Nora Andreu, sobreviviente a varios intentos de suicidio: "A mi yo de 19 años le diría todo lo que se hubiera perdido"

Nora, sobreviviente a varios intento de suicidio y superviviente al suicidio de su madre, nos cuenta su historia en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio
El renacer de Esther: "Aún hay muchísimo tabú sobre el suicidio. Soy la prueba de que se puede salir y ver la luz"
"Ojalá pudiera darte un fuerte abrazo, decirte que las cosas van a cambiar y que me alegro de que tu intento de suicidio se haya quedado en eso. Que te hayan encontrado y no hayas muerto. No sabes la de cosas que te habrías perdido; que me habría perdido", le dice Nora Andreu a su 'pequeña' yo.
Con 16 años tuvo su primer intento de suicidio y a los 19 le siguieron varios más, pero consiguió agarrase a algo que le devolvió las ganas de seguir viviendo: encontrar una red de apoyo y estudiar la carrera de sus sueños; Psicología.
Hoy, a sus 48 años, asegura que se puede pasar de "sobrevivir a vivir" y da gracias de poder estar disfrutando de una segunda oportunidad, en la que ha podido tener "dos hijas preciosas".
Ha contado su historia a la web de 'Informativos Telecinco' con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se celebra cada 10 de septiembre, por "todos aquellos que están sufriendo en silencio", como a ella le ocurrió. También compartió su testimonio en el quinto encuentro de la Asociación Papageno, que trabaja en la prevención y la posvención del suicidio.
"Yo estuve ocultándolo durante 26 años", detalla. No fue hasta hace tres años que decidió 'salir del armario' y dar voz a esta problemática por la que cada día fallecen 11 personas en España. En 2024 se suicidaron 3.953 personas en nuestro país, más del doble que las víctimas mortales de tráfico en ese mismo año.
No estás solo/a. Si necesitas apoyo emocional por ideación suicida, llama al 024. En caso de emergencia contacta con el 112.
De sobrevivir a vivir
No todas las personas que mueren por suicidio o que lo intentan tienen un problema de salud mental; a menudo, lo que prevalece es el sufrimiento emocional, situaciones de vulnerabilidad y la desesperanza. Y no es atribuible a una única causa, sino que es multifactorial.
En el caso de Nora, ella misma explica que "estaba expuesta a muchos factores de riesgo": había pasado por una dura separación de sus padres a los 12 años, el vínculo con él estaba deteriorado, a los 14 su madre sufrió un ictus que le ocasionó un estado vegetativo y ella tuvo que mudarse durante más de un año con su tía y primas -quienes se convirtieron en una segunda madre y hermanas-, separándose así de su hermano, que se fue a vivir con sus abuelos.
"Cuando mi madre salió del hospital era totalmente dependiente. No hablaba. Le enseñamos a comunicarnos diciéndole el abecedario y ella iba pestañeando con cada letra. Ni comía por sí misma, vino con una sonda esofágica; ni controlaba la orina. Tampoco podía andar. Hubo que acondicionar la habitación, que también se convirtió en la mía, y pasé a ser su cuidadora. Recuerdo que cuando salía de fiesta tenía normalizado volver en medio de la noche un par de veces para que fuera al baño y acostarla", narra.
"Los recuerdos de mi adolescencia son en blanco y negro, y a partir de entrar en la universidad apareció el color. Fue lo mejor que me pudo pasar"
Durante mucho tiempo Nora se sintió sola e invisible. Nunca nadie le preguntó cómo estaba, o al menos ella no lo recuerda. "Con 16 años tuve mi primer intento de suicidio y estuve parte de las navidades ingresada. Luego, tras el alta, estuve yendo a consulta de psiquiatría. Supuestamente nadie se enteró de aquello", cuenta.
En la escuela, empezó a bajar el rendimiento y repitió dos cursos, los que ahora corresponden con 4ºESO y 2º de Bachillerato. Por entonces, su madre había mejorado, "ya se comunicaba, podía hablar con ella, y comía", aunque seguía siendo muy dependiente y "nunca llegó a andar". "Al principio, las noches eran el peor momento, me las pasaba llorando y me quedaba dormida del propio cansancio. Sin embargo, con el tiempo el día fue tan oscuro como las noches. Se trataba de intentar sobrevivir".
Era agosto, había conseguido sacarse 2º de Bachiller en un instituto nocturno y plaza para cursar la carrera de psicología, su sueño, pero "tenía mucho miedo de no conseguir sacarla" y su grupo de amigas se había roto. Por entonces tenía 19 años y tuvo otro intento de suicidio. "Gracias a la voz de alarma de una amiga y de la pareja de mi tía, me salvaron los bomberos, la policía y los sanitarios", recuerda.

Nora estuvo en la UCI durante varios días en coma inducido y después la ingresaron en psiquiatría. Sus recuerdos sobre estas semanas están muy nublados y los pocos que guarda no fueron positivos. "Recuerdo que cuando me desperté del coma inducido nadie me explicó qué hacía allí, qué me había ocurrido. Solo me respondían: 'Ya lo entenderás todo'". Durante el tiempo que estuvo en el hospital se sintió "sola, incomprendida y deshumanizada". "Sentía que me trababan como si por el hecho de que me hubiera intentado suicidar no tuviera ni voz ni voto".
"Salí del ingreso con un montón de medicación y mi familia intentó encontrar la mejor psicóloga que ellos consideraron, pero no me ayudó. Nos pasábamos la hora en silencio. Y tuve algún intento más", expresa.
Encontrar una red de apoyo, su salvavidas
Nora comenzó la universidad, con el apoyo de su madre -"la única que creía en mí"-, para estudiar la carrera de Psicología. Asegura que le salvó conocer a un grupo de amigas que hoy en día siguen estando en su vida y sentir que era válida para algo. "Los recuerdos de mi adolescencia son en blanco y negro y, a partir de entrar en la universidad, apareció el color. Fue lo mejor que me pudo pasar". Comenzó a aprobar, e "incluso a sacar sobresalientes".

