Adrián acaba de publicar 'Sobreviviendo en el mundo gay': una guía didáctica sobre los traumas que arrastra el colectivo gay y cómo enfrentarse a ellos
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Gracias a que, hace algunos años, empezó a hablarse mucho más de salud mental, tanto en redes sociales como en nuestra vida diaria, estamos como sociedad más acostumbrados a la terapia y a hablar abiertamente de esos problemas que antes ocultábamos por miedo a sentirnos juzgados. Desde entonces, multitud de psicólogos y terapeutas han poblado las redes para compartir sus consejos, sus advertencias y su experiencia. Entre ellos nos encontramos a Adrián Chico, psicólogo, sexólogo, terapeuta de parejas y divulgador, con más de 500.000 seguidores en sus perfiles de redes.
Desde 'Informativos Telecinco' ha aprovechado su altavoz para hablar abiertamente sobre los problemas que arrastra el colectivo LGTBIQ+ debido al continuo e histórico acoso que hemos recibido. Y su nuevo libro, 'Sobreviviendo en el mundo gay', que publica con Bruguera, incide en este tema, espinoso como pocos, pero que necesita ser contado.
"No es fácil crecer como hombre gay, rodeado de estigmas, estereotipos y sin referentes. ¿Cómo y cuándo “salir del armario”? ¿Cómo se ve una relación gay sana y feliz? ¿Cómo ligar con otros hombres? No hay un manual para descubrir quién eres, a quién amas y cómo quieres vivir en un mundo que no está construido para tu experiencia… hasta ahora". Así se resume esta nueva obra del autor, en la que explica de manera clara y bastante didáctica (acompaña cada tema con una serie de ejercicios para que el lector pueda hacer) esos traumas que arrastramos, y hace también frente a los mitos sobre el mundo gay.
Pregunta: La sociedad nos ha empujado a pensar que tener una pareja es el fin al que tenemos que aspirar. Y, además, debe de ser perfecta. Nuestro 'príncipe azul'. ¿Cómo influye esa constante necesidad de búsqueda, de sensación de encontrar siempre algo mejor, en la vida de una persona gay?
Respuesta: Creo que en el mundo gay esto se intensifica por varios factores. Por un lado, porque hemos crecido con la idea de que encontrar pareja ya es de por sí difícil debido a la falta de referentes y en muchos casos, a haber pasado varios años de nuestra vida pensando que jamás podríamos tener una vida normal o soñar con ella. Y por otro, porque muchas veces el entorno de citas se desdibuja entre aplicaciones y lugares de ambiente donde no se prioriza la conexión. Todo se basa mucho en la apariencia, en aplicaciones y en una sensación constante de que siempre puede haber alguien “mejor” a un 'swipe' de distancia. Esto pasa en la sociedad en general, pero en el mundo gay, donde no tenemos la facilidad (por seguridad) de poder pedirle a un chico el teléfono en el metro o en la calle, se nos obliga a tirar más de apps y lugares no tan seguros. Eso genera relaciones más frágiles, más comparaciones y una dificultad para construir vínculos profundos. La paradoja es que cuanto más buscamos la perfección, más nos alejamos de la intimidad real, y más soledad y frustración sentimos. Porque el amor sano no se construye encontrando a alguien perfecto, sino aprendiendo a elegir y cuidar a alguien imperfecto, sabiendo que tú también lo eres y aún con eso mereces amor.
Salir del armario es un proceso. ¿A qué te refieres con eso?
Muchas veces se piensa que salir del armario es un momento concreto: decir “soy gay” y ya está. Pero en realidad es un proceso que puede durar toda la vida, ya que vivimos en una sociedad donde la gente constantemente da por hecho nuestra heterosexualidad como norma. Primero uno tiene que reconocerse a sí mismo, luego aceptarse, luego decidir con quién compartirlo y cuándo. Y además es algo que se repite muchas veces a lo largo de la vida: en el trabajo, con nuevos amigos, con la familia política… Por todo eso hablo de proceso, porque no solo no es un evento puntual, sino que es un camino de construcción de identidad y de seguridad personal donde, tras recorrerlo, quizá cambie mucho más de ti y tu enfoque de las cosas de lo que jamás imaginaste.
