La lección de vida de Pilar, que ha cumplido su sueño a los 84 años: "Mi nieto me dijo que no se me ocurriese hacerlo"

Aventurera desde siempre, Pilar Pallas demuestra que los sueños no tienen fecha de caducidad
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A sus 84 años, Pilar Pallas demuestra que la edad no es un freno para seguir cumpliendo sueños. Por ello, hace menos de un mes, ha vivido una experiencia que quedará grabada para siempre en su memoria: volar en paratrike por primera vez. Un sueño que siempre había estado sobrevolando, nunca mejor dicho, su mente. La de ella es una de esas historias que inspiran.
La propuesta, que se pudo llevar a cabo gracias a la colaboración entre Civitatis y la fundación Adopta Un Abuelo, surgió en el lugar donde Pilar reside actualmente: una residencia de ancianos en Zaragoza, su ciudad natal, a la que llegó tras una caída que le cambió el rumbo.
Fue allí donde una de las terapeutas planteó la posibilidad de realizar un vuelo en paratrike para quien quisiera apuntarse. “‘Pilar, ¿te apuntarías?’, me dijo. Y yo no me lo pensé dos veces. Fui la única de toda la residencia”, afirma Pilar a Informativos Telecinco.
Para Pilar, la decisión no implicaba un acto heroico ni una temeridad, sino coherencia con su manera de vivir. Había volado muchas veces en avión, pero reconoce que esta experiencia era distinta: “El sueño de volar en avión lo he cumplido muchas veces, pero en paratrike nunca”, dice.
Sin embargo, las advertencias del peligro que podría entrañar realizar un vuelo de este estilo no tardaron en llegar. Su nieto fue uno de los primeros. “Mi nieto me dijo: ‘No se te ocurra, abuela, volar en paratrike, ya que hay que correr cuando te deslizas abajo’”. Sin embargo, la organización adaptó el procedimiento para que Pilar pudiera realizar la actividad con total seguridad.
Así, Pilar no sólo no sintió temor, sino que tuvo que tranquilizar a quienes la acompañaban. “Fue una experiencia muy interesante, pero tenía más miedo el terapeuta que me acompañaba que yo”, dice Pilar riendo mientras recuerda cómo calmaba a los demás antes del despegue: “Les decía que no es para tanto, que es una experiencia muy chula y la quiero probar”.
Incluso cuando el piloto le advirtió de que el momento del despegue podía impresionar, Pilar respondió con total serenidad: “Tú no te preocupes por mí, que yo vengo a disfrutar del paseo”, dijo. Para ella, la clave estaba en la confianza. “Yo confío mucho en la gente. Y eso es lo que me planteé, que iba en un sitio seguro”.
El vuelo: libertad en estado puro
El vuelo en paratrike tuvo lugar sobre el Pirineo y duró aproximadamente media hora. Para Pilar, el tiempo pasó demasiado rápido. “Me pareció corto y todo. Yo hubiera estado más tiempo”.
Describe la experiencia como una sensación difícil de poner en palabras. “Es una sensación muy de libertad, porque no vas encerrada, vas al aire libre”. A pesar de ir sujeta por razones de seguridad, no se sintió limitada. “Me sentí súper feliz, súper libre. No lo voy a olvidar nunca…”.
Uno de los momentos más impactantes fue volar cerca de las montañas. “La sensación de estar al lado de las montañas, que casi las puedes tocar, pues es una sensación…”. Se detiene, busca las palabras y finalmente reconoce: “Describir una sensación no es fácil. Eso hay que sentirlo. Pero es maravilloso”.

Al aterrizar, dejó una frase que resume su vivencia y su carácter: “Van a decir que estoy loca, pero la locura da la libertad”.
Una vida marcada por la aventura
Nada de esto resulta sorprendente cuando Pilar repasa su trayectoria vital. Desde joven se ha definido por su espíritu inquieto. “Las novedades y retos siempre me han gustado mucho. Si me proponen ir a la Luna, también voy”, exclama.
A lo largo de su vida ha acumulado experiencias que muchas personas nunca se atreven a vivir. “He subido montañas muy altas de los Pirineos. Cuando estaba abajo, miraba el pico que había subido y ni yo misma me lo podía creer”.
También recuerda sus experiencias en el mar: “He nadado en aguas profundas”. Uno de los recuerdos que conserva con más intensidad es el de una gruta de aguas azules a la que accedió desde un barco. “Yo decía, ¿me tiro o no me tiro? Pero claro que me tiré”, dice.
La sensación sigue viva en su memoria. “Todavía recuerdo la sensación de nadar en alta mar… El agua era azul preciosa. No sé me va a olvidar aquella experiencia”. Para Pilar, la vida ha sido una sucesión de retos asumidos con valentía: “Todo lo que sea experimentar, no me da miedo. Pienso que lo voy a superar”.
Un mensaje contra los prejuicios de la edad
Pilar es consciente de que su historia rompe estereotipos. “Hay mucha gente que dice que cuando uno cumple cierta edad ya no está para ciertas cosas”, reflexiona. Ella se sitúa en el extremo opuesto. “Yo animo desde aquí a la gente a que, aunque tengan años, se animen a disfrutar de todo lo que puedan. Mientras estemos aquí en el mundo...”.
No oculta sus limitaciones actuales. Utiliza andador y reconoce que el cuerpo ya no le responde como antes. Pero eso no le impide seguir activa. “La vida ya se encarga de ponernos barreras, porque yo no tenía barreras hasta que las tuve”. Aun así, su actitud no cambia: “Con mis barreras y todo, salgo a caminar a la terraza, tomo el sol…". Por ello, su consejo es claro: “No desperdicies ni un minuto de la vida”.
“Nunca es tarde para seguir siendo quien uno es”
La historia de Pilar no se limita a esta aventura. Nacida en Zaragoza, ha vivido en Palma de Mallorca y en Benidorm, donde pasó años especialmente felices. Profesionalmente trabajó primero en un negocio familiar de muebles y más tarde se reinventó. “Me saqué el carnet de conducir a los 50 años, que me costó lo mío”, recuerda. Condujo por Mallorca enseñando artículos de decoración y se ganó la vida con esfuerzo y mucho carisma.
Años más tarde, en Benidorm, ya jubilada, impulsó un grupo de baile que terminó convirtiéndose en un referente local. “Empezamos una amiga mía y yo por diversión, y hoy hay apuntadas muchísimas personas... el grupo le ha dado a Benidorm muchísima vida”. A día de hoy, sigue en contacto con sus compañeras: “Todavía estoy conectada con el grupo a través del móvil y saben de mí”.
Pilar está separada. Tiene tres hijos, seis nietos y una relación muy estrecha con su familia. “Mis hijos y mis nietos son maravillosos y siempre me han apoyado en todo”, afirma con orgullo.
Cuando se le pregunta qué le pide hoy a la vida, Pilar no habla de grandes metas. “Ya no le pido mucho a la vida”, confiesa. “Le pido estar bien y que me toque una muerte feliz, sin pasar penurias de ningún tipo”, dice. Y si piensa en el futuro, lo resume en “estar bien, junto a mi familia. Y seguir disfrutando de todas las cosas que la vida me regale”.
Porque, como ella misma dice, “nunca es tarde para seguir siendo quien uno es”, concluye.
