La petición de Alfonso Basterra para salir de prisión mientras su libro sigue a la venta: un nuevo intento tras el permiso revocado en mayo
Alfonso Basterra, condenado por matar a su hija Asunta, vuelve a intentar conseguir un permiso tras un intento frustrado en mayo
Las autoridades denegaron en mayo el último intento de Basterra para tener un permiso: nunca ha salido de la cárcel
Alfonso Basterra, condenado a 18 años de prisión por el asesinato de su hija Asunta, habría vuelto a solicitar un permiso penitenciario para salir temporalmente de la cárcel. Fuentes de la Fiscalía Provincial de Salamanca han explicado a la web de 'Informativos Telecinco' que entienden que se ha presentado una nueva petición, aunque esta se encuentra todavía pendiente de evaluación por parte de la Administración penitenciaria.
La Audiencia Provincial de Salamanca también ha señalado a este medio que no ha recibido ninguna nueva resolución relacionada con Basterra. El condenado nunca ha salido de la cárcel, después de que en mayo le denegaran en última instancia otro permiso que sí le habían concedido inicialmente. El centro penitenciario de Topas es el que debe decidir en primer término si concede o deniega el permiso, o si lo autoriza con determinadas condiciones. Solo si alguna de las partes no está conforme con esa decisión puede intervenir el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria. Basterra puede recurrir si se le deniega o no está conforme con las condiciones, y también puede hacerlo la Fiscalía si considera que un permiso concedido no debería haberse autorizado.
Basterra fue detenido el 25 de septiembre de 2013, tres días después de que el cuerpo de Asunta, de 12 años, apareciera en una pista forestal de Teo (A Coruña), e ingresó en prisión provisional el 27 de septiembre. Permaneció en esta situación durante algo más de dos años, hasta que la Audiencia Provincial de A Coruña lo condenó en noviembre de 2015 a 18 años de prisión por el asesinato de su hija, una pena que posteriormente confirmó el Tribunal Supremo. Desde que entró en la cárcel acumula ya casi 13 años privado de libertad, aunque los primeros algo más de dos años correspondieron a prisión provisional, cuyo tiempo se computa para el cumplimiento de la condena.
Antecedentes de los permisos
Basterra ha realizado varios intentos para salir temporalmente de prisión. En 2018, después de cumplir la cuarta parte de su condena, solicitó un permiso ordinario de fin de semana que le fue denegado. A finales de 2023 volvió a intentar avanzar en su régimen penitenciario con una solicitud de tercer grado, una petición que tampoco prosperó y cuyo rechazo trascendió en 2024. Entre los motivos apuntados entonces figuraban la falta de arrepentimiento y la repercusión social que podía tener su salida. Ya en febrero de 2026, tras su traslado de la cárcel de Teixeiro a la prisión de Topas, volvió a solicitar el tercer grado, pero tampoco se le concedió.
El siguiente intento llegó en marzo de este año. La Junta de Tratamiento de Topas se había opuesto a la concesión de un permiso ordinario de cuatro días, pero Basterra recurrió ante el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria y el 24 de marzo un juez estimó su recurso y autorizó la salida.
Sin embargo, Basterra nunca llegó a disfrutar de aquel permiso. La Fiscalía recurrió la decisión y la Audiencia Provincial de Salamanca le dio la razón el 8 de mayo. El tribunal consideró que la salida era "prematura e injustificada" y tuvo en cuenta la "extrema gravedad" del delito, el tiempo que todavía restaba de condena y la "falta absoluta de asunción de responsabilidad" derivada de su negación persistente de los hechos. La Junta de Tratamiento se había opuesto a la salida por ocho votos frente a uno.
Los permisos no son automáticos
Los permisos ordinarios están concebidos por la normativa penitenciaria como una herramienta de preparación para la vida en libertad y de mantenimiento de los vínculos familiares y sociales. Los internos clasificados en segundo o tercer grado pueden acceder a ellos siempre que cumplan determinados requisitos, entre ellos haber cumplido al menos una cuarta parte de la condena, no observar mala conducta y contar con el preceptivo informe del Equipo Técnico.
Pero esos requisitos no implican una concesión automática. También se analiza el riesgo de quebrantamiento de condena, la posibilidad de reincidencia y la repercusión que el permiso pueda tener en el programa individualizado de tratamiento.
En el caso de los internos en segundo grado, la petición se estudia inicialmente en el centro penitenciario. Si se trata de un permiso de hasta dos días, puede autorizarlo el centro directivo; cuando supera esos dos días, debe intervenir el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria. Además, pueden establecerse condiciones y medidas de control, especialmente en los primeros permisos, como acompañamiento familiar, presentación en comisaría o restricciones sobre determinados lugares.