"Cuando llegaba a casa la cosa seguía igual. En mi familia mi suicidio se convirtió en un tema tabú y si lo comentaban se referían a ello como 'aquello que te pasó' o 'aquello que hiciste', pero nunca se nombraba la palabra suicidio ni tentativa de suicidio", rememora. Sin embargo, "encontrar a mis amigas lo cambió todo". "Empecé a tener algo que me ataba a la vida. Siguieron apareciendo otro tipo de problemas, pero ya no pensaba en el suicido como una solución. Ni siquiera cuando falleció mi madre".
Ahora, cuando ve a sus hijas piensa en todo lo que se habría perdido. "Conseguí comenzar a vivir la vida en lugar de sobrevivir", dice emocionada durante la entrevista.
Cuando el puzle comienza a encajar
Nora tenía claro que quería ser una psicóloga diferente a aquellas que se había encontrado en su camino y quiso especializarse en prevención del suicidio, lo que además de ayudar a otras personas le ayudó a entender más a fondo su historia.
"Entonces pude poner nombre a la muerte de mi madre. Siempre decía que mi madre se había dejado morir en vida y durante el máster supe que eso se trataba de un suicidio silencioso. Se dejó ir". Entendió que además de ser sobreviviente a varios intentos de suicidio, es superviviente -persona que ha perdido a un ser querido por esta causa-".
"Encontrar a mis amigas lo cambió todo. Empecé a tener algo que me ataba a la vida. Siguieron apareciendo otro tipo de problemas, pero ya no pensaba en el suicido como una solución. Ni siquiera cuando falleció mi madre"
Durante su formación también comprendió la importancia de que se hable sobre el suicidio, sin embargo, ella llevaba 26 años callada, "en parte por miedo a las represalias de otros profesionales ante el prejuicio de que cómo una persona que intentó suicidarse va a poder tratar psicológicamente a otras personas".
Hace tres años que lo expuso por primera vez "para ayudar a cualquiera que pueda estar pasando por algo similar". Durante este tiempo, "hay quien se ha decidido apartar, pero otros muchos me dan las gracias".
Nora psicóloga
En su consulta ayuda a otros pacientes para poder darle el sostén que ella no tuvo. Cuenta que cada vez hay más profesionales formados, aunque a veces se frustra porque considera que todavía falta mucho por hacer a nivel asistencial. "Existen protocolos, pero no sé qué hacen con ellos. El Plan de Acción para la Prevención del Suicidio no sé dónde está llegando, pero cuando hablo con mis pacientes y otros colegas veo que hay muchas carencias. Recuerdo la frase de un paciente que me decía: 'Nosotros tenemos la pistola y en urgencias nos dan las balas'".
"Como profesional intento validarlos (el sentimiento, no la conducta), escucharlos, darles ese espacio que muchas veces no tienen o que nunca han tenido, porque sea la primera vez que consiguen hablarlo con alguien. En definitiva, ayudarles a que puedan buscar otras alternativas, a que se den otra oportunidad", explica.
También aprovecha para desmontar mitos asociados al suicido, que "son inciertos y causan bastante daño porque invalida el dolor de la persona", como que "el suicidio es una llamada de atención, que el que lo cuenta realmente no lo quiere hacer o que quien lo ha intentado varias veces verdaderamente no se quiere suicidar".
Hay personas dispuestas a ayudarte, como la asociación Papageno que cuenta con grupos de apoyo
En cuanto a qué herramientas se deberían implementar más urgentemente, Nora comenta que "los protocolos que hay serían válidos si realmente se pusieran en marcha". " A una persona que llega a urgencias por una tentativa o por ideación deberían hacerle un seguimiento bastante más estrecho del que veo por mis pacientes que se realiza actualmente".
Igualmente, abordar "el suicidio en los adolescentes con ellos"." Se hacen cosas para ellos, pero no tanto con ellos. Hay que hablar en las aulas de esto, unido de un seguimiento. También en casa. No siempre hay señales de alarma y muchas veces no sabemos qué está ocurriendo detrás de la puerta de la habitación. Aunque sé lo difícil que es, yo a mis hijas de 13 y 16 años todavía no se lo he dicho", subraya.
Si conoces a alguien que pueda necesitar apoyo, Nora recomienda "escucharlos y ofrecerle recursos". "Hay veces que quien está pasando por este profundo dolor no expresa claramente que tiene ideación suicida. Si lo sospechas, puedes preguntarle si está pensando en la muerte como una alternativa. Para la persona suele ser un alivio poder hablar abiertamente de ello". A quienes acompañan a alguien con ideación suicida, también les aconseja cuidar su propia salud mental.
"Sé que es difícil pedir ayuda, pero te diría que intentes echar mano de los recursos disponibles, hay personas dispuestas a ayudarte. Se puede salir de esto", concluye Nora.
