Los vecinos de Babacar afirman que era bromista y que estaba integrado, pero que su salud mental se deterioró de forma grave
Un policía local mata de un disparo a un hombre que amenazó a una ertzaina con un cuchillo en Hondarribia
Babacar, el hombre de 46 años abatido este lunes en Hondarribia tras ser tiroteado por un agente de la Policía Local, llevaba tiempo siendo una persona conocida en el municipio y también por los servicios policiales. Ciudadano senegalés, en situación de vulnerabilidad y con problemas de salud mental, había sido detenido hasta en 12 ocasiones. Los vecinos que trataban con él describen una evolución marcada por cambios muy visibles en su comportamiento.
Cuando se encontraba tranquilo podía relacionarse con normalidad, pero en los periodos de mayor desestabilización hablaba solo, se mostraba agresivo y protagonizaba episodios que habían generado preocupación en las calles de la localidad.
Su muerte llegó después de uno de esos episodios. El hombre entró descalzo en un bar del centro de Hondarribia y habría amenazado con un cuchillo a varias personas antes de que agentes de la Policía Local y de la Ertzaintza intervinieran para alejarlo de la zona. Poco después, en las inmediaciones del colegio Ama Guadalupekoa, trató presuntamente de agredir con el arma blanca a una agente que había caído al suelo y uno de los policías abrió fuego. Recibió tres disparos y, según las imágenes captadas tras la intervención y a las que ha tenido acceso Mediaset, los agentes trataron de reanimarlo durante varios minutos sin conseguir salvarle la vida.
Un hombre conocido en Hondarribia y detenido en 12 ocasiones
Quienes conocían a Babacar desde hace años insisten en que su comportamiento no había sido siempre el mismo. Un vecino de la zona, Javier Zabala, ha recordado, en declaraciones a 'Diario Vasco', a un hombre que, cuando estaba tranquilo y medicado, podía mostrarse cercano, bromista y perfectamente integrado en la vida cotidiana del municipio. Una imagen que contrastaba con la que algunos vecinos habían empezado a tener en las últimas semanas, cuando sus episodios de descontrol se hicieron más frecuentes y difíciles de prever.
Miguel de la Fuente, también vecino de Hondarribia, ha señalado al medio vasco citado que percibía claramente esa diferencia. En sus momentos de estabilidad podía entrar en un bar, pedir un café y marcharse sin molestar a nadie, pero cuando empeoraba, en cambio, se encerraba en sí mismo y podía adoptar actitudes que intimidaban a quienes se cruzaban con él. Para varios residentes, esa transformación había sido cada vez más evidente durante los últimos meses.

A esa situación se sumaba un historial policial de 12 detenciones. Fuentes policiales lo describían como una persona muy conocida en Hondarribia y con múltiples antecedentes de intervenciones y arrestos, aunque quienes convivían con él no lo identificaban con el perfil de un delincuente habitual. La percepción entre algunos vecinos era la de un hombre cuya situación mental se había deteriorado y para el que, consideran, la asistencia especializada no había conseguido dar una respuesta suficiente.
Los episodios que habían encendido las alarmas antes del tiroteo
No era la primera vez que su comportamiento había obligado a movilizar a la Policía. En verano ya se había producido una intervención de varias horas después de que se arrojara al agua y acabara subiéndose a una embarcación tras un enfrentamiento en la playa, un episodio que, apuntan algunos vecinos, mostraba que su situación se estaba complicando.
En los últimos días también había protagonizado otro incidente que había generado especial alarma. Presuntamente habría perseguido a varios jóvenes con un cuchillo y fue arrestado por la Ertzaintza después de que un vecino avisara a la Policía al sentirse amenazado.
Los residentes habían empezado a identificar así esos momentos en los que su comportamiento cambiaba de forma brusca. El lunes 28 de septiembre se produjo el episodio que terminó siendo mortal.
Tres disparos y un debate que va más allá de la intervención policial
Las imágenes de las cámaras de vigilancia de la zona en la que se produjo el tiroteo muestran a varios agentes intentando auxiliar al hombre inmediatamente después de los disparos. El fallecido había recibido tres impactos y los policías realizaron maniobras de reanimación durante un tiempo hasta comprobar que no podían hacer nada por salvarle la vida. La Ertzaintza mantiene abierta una investigación para reconstruir con precisión cómo se produjo la intervención y determinar las circunstancias exactas de la actuación policial.
El caso ha reabierto en Hondarribia el debate sobre qué respuesta reciben las personas con problemas graves de salud mental cuando su comportamiento se deteriora y se suceden los episodios de riesgo. El alcalde, Igor Enparan, ha reconocido que el Ayuntamiento conocía la situación y que había trabajado en ella junto a los servicios sociales, la Diputación de Gipuzkoa y el Departamento de Salud del Gobierno Vasco. El regidor considera que la coordinación entre las distintas administraciones no permitió encontrar una solución antes de que se produjera el desenlace fatal. La reacción también ha sido especialmente intensa dentro de la comunidad senegalesa del municipio.
La asociación Mankosengal ha convocado una concentración para homenajear al fallecido y reclamar justicia, mientras entre sus integrantes se ha expresado dolor e indignación por la actuación que terminó con su muerte. Personalidades como Luc André Diouf, miembro del Congreso de los Diputados por el Grupo Parlamentario Socialista, ha mostrado su apoyo a la concentración. Desde la comunidad senegalesa de Hondarribia han planteado públicamente qué ocurrirá ahora con la madre y la familia del hombre y ha cuestionado si no podía haberse encontrado otra solución. Paralelamente, el Ayuntamiento ha defendido una reflexión sobre los recursos disponibles y sobre la forma de abordar situaciones de especial vulnerabilidad como la que arrastraba el fallecido.

