Maternidad

Julia Menú logró ser madre por fin tras siete inseminaciones artificiales y cinco fecundaciones in vitro: "Nunca dejé de intentarlo"

La influencer Julia Menú relata los 13 años de lucha antes de lograr convertirse en madre de tres hijas
La influencer Julia Menú relata los 13 años de lucha antes de lograr convertirse en madre de tres hijas. Cedida
Compartir

Julia Menú es una de las creadoras de contenido españolas con mayor alcance en redes sociales (26 millones de seguidores en TikTok y 1,5 Instagram), canales en los que plasmado su lucha por conseguir el sueño de ser madre y no perder la esperanza por el camino.

Y es que, antes de convertirse en madre de sus tres hijas, atravesó un largo periplo de 13 años en el que se sometió a siete inseminaciones artificiales y cinco tratamientos de fecundación in vitro. En el último de estos intentos se pudo quedar embarazada, pero perdió el bebé y tuvo que empezar de cero. Además, durante uno de los partos, su vida estuvo pendiendo de un hilo debido a una complicación en la cesárea.

PUEDE INTERESARTE

Su decisión de compartir públicamente su experiencia la convirtió en una de las voces más reconocidas en la lucha por romper el silencio que aún rodea a los problemas de fertilidad. La influencer conoce de primera mano lo que es enfrentarse a las dificultades emocionales y económicas que acompañan a la infertilidad. Su causa: una endometritis crónica.

Laura, paciente de endometriosis: "Mi vida es dolor, es como si tuviera una sierra dentro de la vagina"
Laura, paciente de endometriosis: "Mi vida es dolor, es como si tuviera una sierra dentro de la vagina"
PUEDE INTERESARTE

En esta entrevista con la web de 'Informativos Telecinco', Julia habla de los momentos más duros de ese proceso, de cómo logró mantener la esperanza y de la importancia de que la infertilidad deje de ser un tema tabú.

Pregunta: ¿En qué momento descubres que la infertilidad te iba a acompañar en el camino hasta ser madre?

Respuesta: Fue en el momento en que empecé a ser consciente de que no se trataba simplemente de tiempo. Muchas veces los propios especialistas dicen que hay que esperar, como mínimo, un año intentándolo, pero yo sentía que había algo más.

P.: Pasaste por siete inseminaciones artificiales y cinco fecundaciones in vitro. ¿Cómo fue ese proceso? 

R.: Fue un proceso muy duro, lleno de obstáculos, incertidumbre y dolor. Sentía que todo jugaba en mi contra y que, cada vez que avanzaba un paso, retrocedía diez. Cada tratamiento suponía una nueva ilusión, pero también el riesgo de una nueva decepción.

Cada negativo me daba más fuerzas para seguir buscando ese positivo

cedida

P.: ¿Cuántos años pasaron hasta que lo lograste?

R.: Pasaron 13 años hasta que logré ser madre. 13 años de lucha, de caídas y de volver a levantarme. A pesar de todo, nunca dejé de intentarlo, porque el deseo de cumplir mi sueño de ser mamá era más fuerte que cualquier dificultad.

P.: ¿Cómo se mantiene la esperanza después de tantos intentos fallidos? 

R.: Cada negativo me daba más fuerzas para seguir buscando ese positivo. Siempre he pensado que la esperanza es lo último que se pierde, y yo nunca la perdí porque mi sueño de ser mamá era más fuerte que cualquier dificultad.

Julia Menú: "Ha sido un camino muy largo, con muchas lágrimas y momentos complicados"

P.: Sin embargo, ¿cuál fue el momento más difícil de todo el proceso?

R.: En este camino no puedo quedarme con un solo momento como el más difícil, porque cada etapa tuvo lo suyo. Cada tratamiento, cada espera y cada resultado fueron duros a su manera. Ha sido un camino muy largo, con muchas lágrimas y momentos complicados, pero nunca dejé de luchar por cumplir mi sueño.

A esta lucha se suma otro dolor: querer y no poder pagar un tratamiento

cedida

P.: ¿Resulta muy costoso someterse a diferentes tratamientos durante tantos años?

