba como una autómata. Él me escuchaba sin reaccionar. Todos sabemos que tendremos que contar cosas difíciles a nuestros hijos, pero no ésta, que se sale del marco de lo imaginable. David no abría la boca. Al final, me dijo: "Mamá, te dejo". Más tarde me enteraría de que corrió al baño a vomitar", añade en su libro.
"Florian también mantuvo la calma. Me preguntó en tono tranquilo dónde estaba y cómo estaba. Le dije que estaba en casa de una amiga, que no estaba sola y que dormiría allí, pero casi no pude pegar ojo porque mis hijos me llamaban casi cada quince minutos Temían que me derrumbara a medida que su infancia se iba a pique", concluye Gisèle en uno de los pasajes más impactantes de sus memorias.
En una de esas llamadas nocturnas, Caroline le dijo a su madre: "¡Mamá, lo de tus olvidos!", en alusión a las pérdidas de memoria que esta víctima de violación sufría como consecuencia de la ingesta de los ansiolíticos que su marido introducía en su organismo. Durante mucho tiempo, sus hijos estuvieron muy preocupados - hasta el punto de pensar en llevarla a una residencia - por las pérdidas de memoria que sufría Gisèle. Tras la revelación de la verdad, todos se dieron cuenta de que esos lapsus eran no consecuencia de una enfermedad incipiente, sino de las drogas que Giséle ingería en contra de su voluntad y de la mano de su maquiavélico marido.