Maternidad

Jenifer Yalo ha congelado sus óvulos, una técnica que ha crecido en España y que sigue siendo tabú: "No hay mucha información"

Jenifer Yelo. Cortesía
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Si hace unas décadas solo unas pocas mujeres congelaban sus óvulos, ahora se ha convertido en algo mucho más habitual. Las estadísticas de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) hablan de un “notable incremento” tanto del uso de técnicas de reproducción asistida como de congelación de ovocitos. Como apuntan en su blog, “la vitrificación de óvulos ha crecido exponencialmente en la última década, permitiendo a muchas mujeres prolongar sus opciones reproductivas”.

Los datos del ‘Registro Nacional de Actividad 2023-Registro SEF’ (es la edición más reciente de este estudio, presentada en diciembre de 2025) apuntan que en 2023 se vitrificaron 65.805 ovocitos “con la finalidad de preservar la fertilidad”. Fueron un 13% más de los registrados en el año anterior. Además, no solo se vitrifica más, sino también se descongela más. Es decir, según las estadísticas de la SEF las mujeres están empleando esos ovocitos que congelaron en el pasado: en 2023 se realizaron 1.284 transferencias embrionarias frente a las 1.124 de 2022. Sea como sea y partan de donde partan, el 10% de los nacimientos en España ya empiezan con técnicas de reproducción asistida.

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El proceso de vitrificación según Jenifer Yelo

Pero ¿cómo es el proceso? Jenifer Yelo es una de las mujeres de las que hablan los registros de la SEF. Ahora mismo no quiere ser madre, pero no quiere cerrarse a ello y lo ve como algo que podría hacer en el futuro. Para ello, ha congelado sus ovocitos.

“En principio, no tenía mucho conocimiento sobre esto”, apunta al otro lado del teléfono, pero varias cuestiones en su vida personal le llevaron a preguntarse por su fertilidad y le descubrieron esta posibilidad. El caso de una amiga a la que le costó mucho quedarse embarazada le llevó a sentir curiosidad sobre su reserva ovárica. “La ginecóloga me comentó que lo ideal era preservar los ovocitos”, señala, frente a lo que podría pasar en el futuro.

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“Me daba un poco de miedo”, confiesa, ya que sigue habiendo cierta “incertidumbre ante el tratamiento”. Luego descubrió que era rápido y seguro y se despejaron sus dudas. En la clínica, le explicaron muy bien qué iba a pasar y qué implicaba lo que iba a tener que hacer. También, suma, le señalaron la realidad del proceso: esto es, que incluso aunque tengas una reserva ovárica estupenda no todos maduran para la recolección.

Yelo cuenta le ayudó trabajar en el sector, porque hace que la información esté más accesible, aunque confiesa que saber la teoría y tomar la decisión personal es algo muy distinto. Para quienes hagan el proceso, recomienda escoger un lugar con el que se sienta cómoda. Casi es como hacer match en una app de citas. Ella trabaja en NextFertility y se sintió arropada por sus compañeros, aunque asegura que, si no hubiese trabajado allí, también hubiese sentido esa afinidad. “A una mujer que quiera hacer el proceso, le recomendaría que lo mejor es ir a un sitio donde se sienta cómoda, que te lo expliquen bien”, apunta. Y, sobre todo, estar tranquila. “Sentirse segura con el equipo y la clínica”.

¿En qué consiste el tratamiento de congelación de óvulos?

Desde el otro lado de la camilla, apuntan que el proceso implica un par de semanas. “Tiene una duración media de 10 a 12 días. Depende de la reserva ovárica de la paciente y de la respuesta al tratamiento de estimulación”, explica a la web de 'Informativos Telecinco' el doctor José María Rubio, director médico de Next Fertility para España y Portugal. En ese período se deben hacer unos "3 controles ecográficos para controlar el crecimiento y desarrollo de los folículos ováricos". La punción se programa para cuando llegan a los 16 a 18 milímetros.

Se realiza una estimulación ovárica con gonadotrofinas para lograr el mayor número de folículos y, así, de ovocitos. “Normalmente, a partir del segundo o tercer día de la menstruación, tras una ecografía basal donde se observa que todos los folículos son menores de 10 mm, se administra una medicación, de forma subcutánea”, señala el experto. El proceso anestésico para la extracción dura unos 15 a 20 minutos, ya que, explica, se necesita estar lo más en reposo posible y no moverse. Es un proceso seguro, porque está “enormemente controlado”. "Cualquier proceso donde realizas una punción ovárica puede tener riesgos de hemorragia e incluso de infección", explica el experto, señalando que se toman medidas para reducirlos.

Falta de información

Da la sensación de que internet está lleno de información sobre este proceso, pero Yelo puntualiza esto. “No hay mucha información”, apunta, y confiesa que lo que se puede encontrar está en ocasiones sesgado, es disperso y que ciertos matices no te los planteas hasta que te conviertes en paciente. Lo que falta es, indica, que se hable de esto de forma natural, como se haba de tantas otras cosas. Yelo cree que sería interesante normalizarlo, porque esto haría que se conociese mejor (en realidad, explica, lo mejor es el proceso antes de los 33 años) y se evitaría el tabú.

Porque, a pesar de todo, las cuestiones de fertilidad siguen siendo temas tabúes, de los que no se habla tanto y en los que, en general, no se piensa mucho. “Bajo mi experiencia, y por respecto al hombre, les da un poco de inseguridad que no puedan ser fértiles”, explica. Ellos, de hecho, ni se lo plantean, cuando en realidad los problemas de fertilidad no conocen de género. Para las mujeres, Yelo cree que quizás pesa todavía una cierta vergüenza sobre este tema. “Hay mucho tabú en general con muchas cosas”, indica, “pero ves que es normal, que puedes hablar de este tema”.

Quizás, este crecimiento del que hablan las estadísticas lleve a que sea un tema normalizado. Quizás, lo haga que haya entrado en la cultura popular. En la reciente ‘El diablo viste de Prada 2’ uno de los personajes habla con total normalidad de sus óvulos congelados. Hasta les ha puesto nombre, Esther y Siobhan.

Aunque ¿es este boom de la vitrificación en realidad una presión más por hacer que las mujeres sean madres? “No lo veo así”, responde Yelo, que defiende que es libertad para tomar la decisión, “libre para ser o no madre”.

Eso sí, el proceso tiene un coste. La horquilla del mercado en la sanidad privada (la Seguridad Social solo lo cubre en ciertos casos médicos) se mueve entre los 2.000 y los 5.000 euros, según a quien se pregunte y qué incluya esa tarifa. Rubio aporta sus tarifas a modo de ejemplo, de 2.090 euros por un “programa integral de preservación de la fertilidad”.