Leyla Bouzid, la cineasta árabe que retrata la homosexualidad femenina, aunque esté penada: “Como cineasta, no tienes derecho a tener miedo”

La directora asegura que “si no hacemos nada, nada cambiará jamás” al hablar de representación LGTBIQ+ en el cine árabe
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Leyla Bouzid (Túnez, 1984) se ha consolidado como una de las voces más singulares y valientes del cine árabe contemporáneo. Nacida en Túnez y formada entre Europa y el norte de África, la directora franco-tunecina ha construido una filmografía marcada por la exploración de la juventud, la libertad y las tensiones sociales y políticas que atraviesan el mundo árabe actual.
Tras destacar internacionalmente con películas como 'As I Open My Eyes' (2015), Bouzid ha vuelto a romper barreras con 'Tres Mujeres' (À voix basse), presentada con gran acogida en competición oficial en el Festival Internacional de Cine de Berlín y que llegará a los cines españoles el 22 de mayo.
La película supone un hito dentro del cine árabe y musulmán al abordar, por primera vez de forma abierta, una historia de amor entre dos mujeres en un contexto donde la homosexualidad continúa penada y fuertemente estigmatizada.
Pero, lejos de plantear únicamente un relato de sufrimiento, Bouzid apuesta por filmar la intimidad, la ternura y el deseo desde una mirada luminosa y profundamente humana.
En esta entrevista con 'Informativos Telecinco', la directora reflexiona sobre la responsabilidad de representar historias tradicionalmente invisibilizadas, el impacto que el cine puede tener allí donde la política no alcanza y la necesidad de desmontar los clichés occidentales sobre las sociedades árabes.
Una cineasta que viene a recordarnos que, “de una orilla a otra del Mediterráneo”, las emociones y los conflictos humanos son universales.
Pregunta: Has señalado que querías dar espacio a historias prácticamente invisibles en el cine árabe. ¿Qué responsabilidad sentías al abordar el amor entre mujeres en un contexto donde la homosexualidad sigue penada?
Respuesta: Es, en efecto, una gran responsabilidad representar a mujeres que se aman en un territorio árabe. Nunca se había hecho y la película se convierte inevitablemente en embajadora de esta causa. A partir de ahí, existe el riesgo de esencializar, es decir, el riesgo de que mis personajes tengan que representar a toda la comunidad queer. Pero la película no puede asumir eso; harían falta infinitas historias y películas para representar todas las experiencias posibles.
También existe el riesgo de que se considere que estamos poniendo en peligro a la comunidad queer al representarla. Para mí es lo contrario: esta comunidad está señalada ocurra lo que ocurra, y el borrado total es peor. Si hacemos algo, no estamos seguros de que vaya a cambiar las cosas, pero si no hacemos nada, nada cambiará jamás.
P.: ¿Tuviste miedo en algún momento de hacer esta película, ya fuera por la recepción social, política o institucional?
R.: Como cineasta, cuando uno se embarca en un proyecto, no tiene derecho a tener miedo. Arrastramos con nosotros a un equipo técnico y artístico, y nuestra energía y nuestra fe en el proyecto contagian a los demás. Si tenemos miedo, eso puede convertirse en un freno.
Después, una vez terminada la película, sí pueden surgir ciertos temores respecto a cómo será recibida, pero la película ya está ahí, existe, y eso es lo importante.