R.: Sí, los tratamientos son muy costosos, y a eso hay que sumarle las pruebas, la medicación y muchos otros gastos. En su día no podía, ni por asomo, permitirme un tratamiento tan caro, y eso añade aún más dolor a esta lucha: querer y no poder. Darle vueltas a la cabeza pensando cómo conseguir ese dinero, sentarte a valorar la situación y decidir intentarlo aun sabiendo que después te espera una época bastante complicada para recuperarte de esa inversión, y que, encima, puede que no consigas tu positivo.

La vida me ha hecho vivir las dos experiencias: el querer y no poder, y el poder y no querer.

P.: Después, consigues quedarte embarazada, ¿cómo lo logras? Imagino que sentiste mucha felicidad, ¿no?

Después de muchos años, por fin dieron con mi problema. Sufría una endometritis crónica. Por suerte, pude permitirme hacerme unas pruebas bastante costosas que fueron clave para encontrar la causa.

Ver ese positivo por primera vez fue algo inexplicable. Sentí una felicidad enorme, después de tantos años de lucha y de espera. Aunque, por desgracia, esa felicidad duró poco. Fue uno de los momentos más felices de mi vida, pero también uno de los más dolorosos.

P.: Pierdes al bebé. ¿qué pasó? 

R.: Bueno, aquí siempre me quedará la duda del verdadero motivo, ya que en la Seguridad Social me dijeron que había sido un embarazo bioquímico y, en la clínica privada, un embarazo ectópico.

P.: ¿Qué sentiste cuando te dieron la noticia? ¿Cómo se encuentra la fuerza para volver a empezar?

R.: A pesar de que estaba de muy poquitas semanas, duele mucho. Cuando te dan la noticia se te viene el mundo encima, porque después de tantos años de lucha y de haber conseguido por fin ese positivo, lo último que esperas es perderlo.

Pero, aunque parezca difícil de entender, ese aborto también me dio fuerzas para seguir adelante. Me hizo darme cuenta de que podía conseguirlo y me ayudó a seguir luchando por mi sueño de ser madre.

Las típicas frases de 'relájate' o 'estás obsesionada' pueden resultar muy dolorosas

cedida

P.: ¿Hubo algo que te dijeran médicos, familiares o amigos que se suele decir con buena intención pero que en realidad puede resultar doloroso para quienes atraviesan un proceso así?

R.: Sí, las típicas frases de: “Relájate”, “estás obsesionada” o “cuando te relajes ya verás cómo llega”. Sé que muchas veces se dicen con buena intención, pero cuando llevas años luchando contra la infertilidad pueden resultar muy dolorosas.

La gente no siempre entiende todo lo que hay detrás de este proceso, tanto a nivel físico como emocional. No se trata de relajarse más o menos, sino de una situación médica que muchas veces escapa a nuestro control. En esos momentos, más que consejos, lo que necesitas es comprensión, apoyo y que te escuchen sin juzgar.

P.: Después de todo lo vivido, y de aquella pérdida del bebé, consigues ser madre de dos mellizas, ¿cómo lo consigues finalmente? 

Después de esperar tres meses por el aborto, volví a someterme nuevamente a otro tratamiento de FIV, en el cual decidí que me transfirieran dos embriones, de los que hoy en día, tienen ya tres añitos.

El parto se complicó y estuve con un pie dentro y otro fuera

cedida

P.: ¿Cómo recuerdas el nacimiento de tus mellizas?

R.: Ese día lo recuerdo agridulce, como una auténtica montaña rusa de emociones. Mi ginecólogo me dijo “Julia, qué mala suerte tienes, te ha tocado pasar por todo lo peor que puede suceder en un parto”. 

Iba a tener un parto natural, pero acabó en cesárea. Durante la cesárea, se complicó. Cuando estaba en reanimación, se dieron cuenta de que estaba teniendo una hemorragia, así que acabé nuevamente de urgencia en quirófano. Estuve toda la noche en observación sin poder ver a mis hijas. 

Al mes tuvieron que volver a meterme en quirófano y, en esa intervención, me pincharon la duramadre, por lo que estuve cinco días ingresada en el hospital sin poder ponerme de pie, hasta que me hicieron un parche hemático. Por no hablar de las transfusiones de sangre que me tuvieron que hacer, ni de los meses que estuve yendo al hospital para ponerme hierro por vena. Vamos, que estuve con un pie dentro y otro fuera.

En ese momento fue muy duro, pero cuando por fin tuve a mis hijas en brazos, todo lo demás pasó a un segundo plano. Fue el momento más feliz de mi vida.

