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Meteorología

La borrasca Joseph congela los termómetros pero no hay ola de frío: ¿habrá tres años consecutivos sin este fenómeno?

Ola de frío en España
Descenso de las olas de frío en España. E.P / Archivo
  • El fenómeno de la 'ola de frío' se produce contando con ciertos requisitos relacionados con la duración, intensidad y extensión territorial

  • En los últimos 50 años, estos episodios se han vuelto cada vez menos frecuentes en la península

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El año 2026 ha arrancado con un episodio de bajas temperaturas que tanto medios como usuarios en redes sociales han calificado de “ola de frío”, sin embargo, aunque los termómetros registraron durante algunos días temperaturas inferiores al promedio normal de la época del año, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) no lo ha considerado a priori que esto se registre como una ola de frío

Para la entidad, este fenómeno solo se produce cuando se encadenan al menos tres días consecutivos en los que, como mínimo, el 10 % de las estaciones registran temperaturas mínimas por debajo del percentil 5 % de su serie histórica de enero y febrero (1971-2000).

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Nueve olas de frío en la última década

Atendiendo a estos datos y dicho de otro modo, una ola de frío no es solo “mucho frío”, sino un evento técnico con criterios bien definidos de duración, intensidad y extensión territorial.

Esta definición no es universal, ya que Organización Meteorológica Mundial (OMM) describe una ola de frío como el resultado de la invasión de una masa de aire muy fría que se extiende sobre un amplio territorio, mientras que países como Estados Unidos o China aplican criterios distintos para identificar el mismo fenómeno.

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Sea cual sea la definición, lo cierto es que las olas de frío en España han sufrido un descenso en las últimas décadas. Un análisis de Meteoclimática, basado en datos de Aemet, muestra que en los últimos 50 años estos episodios se han vuelto cada vez menos frecuentes en la península.

De media, en el periodo 1976-2025, la duración de las olas de frío en España se redujo a un ritmo de 1,2 días por década. De hecho, este podría ser el tercer invierno consecutivo sin ninguna ola de frío oficial, frente a una década seguida de olas de calor.

En la última década, se han contabilizado nueve olas de frío, mientras que para el periodo 2006-2015 se registraron 14. El dato para los episodios de temperaturas extremas es aún más marcado: si bien entre 2006 y 2015 se produjeron 13 olas de calor en la península, la cifra para la última década se ha disparado a 30, más del doble.

Principales resultados del análisis

Las olas de frío son más frecuentes en el este y noreste peninsular.  Huesca y Tarragona son las provincias con más episodios fríos de la serie histórica, con 46 y 41 eventos, respectivamente. Aunque no se trate de las provincias donde hace habitualmente más frío en la península, están expuestas a la entrada de masas de aire continentales que originan este tipo de eventos.

Entre 1976 y 2025 se observa una disminución en la intensidad de las olas de frío. De media, en ese periodo en España, la duración de olas de frío se redujo a un ritmo de 1,2 días por década.

En paralelo al descenso de olas de frío, se está produciendo un incremento de la intensidad y duración de las olas de calor: han estado presentes en el territorio peninsular todos los años desde 2015.

Para el periodo 2021-2050, habrá unos diez días anuales de olas de frío, la mitad menos que si lo comparamos con el periodo 1971-2000, cuando se registraban unas 20,7 anuales. Las zonas más afectadas serán el sur de los Pirineos, la mitad sur de la costa mediterránea y Baleares.

La última década, la menos fría

En los últimos dos inviernos no se registró ninguna ola de frío. El de 2024-2025 sí tuvo días de frío intenso, con mínimas de hasta -11,2 °C en Molina de Aragón (Guadalajara), pero ni la intensidad, ni la duración, ni la extensión alcanzaron para convertirse en ola de frío.

La última ola de frío en la península tuvo lugar entre el 28 de febrero y el 2 de marzo de 2023, afectando a 13 provincias y con una anomalía de -1,2 °C. Antes de ese, el episodio más importante desde que hay registros ocurrió entre el 8 y 18 de febrero de 1983, con mínimas de -6,6 ºC, una anomalía de -4,8 °C y afectando a 44 provincias.

Si se analizan las olas de frío por provincias, después de Huesca y Tarragona encabezan el ranking de territorios con más episodios de frío extremo en los últimos 50 años, con 46 y 41 eventos respectivamente, les siguen León (40) y Guadalajara (39), donde se sitúa Molina de Aragón, uno de los enclaves del conocido Triángulo del Frío, junto con Teruel y Calamocha.