Los gais nos hemos acostumbrado a aprender a mentir demasiado pronto. ¿Cómo se sale de ahí?
Muchos chicos gays empiezan a mentir muy jóvenes para protegerse, y he tenido pacientes que mentían compulsivamente por costumbre. Mienten sobre quién les gusta, sobre lo que sienten o sobre lo que hacen, sobre con quién quedan, dónde duermen, a qué discoteca salen… Y lo hacen porque sienten que decir la verdad puede traer rechazo e incluso peligro inminente para su integridad. El problema es que esa estrategia de supervivencia puede quedarse dentro durante años. Aprendemos a ocultarnos incluso cuando ya no sería necesario, por costumbre. Bajo mi punto de vista salir de ahí implica reaprender algo muy básico pero complejo: que ser auténtico no es peligroso en todos los contextos, aprendiendo a diferenciar cuáles. Y también implica rodearse de personas con las que podamos ser nosotros mismos sin miedo, de construir entorno y lugares seguros.
¿Cómo es de importante la figura de las amigas mujeres en la adolescencia cuando estamos entendiendo nuestra sexualidad e identidad?
Para muchos chicos gays, las amigas mujeres han sido un espacio de refugio y de validación. En una etapa donde el entorno masculino a veces puede ser más hostil o rígido, ellas ofrecen un lugar donde sentirse aceptado. No obstante, creo que no es suficiente con ser “el amigo gay” del grupo, es importante ser “uno más” en un grupo de iguales. Y yo noto en consulta como los gays que solo se rodean de mujeres no aprenden a socializar con gays de forma no sexualizada, no aprenden a construir hermandad ni aliados, es un tema.
También soy muy crítico con las mujeres que nos tratan como complementos, “siempre he querido tener un amigo gay”, creo que hay que conformarse menos con esta aceptación enmascarada y rodearse de personas que sí ofrezcan protección real. Dicho esto, no es casualidad que tantas amistades muy profundas entre hombres gays y mujeres nazcan en la adolescencia, y me encanta que ellas nos apoyen como los hombres hetero no lo saben hacer. Muchas veces son las primeras personas con las que podemos hablar de lo que sentimos sin sentirnos juzgados.
¿Cómo puede afectar a un adolescente del colectivo crecer sin referentes a los que agarrarse, en los que verse reflejado?
La falta de referentes tiene un impacto enorme. Si nunca ves a nadie como tú viviendo una vida plena, es muy difícil imaginar que tu futuro también puede serlo. No solo no ves luz al final del túnel, sino que cuando llegas al camino, no tienes ni idea de cómo transitarlo ni de qué manera. Es como tener un mapa que no sabes leer ni interpretar, no tienes dónde comparar. Lo peor de todo, es que llega un punto donde buscas comparación constante con parejas hetero y te frustras porque es incomparable la dinámica. Es importante no buscarreferentes completos en ellos, porque hay muchas diferencias significativas en el contexto y manera de vincularnos.
Durante muchos años, los pocos referentes que había estaban asociados al sufrimiento, al estigma o a estereotipos muy concretos. Eso genera la sensación de que tu identidad está ligada al conflicto, y necesitas distanciarte de “ser gay” por asociarlo a cosas así. Por eso muchos chicos buscan referentes en parejas hetero, y se sienten frustrados por los tiempos vitales y la dificultad para conocer gente. Por eso es tan importante la visibilidad diversa: para que un adolescente pueda pensar “yo también puedo tener una vida feliz siendo quien soy”.
En cuanto a los mayores del colectivo, ¿se les presta la atención que merecen, o vamos abandonándolos al no entrar dentro de los cánones previamente establecidos de la comunidad, en cuanto a cuerpo y estilo de vida?
Creo que existe un problema real de edadismo dentro del colectivo. Vivimos en una cultura donde el valor muchas veces se asocia con la juventud, el físico o el estilo de vida. Eso viene de la herida de validación que tenemos muchos chicos gays desde la adolescencia, que tratamos de llenar con sentirnos deseados y validados a través del sexo. Esto hace que muchas personas mayores se sientan invisibles dentro de su propia comunidad. Y es especialmente doloroso porque muchos de ellos lucharon para que hoy tengamos los derechos y la libertad que tenemos.