La gravedad del delito y el contexto del caso Asunta
La gravedad del crimen fue uno de los argumentos utilizados por la Audiencia Provincial de Salamanca para rechazar en mayo el permiso de cuatro días que Basterra había obtenido inicialmente de un juez. Asunta, nacida en China y adoptada por Alfonso Basterra y Rosario Porto cuando tenía alrededor de un año, tenía 12 años cuando fue asesinada. Sus padres estaban separados y residían en Santiago de Compostela, aunque sus domicilios se encontraban próximos y ambos continuaban formando parte de la vida de la menor. La tarde del 21 de septiembre de 2013, Asunta estuvo primero con su padre y después se marchó con su madre hacia el chalet familiar de Montouto, en Teo. Horas después, Porto regresó a Santiago y ambos denunciaron la desaparición de la niña. Su cuerpo fue localizado a primera hora del 22 de septiembre en una pista forestal próxima al chalet.
La sentencia determinó que Asunta había sido sedada con lorazepam, el principio activo del Orfidal, antes de morir asfixiada. El jurado popular consideró probado que Basterra y Porto habían suministrado el medicamento a su hija de forma reiterada durante los meses anteriores y que él se encargaba de adquirirlo. La reconstrucción de los movimientos de ambos aquella tarde, sus respectivas versiones y otros indicios formaron parte de la prueba analizada durante el juicio. El caso estuvo rodeado de elementos controvertidos, como unas fotos de la pequeña, así como de numerosas incógnitas sobre lo ocurrido aquella tarde, como la cuestión de dónde se encontraba Basterra en el momento en que Asunta fue asesinada. La Audiencia Provincial de A Coruña declaró culpables a ambos padres adoptivos a partir de un conjunto de indicios y los condenó a 18 años de prisión, una decisión que posteriormente confirmó el Tribunal Supremo.
Uno de los episodios más controvertidos fue el relacionado con el ordenador de Basterra. El portátil y un segundo teléfono móvil suyo no fueron localizados durante los primeros registros practicados en su vivienda de Santiago y aparecieron meses después, durante un nuevo registro. La aparición de ambos dispositivos generó sospechas entre los investigadores, que llegaron a plantear que alguien podía haberlos vuelto a introducir en la vivienda. Según fuentes de la investigación citadas entonces por varios medios, el ordenador estaba formateado y los agentes intentaron recuperar la información que pudiera haber sido eliminada. Sin embargo, nunca llegó a determinarse quién pudo manipular el equipo ni por qué el portátil y el segundo teléfono no habían sido localizados durante los primeros registros. Este medio trató el año pasado de hablar con personas del entorno más cercano de Basterra sobre estos hechos, pero declinaron hacer declaraciones.
La vida de Basterra en Salamanca
Rosario Porto se quitó la vida en prisión en 2020. Alfonso Basterra, en cambio, continúa cumpliendo condena. Durante más de una década estuvo en Teixeiro, donde llevaba una vida marcada por el aislamiento. Tenía pocas visitas, apenas mantenía relación con otros internos y trabajaba en la biblioteca. También participaba en actividades literarias y escribía relatos. Su traslado a Topas supuso un cambio en esa rutina.
Basterra había solicitado el traslado a Salamanca después de comenzar a cartearse con una mujer de la ciudad con la que inició una relación sentimental. Desde entonces, ambos han mantenido el contacto y ella se convirtió en una de sus principales conexiones con el exterior. Su relación también apareció vinculada a sus intentos de conseguir un permiso de salida: uno de los motivos que alegó para solicitar aquellos cuatro días era poder encontrarse con ella. Algunos compañeros de prisión han cuestionado sus intenciones y hablan de "conveniencia", una valoración que no ha sido acreditada de forma independiente. En Topas, Basterra permanece integrado en un módulo de respeto, participa en labores de limpieza, acude al gimnasio y al taller de hilo y dispone de habitación propia.
La escritura es otra de las actividades que ha marcado sus años entre rejas. En Teixeiro escribió 'Cito', una novela ambientada en la España rural que publicó con la editorial Vitruvio y dedicó a Asunta. La obra no gira sobre el crimen ni sobre su experiencia en prisión y, según diversas fuentes, sirvió también como punto de partida para su contacto epistolar con la mujer de Salamanca. Desde hace tiempo estaría preparando una segunda novela, mientras la primera sigue a la venta. Casi 13 años después de su ingreso en prisión, Basterra continúa sin asumir responsabilidad por la muerte de su hija y mantiene su versión de los hechos, negando haberla asesinado.