Desaparecidos

Paco Lobatón, sobre las miles de personas que desaparecen en España: "Sus familias sufren el mismo impacto que una guerra"

Paco Lobatón, en una foto de archivo
Paco Lobatón, en una foto de archivo en 2024. Francisco J.Olmo/ Europa Press
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Cada año, desaparecen en España miles de personas. La última estadística anual del Centro Nacional de Personas Desaparecidas (CNDES) habla de un total de 16.147 personas reportadas desaparecidas en España en 2024. De todas esas denuncias, 13.712 fueron cesadas. Un 91% de los casos fueron ausencias voluntarias y un 72% se resolvió en una semana.

Pero, a pesar de esos datos, 2.262 denuncias seguían activas cuando se hizo el balance. Eran personas que no habían sido encontradas. "Sobre las denuncias de desapariciones todavía no esclarecidas, créanme cuando les digo que no olvidamos ningún caso hasta que se resuelve", insistía entonces el Ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, señalando que “todas las familias tienen derecho a saber qué pasó con su ser querido".

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Enfrentarse a la desaparición de un familiar es un proceso doloroso. Al otro lado del teléfono, Paco Lobatón, promotor y vicepresidente de la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas QSD Global, resume el efecto que tiene en las familias en una palabra: “Incertidumbre”. Afecta a la persona en su totalidad, a su modo de vivir, a su percepción de lo que le rodea. Lobatón cita un estudio académico reciente que “equiparaba el impacto al que sufren quienes son víctimas de un conflicto bélico”.

Cada 9 de marzo se celebra el Día de las Personas Desaparecidas sin causa aparente, que recuerda que esto sigue ocurriendo y el peaje que pagan las familias que se enfrentan a estos procesos.

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Las fases que se sufre ante la desaparición de un ser querido

La reacción ante la desaparición de un ser querido sigue diferentes fases. “En el principio, hay una enorme perplejidad”, asegura Lobatón. Es el momento en el que se pregunta “por qué me está pasando a mí”. Luego llega la negación y la conmoción ante esa persona que no vuelve. “La necesidad de buscar también es una constante”, suma el experto, que señala que esa búsqueda de la persona perdida se convierte en una suerte de justificación de la propia existencia. “Vivir se convierte en buscar”, resume. Pero hasta el propio proceso de búsqueda tiene sus peajes. Las familias deben enfrentarse a la difusión pública de lo ocurrido o a la denuncia.

Además, las desapariciones no son algo estanco. Al frenesí mediático que despiertan estas historias en sus fases iniciales, sigue un cierto olvido cuando pasa el tiempo y la parrilla informativa cambia. Tiene su lógica informativa, pero es algo que cuesta a las familias. Es frustrante, como lo es también que el protagonismo de la historia pueda variar según quién la protagoniza. Muchas familias sienten cierto agravio. “Es un agravio íntimo, difícil de gestionar”, indica Lobatón, que recomienda pedir ayuda a las asociaciones (que suelen ofrecer recursos) ante estas emociones y situaciones.

De hecho, las familias luchan para esto no ocurre. “Uno de los objetivos de la Fundación es la lucha contra el olvido”, cuenta Lobatón. Encontrarse con otras personas en situaciones parecidas ayuda. “Las familias han visto que no solo les reconforta, también que se han ido consiguiendo cosas”, explica. En los últimos años, han logrado cambiar el contexto y suplir vacíos. Ahora existen informes que cifran las personas desaparecidas y un centro estatal especializado, así como alertas gestionadas por organismos públicos con la capacidad para gestionar toda esa información y garantizar luego el derecho al olvido de la persona desaparecida.

La policía tiene protocolos claros y se ha conseguido superar reacciones que minimizan las desapariciones, algo que ocurría hace décadas. Lo de ‘ya volverá’ o lo de esperar 24 o 48 horas son cosas del pasado. De hecho, las primeras horas son las más importantes, señala Lobatón, y se han convertido en uno de los puntos clave de las investigaciones sobre desapariciones. “Reacción inmediata, búsqueda inmediata”, afirma.

El periodista Paco Lobatón

Estereotipos de los desaparecidos y cómo actuar

“Por supuesto, sigue habiendo estereotipos”, confirma. El de las 24 o 48 horas es “el más dañino”, pero también perjudica cuando la sociedad se dedica a especular con que hay “algo oculto” o sospechar que se ha ido voluntariamente. “No conozco ningún caso de desaparición que haya resultado divertido”, sintetiza Lobatón. Que ahora vivamos en un mundo hiperconectado tampoco ha hecho que sea más difícil desaparecer, confirma el experto. Incluso, el balance del CNDES habla de una subida de un 6% interanual en las desapariciones. Lobatón apunta que se está viendo también un aumento de las desapariciones por causas de enfermedades, mentales o degenerativas. 

¿Cómo deberíamos como sociedad afrontar estas cuestiones? “Siendo receptivo a la información y dando acompañamiento si se puede”, recomienda Lobatón, que también destaca la importancia de la labor de los medios. 

En cierto modo, habría que cambiar el prisma bajo el que se ven estas historias. Todavía hay una cierta sensación de que esto atañe a otros, que es algo lejano. “Esto le puede pasar a cualquiera”, asegura Lobatón. Entre las personas desaparecidas y las familias que deben convivir con ello, hay “todo tipo de perfiles”. “El impacto tiene un denominador común en todas las familias”, suma. No hay brecha cultural, social o económica entre quién puede encontrarse ante una situación como esta. Puede ser cualquiera. En el informe del CNDES, de hecho, ninguna provincia se queda en cero personas desaparecidas.