La madre del niño de Garrucha se desliga del crimen: "Mi hijo estaba muerto y me obligó a punta de cuchillo a ir a la playa"

La madre del niño de Garrucha se desliga del crimen. Informativos Telecinco
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La madre del niño de cuatro años presuntamente asesinado el pasado 3 de diciembre en Garrucha, Almería, ha sostenido ante la juez que la investiga que el menor "ya estaba muerto" cuando ella llegó a la vivienda en la que se alojaba con el coinvestigado J.D.R.C., quien estaba a cargo del pequeño, sin que llegara a presenciar ninguna agresión.

Así lo manifestó ante la juez de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Vera, que ha ratificado la prisión provisional, comunicada y sin fianza, para ambos investigados tras la comparecencia efectuada este miércoles en la que ella prestó declaración por primera vez tras llegar a la sede judicial en una ambulancia desde la prisión de El Acebuche debido a su avanzado estado de gestación.

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A preguntas de todas las partes salvo de la defensa del coacusado, la mujer dio una versión que la aleja del lugar del crimen en el momento en el que se produjo el supuesto asesinato por el que, no obstante, continúa investigada ante los indicios contrarios que sostiene la Fiscalía, para quien la madre de Lucas habría sido conocedora y no habría evitado las agresiones.

El día del asesinato el menor no fue al colegio

Fuentes judiciales consultadas por Europa Press han detallado que la investigada manifestó que el día de los hechos el menor no acudió al colegio porque presentaba "cólicos" y había tenido "muchos gases", de modo que ella se fue a trabajar y volvió en torno a las 13:00 horas a la habitación de la casa compartida en la que residía con la intención de darle una "manzanilla".

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Según su versión, al regresar vio al niño echado en la cama "acostado" y "mirando hacia la pared" por lo que pensaba que estaba "dormido", sentido en el que el que su pareja le habría manifestado, ante su insistencia por despertarlo, que no lo hiciera porque tenía "sueño", de modo que no le habría impedido acercarse.

No fue hasta más tarde cuando, según ha explicado, se dirigió al pequeño y advirtió que no reaccionaba ni respiraba. En este sentido, manifestó que su pareja le hizo una "RCP" al menor y le dijo que "estaba dormido". Igualmente, aunque ella "quería llamar a la ambulancia", el investigado le "quitó el teléfono" y la "amenazó con un cuchillo" para que no saliera de la habitación mientras él hablaba por teléfono en el exterior.

La mujer, quien ha relatado varios episodios de malos tratos hacia ella y cómo se habría visto obligada a convivir con su pareja pese a la orden de alejamiento existente, negó que el detenido le avisara de nada de lo ocurrido en las llamadas previas que mantuvieron esa mañana.

Amenazó a la madre y al niño con un cuchillo

Asimismo, ha insistido en que el hombre esgrimió un cuchillo y la instó a coger el menor para "ir a caminar a la playa", de modo que abandonaron el domicilio sobre las 17:00 horas con el menor ya muerto arropado y cogido en brazos por él.

La mujer, que también manifestó que el investigado llevaba el teléfono de ella, ha trasladado sus sospechas de que su pareja se deshiciera del cuchillo en un contenedor de basura durante el paseo, en el que le habría obligado a enviar un mensaje de audio a su padre para decir que el menor había "desaparecido". También aseguró que el acusado contactó por mensajes con su madre, quien le habría pedido que "se marchara" y "borrara" las conversaciones.

Conforme a su versión, la mujer fue abandonada con el menor cargada en un punto de la playa después de que su pareja le dijera que no se moviera de allí, sin que llegara a verlo nunca más. Fue entonces cuando ella, según explicó, tomó la determinación de entrar en el búnker en el que más tarde fue hallado el cadáver del pequeño.

La mujer aseveró que "se desmayó" en el interior del búnker debido a que padece "problemas de corazón", pero que al despertar salió de allí siendo ya sobre las 23:00 horas e intentó comunicarse con su pareja sin éxito, por lo que se dirigió hacia la Guardia Civil donde, al rato, se encontró con él.

Las lesiones antiguas encontradas en la autopsia

La mujer aseguró durante su comparecencia que, salvo en una ocasión, nunca había visto a su pareja agredir al menor, si bien ha narrado que desde que se trasladó a vivir con ellos a Garrucha trataba en todo momento de ser él quien lo duchara y lo vistiera, sentido en el que no habría podido ver lesiones en su cuerpo.

Asimismo, ha apuntado las amenazas que habría sufrido por parte de su pareja, especialmente a raíz de la sentencia judicial por malos tratos emitida el 20 de octubre de 2025, apenas mes y medio antes del crimen, que ordenaba el alejamiento respecto a ella, si bien él se habría vuelto a vivir a la habitación del piso que compartían.

En la misma línea, apuntó que era el investigado quien llevaba al niño al colegio o a otros sitios, puesto que no trabajaba, de modo que ella "nunca estaba sola" con el pequeño, quien tampoco le manifestó dolencias de ningún tipo, de acuerdo con sus manifestaciones. Según su relato, solo en una ocasión le vio un "morado" en la cara pero no lo llevó al médico porque J.D.R.C. "no le dejó".

Cabe señala que el informe ampliado de la autopsia del menor señalaba una serie de lesiones "antiguas" a nivel óseo compatibles con malos tratos que se habrían originado a raíz de puñetazos, patadas o agresiones con objetos contundentes sufridas entre tres y seis semanas antes del fallecimiento.

Ha negado que fuese sometido a "brujería"

La madre de Lucas también negó que el menor hubiera sido sometido en algún momento a "brujería" o "ritos satánicos" como los que sostiene la defensa del otro investigado, quien achacó las lesiones que derivaron en la muerte del pequeño a una práctica ritual.

El informe forense concluyó que el niño murió por un traumatismo abdominal "violento" que se habría producido en el contexto de un "politraumatismo", lo que dio lugar a un desgarro a nivel hepático que produjo un shock hemorrágico.

En esta línea, descartaba la teoría de un vigoroso "sobado" en la zona abdominal en el marco de una práctica de curanderismo para aliviar dolores de estómago en el pequeño, tal y como sostenía la defensa del coacusado. Si bien la madre del menor aseguró que ella "nunca" lo maltrató, sí afirmó que el niño sentía "mucho miedo" de su pareja.