P.: Después decides tener a Gina. ¿Qué significó para ti poder ampliar la familia?

R.: Gina llegó para completar nuestra familia. Yo tenía muy claro que quería tener más hijos y no quería esperar más tiempo. Gracias a los embriones congelados que habíamos conservado, pudimos volver a intentarlo años después y hacer realidad ese deseo. Su llegada fue muy especial para todos nosotros.

P.: ¿La experiencia de haber luchado tanto por ser madre ha cambiado tu forma de vivir la maternidad?

R.: Yo diría que no. Vivo la maternidad como cualquier madre, con sus momentos buenos y sus momentos más difíciles. Es verdad que el camino hasta llegar aquí ha sido muy largo, pero una vez que tienes a tus hijos contigo, el día a día es el mismo que el de cualquier otra familia: amor, rutina, cansancio y mucha felicidad.

Me gustaría que se hablara de esto con más naturalidad, sin tantos tabúes ni rodeos

cedida

P.: La infertilidad sigue siendo un tema del que cuesta hablar. ¿Por qué crees que sigue existiendo ese silencio?

R.: La verdad es que cada vez se habla más de ello. Creo que, poco a poco, se está normalizando. Pienso que llegará un punto, o al menos eso quiero creer, en el que se hable igual que de cualquier otro problema de salud.

P.: ¿Qué conversaciones te gustaría que fueran más habituales cuando se habla de fertilidad y reproducción asistida?

R.: Me gustaría que se hablara de esto con más naturalidad, sin tantos tabúes ni rodeos. Que se entendiera de verdad todo lo que hay detrás lo duro que es a nivel emocional, físico y también económico. Y también que la gente fuera un poco más empática, porque al final cada historia es un mundo. No es un camino fácil ni rápido, y muchas veces lo único que hace falta es que te escuchen sin juzgar y sin las típicas frases de siempre.

P.: ¿Crees que las redes sociales pueden convertirse en una herramienta de apoyo emocional real para quienes atraviesan procesos de infertilidad?

R.: Creo que sí, de hecho, lo es. A mí personalmente me ayudó mucho y sé que yo también ayudé a otras personas. Encontrar a gente que está pasando por lo mismo te hace sentir menos sola, te da apoyo y te entiende de verdad, sin necesidad de explicar demasiado.

Compartir mi historia en redes me ayudó a desahogarme, a no sentirme sola

cedida

P.: ¿Y crees que contar tu experiencia en redes sociales te ayudó emocionalmente?

R.: Muchísimo. Fue la mejor decisión que pude tomar, el abrirme en canal a miles de personas. Me ayudó a desahogarme, a no sentirme sola y a ver que había mucha más gente pasando por lo mismo que yo. Al final, compartirlo hizo que todo el proceso fuese un poco más llevadero.

Aunque también tiene su lado negativo, porque no todo el mundo entiende, ni respeta.

Julia Menú junto a su marido y sus hijas

P.: Escribiste un libro, 'Diario de una guerrera', contando tu experiencia. ¿En qué momento sentiste que tu historia debía ser escrita?

R.: En el momento en que saqué mi primer libro supe que, algún día, tenía que contar mi historia en páginas. Solo tenía una condición: que sería cuando todo terminara con un final feliz.

P.: ¿Qué mensaje esperas que encuentre una mujer que abra “Diario de una guerrera” en uno de sus peores momentos del proceso de infertilidad?

R.: Me gustaría que encontrara esperanza. Que vea que, aunque el camino sea muy duro y a veces parezca que no se puede más, no está sola. Que cada historia es distinta, pero que al final hay muchas formas de llegar al mismo sueño. Y que, por muy difícil que sea el momento en el que lo lea, siempre puede haber una luz al final del camino.

P.: ¿Qué te gustaría que hubiera cambiado dentro de diez años en la forma en que la sociedad entiende la infertilidad?

R.: Me gustaría que se entendiera con mucha más normalidad, como cualquier otro problema de salud. Que desaparecieran los tabúes y que la gente dejara de hacer comentarios que hacen daño, aunque sean con buena intención.

Y, sobre todo, que hubiera más empatía. Que se entendiera que detrás de la infertilidad hay mucho dolor, mucha lucha y muchas historias diferentes, y que no es algo que se elige ni que se controla.