En el extremo opuesto se encuentran Pontevedra, Vizcaya, Lugo y A Coruña, que registran menos de 20 episodios en medio siglo, una diferencia que se explica en gran medida por la influencia de un clima más templado.

Un estudio de la revista 'Atmospheric Research', señala que las olas de frío en España responden a un patrón geográfico bien definido. El estudio concluye que estos episodios son más frecuentes y severos en el este y noreste de la península, debido a la presencia de depresiones que facilitan la entrada de aire frío procedente del norte de Europa. Por el contrario, el oeste peninsular, más expuesto a la influencia del Atlántico y sin grandes barreras orográficas, registra un menor número de olas de frío.

El mismo trabajo muestra además una tendencia a la disminución de la intensidad de estos episodios entre 1971 y 2000, especialmente en Baleares, el valle del Ebro, el suroeste peninsular y las zonas montañosas. La Cordillera Cantábrica, los Montes de León y los Pirineos destacan como las áreas donde más se ha suavizado la severidad del frío extremo.

Olas de frío vs olas de calor

Estos datos están estrechamente ligados a la evolución reciente de las temperaturas invernales en España, ya que los últimos siete inviernos en la península han sido más cálidos de lo normal, con temperaturas medias superiores a las del periodo de referencia.

Aparte de la evolución en la frecuencia y distribución de las olas de frío, también es interesante analizar cómo han evolucionado las olas de frío si se comparan con las olas de calor en los últimos cincuenta años.

Gráfico olas de calor frente a olas de frío

Si se observa el gráfico, se puede ver que, hasta hace aproximadamente una década, el patrón que seguían tanto las olas de frío como las de calor era similar. Había años en los que se registraba un número de días de episodios fríos sin precedentes, como el invierno de 1980, en el que hubo 31 días de invierno dentro de una ola de frío, pero se trataba de algo puntual.

Sin embargo, las olas de calor en la última década parecen generalizarse, mientras disminuyen las de frío en toda la península. Por el contrario, ha habido olas de calor de forma consecutiva desde 2015. En ocho de los diez años se superaron los 15 días en esta situación. Las únicas excepciones fueron 2018, con ocho y 2021, con nueve. El máximo se lo lleva 2022, con 41.

Un artículo publicado en 2022 en la revista 'Weather and Climate Extremes' indica que, mientras que entre 1940 y 1980, en el 78 % de los años la intensidad de las olas de frío supera a las de calor, en el periodo comprendido entre 1981 y 2014 la tendencia se invirtió: las olas de calor fueron más intensas en el 56 % de los casos.

El papel de Filomena en el cambio climático

Tal y como indica la Aemet, durante el invierno 2020-2021 se registraron dos olas de frío. La primera duró apenas cuatro días y ni su duración, ni su extensión, ni su intensidad salieron de los límites normales para un fenómeno de estas características. De hecho, la propia agencia confirmó que ninguna estación superó la mínima histórica para el mes de enero.

A pesar de ello, las bajas temperaturas en superficie, combinadas con el aire cálido y húmedo de la borrasca Filomena, favorecieron precipitaciones en forma de nieve que afectaron a gran parte del territorio español.

Poco después llegó la segunda ola, algo más larga y con cielos despejados, alimentada por la nieve acumulada en el suelo. Entre el 11 y el 18 de enero de 2021, se registró una anomalía de temperatura de -4,1 °C, con una mínima de la ola de -7,6 ºC. Por su duración, este episodio se sitúa como el quinto más largo, y cuarto en términos de mínima registrada.

Según un artículo publicado en la revista 'Communications Earth & Environment', el cambio climático no afecta a la frecuencia de este tipo de fenómenos, pero sí influye en su intensidad. Esto significa que una borrasca de estas características, combinada con bajas temperaturas en superficie, puede tener efectos diferentes según la zona de la península, como consecuencia del cambio climático:

Norte y zonas de montaña

Las nevadas pueden ser más intensas en episodios como Filomena. Las temperaturas seguirán siendo lo suficientemente bajas para que la precipitación caiga en forma de nieve, mientras que el aire más cálido y húmedo refuerza el fenómeno.

Zonas elevadas del centro peninsular

Los niveles de nieve pueden mantenerse similares a los del pasado si la temperatura se mantiene cerca del umbral de congelación; un pequeño aumento podría reducir la duración de la nieve.

Zonas de transición, como Madrid

Las nevadas siguen siendo posibles, pero cada vez menos frecuentes. Un ligero aumento de la temperatura durante el episodio podría transformar la nieve en agua rápidamente.

Sur y sureste peninsular

Las nevadas son cada vez más raras, debido a temperaturas más altas y precipitaciones predominantemente líquidas.