P.: Muy a menudo, el cine tiende a representar la homosexualidad a través del trauma o el castigo. En ‘Tres Mujeres’, ¿buscabas filmar el deseo, la ternura y la intimidad desde otra perspectiva?
R.: Quería que el trauma vivido por una generación (la de Daly) se transformara en una fuerza para la nueva generación (la de Lilia). Todo ello haciendo circular los silencios, la ternura y los vínculos familiares entre unos y otros.
También quería proponer una visión esperanzadora: que todos podamos vivir juntos y que la belleza, el amor y el deseo prevalezcan. Que podamos formar una familia juntos.
P.: ¿Crees que el cine puede abrir conversaciones sociales allí donde la política o las instituciones no lo consiguen?
R.: Sí, creo que el cine tiene un enfoque más humano y emocional, que pasa por la empatía y que puede permitir abrazar ciertas causas desde un ángulo distinto al de la política y las instituciones. Es algo que atraviesa un prisma que alimenta el alma de alguna manera. En ese sentido, creo que el cine puede influir en nuestra mirada a nivel personal, favorecer una mayor aceptación y conducir a una actitud diferente en la vida real.
Algunas mujeres árabes me agradecen que la película haya abierto debate en sus familias
P.: ¿Cómo reaccionaron las mujeres tunecinas o árabes que vieron la película en Berlín o en otras proyecciones?
R.: Las reacciones son muy ricas e interesantes. Acabo de volver de Túnez, donde la película se estrenó en salas. Estuve en el lanzamiento y las sensaciones fueron intensas. Algunas mujeres se sorprendieron al darse cuenta de que aceptan el amor entre Lilia y Alice; otras ni siquiera creían que realmente pudieran amarse.
También otras mujeres me escriben para agradecerme que represente esta historia o para decirme que la película abrió debates en sus familias. Todos esos comentarios me aportan mucho y alimentan mi convicción de que el cine tiene un verdadero impacto.
P.: ¿Tienes la sensación de que el cine árabe contemporáneo atraviesa un periodo de transformación en relación con las cuestiones de género y sexualidad?
R.: El cine árabe contemporáneo es extremadamente dinámico y rico. Me parece que aporta nuevas miradas y diferentes puntos de vista sobre muchísimos temas, entre ellos el género y la sexualidad, aunque no únicamente. Sobre todo porque la visión de la identidad árabe en la esfera mediática occidental global es muy reduccionista. El cine árabe lleva a la pantalla experiencias diferentes y permite desmontar clichés.
P.: ¿Sentiste alguna presión, explícita o implícita, para suavizar ciertos temas en tus películas?
R.: Existen presiones en la manera en que los guiones son vistos o leídos. Nuestro papel es intentar discernir y poner las cosas en perspectiva. Pero esas presiones iban más bien en el sentido de añadir más violencia a la película o hacerla más trágica. Es lo que se espera de las historias que vienen del sur.

P.: ¿Qué significó para ti la presentación de ‘Tres Mujeres’ en competición oficial en el Festival Internacional de Cine de Berlín?
R.: Para mí era la primera vez en una competición oficial de un festival tan importante. Mis otras dos películas estuvieron en Cannes y Venecia, pero en secciones paralelas. Pude ver hasta qué punto una competición de este nivel da visibilidad. Fue una vitrina muy hermosa y prestigiosa para la película.
Me sorprendió la rapidez con la que, desde el final de la primera proyección, la película deja de pertenecernos. Hay una resonancia inmediata y la película empieza a existir muy rápidamente después.
También fue un momento maravilloso junto a mis actrices, que descubrían la película.
Espero que el público europeo tenga una mirada igualitaria sobre estas mujeres
P.: ¿Temes que el público europeo vea la película únicamente desde una mirada exotizante sobre el mundo árabe?
R.: Creo que el público europeo puede identificarse perfectamente con Lilia y con estas mujeres. Espero, por tanto, que no tenga esa mirada, sino más bien una mirada igualitaria.
Veo, por ejemplo, que el personaje de Alice —que no sabe qué hacer, que está un poco perdida y es muy torpe— puede incomodar al público europeo, que no está acostumbrado a verse representado de esa manera, como alguien externo y que no domina la situación.
P.: ¿Qué conversaciones te gustaría que la película generara específicamente en España tras su estreno?
R.: Ante todo, me gustaría que la película pudiera conmover de manera directa a los espectadores en España, que sintieran empatía, que pudieran emocionarse y quizá reconocerse en ella.
Espero que puedan decirse que, de una orilla a otra del Mediterráneo, todos somos iguales. Que no somos tan diferentes. En definitiva, espero que la película forme parte de esta familia y encuentre en ella su lugar.
P.: ¿Qué historias crees que aún quedan por contar en el cine árabe contemporáneo?
R.: Queda una infinidad de historias por contar, tantas como seres humanos existen. Nunca se termina. Creo que todas las historias son posibles, en cualquier lugar. Deseo también que el cine árabe se inscriba plenamente en la historia del cine en general, que sea menos invisible y que entre a formar parte del patrimonio cinematográfico mundial.