Creo que necesitamos reconectar con esa memoria y construir espacios intergeneracionales donde la experiencia también tenga valor. En mi caso, estoy trabajando en traer a personas mayores a mi podcast, para contar su experiencia.

Dedicas una parte importante de tu libro a hablar sobre el 'chemsex', explicando su origen, e incidiendo en los peligros que pueden derivar de esta práctica, denominándola ‘la pandemia silenciosa’. ¿Se está haciendo poco institucionalmente? Es decir, son prácticas que pueden destrozar la vida. No hablamos de prohibirlas, pero ¿debería haber más concienciación, más información y menos estigma alrededor de ellas para poder entender de dónde vienen, y cómo ayudar a las personas que se vuelven adictas?
Sí, creo que todavía se está haciendo poco frente a una pandemia que nos va a llegar a todos (por eso se llama pandemia silenciosa). Durante mucho tiempo ha habido miedo a hablar del tema por el estigma o por la dificultad de abordarlo.Pero el silencio no protege a nadie, ni mucho menos nos libra del futuro que se cierne sobre nosotros. El 'chemsex' es un fenómeno complejo donde se mezclan drogas, sexo, soledad, búsqueda de conexión y problemas emocionales, y sin un buen enfoque multidimensional y profesionales específicos, será muy difícil tratarlo correctamente. No se trata solo de prohibir o moralizar, sino de entender qué necesidades están detrás y ofrecer información, prevención y recursos terapéuticos reales para quienes están atrapados en esa dinámica.
Incluyes un capítulo sobre los mitos del mundo gay, y demuestras por qué son falsos. ¿Cuáles crees que son más dañinos y que siguen estigmatizándonos como colectivo?
Uno de los más dañinos es la idea de que los gays no quieren relaciones estables o que son incapaces de comprometerse debido a su promiscuidad. Diría ese y el de “ver películas gays” o educar a los niños en diversidad sexual los “volverá gays”. Ninguna es verdad. Lo que ocurre es que muchas veces hemos tenido menos modelos de relación sobre los que construir, como decíamos antes. Otro mito muy perjudicial es que todos los gays tienen que encajar en un mismo molde estético, social o sexual. La realidad es que el colectivo es enormemente diverso, y somos tan distintos como los heteros, mostrando variedad inconmensurable. De hecho cuando rompemos esos mitos, lo que aparece es algo mucho más interesante, personas muy distintas intentando construir su vida afectiva como pueden, cada vez, con más éxito.
¿Cómo funcionan los ejercicios que planteas al final de cada capítulo? ¿Por qué crees que son importantes?
El libro no es solo para leer, es también para trabajarlo. Por eso cada capítulo termina con ejercicios de reflexión personal, para que te sientas parte de él, para que tu proceso también cuente, para que el libro te de información sobre tu vida personal, más allá de información general. La idea es que el lector pueda aterrizar los conceptos en su propia vida: pensar en sus relaciones, en sus heridas, en sus patrones, decidiendo si necesita seguir en terapia o si todo está todo colocado e integrado. Porque entender algo a nivel intelectual es útil, pero el cambio real ocurre cuando uno se mira a sí mismo con honestidad.
‘Sobreviviendo en el mundo gay’ es un libro muy necesario para entendernos como colectivo. Pero, ¿crees que debería ser una lectura también necesaria para una persona heterosexual?
Sí, absolutamente sí. Es casi igual o más necesario que los heteros lo lean, porque muchas de estas cosas no pasarían, ni este libro sería necesario, si todos tratasen esto como el libro ayuda a tratar. Es decir, el libro en los heteros, sanaría mucho más a los gays, que el propio libro en las manos de los gays. Porque necesitamos un cambio social estructural. Por otro lado, más allá de la orientación, todos estamos intentando lo mismo: sentirnos aceptados, queridos y libres para ser quienes somos.

